José Martí: independencia, memoria e historia

POETA y REVOLUCIONARIO, José Julián Martí Pérez, conocido como José Martí, nació en 1853, en La Habana, Cuba. De padre valenciano y madre canaria, vivió parte de su infancia en Valencia, España, en una familia de medianos ingresos. Posteriormente, volvió a La Habana, donde tomó clases de dibujo y pintura desde los primeros años. En 1865, ingresó en la Escuela Superior Municipal de Varones, donde conoció a quien sería su mentor de vida, el poeta Rafael María de Mendive. Rafael, quien era director de dicha escuela, vio en José Martí cualidades intelectuales desde el inicio, tanto fue así que se comprometió a pagar su educación hasta el bachillerato. Mendive, encarcelado por prestar su casa como “centro de reuniones patrióticas”, también fue un impulso para Martí en cuestiones revolucionarias. Al salir de la cárcel, el poeta Rafael fue exiliado a España, de ahí viajó a Nueva York donde empezó a apoyar la causa independentista de Cuba.
En respuesta a este ímpetu revolucionario de su mentor, Martí publicó primero la gacetilla El Diablo Cojuelo, y después fundó la revista La patria libre, donde abiertamente dio paso a su labor revolucionaria. En ella publicó su poema “Abdala”, en el que exaltaba la hazaña del joven Abdala, quien libera a su pueblo Nubia de los conquistadores que recién llegaban. Al final, Abdala muere, victorioso: “En Nubia nacidos, por la Nubia/ morir sabremos: hijos de la patria”. Como se observa, el poema de Martí adopta una ideología de independencia, de amor a la patria libre, y de denuncia al conquistador, al saqueador: “¡Y el opresor se humillará ante el libre!”, “Del tirano/(…)¡La sangre corra(…)/y sea su sangre fuego a nuestra audacia!”. Esta ideología, a la cual sería fiel hasta el final de sus días, y que acusa al opresor y enaltece el poder del pueblo, es el conjunto de ideas que ocupa al joven Martí. La lucha de clases se hace presente desde entonces, pero con otro nombre: la colonización.
Como poeta tiene tres obras, Ismaelillo (1882), Versos libres (1882) y Versos sencillos (1891). Es considerado por muchos el iniciador del Modernismo en Latinoamérica, y por otros, en una polémica innecesaria, como un simple precursor de ese movimiento junto al poeta mexicano Manuel Gutiérrez Nájera. El Modernismo, según el poeta nicaragüense Rubén Darío, es “un movimiento de libertad” desatado de las leyes del arte en decadencia.
José Martí fue encarcelado a temprana edad, a los 17 años, acusado de pertenecer a grupos independentistas y sentenciado por seis años. Sin embargo, gracias a sus condiciones de salud logró salir de la cárcel, aunque fue deportado a España. Ahí estudió las carreras de Derecho y Filosofía y Letras, en la Universidad de Zaragoza. Lejos de su patria, siguió preocupándose por su país, que aún era una colonia española. En su exilio, pasó un breve tiempo en París, en Nueva York y, durante 1875, en México, uno de los destinos que más marcaron su vida, pues fue donde conoció a su esposa Carmen Zayas-Bazán, también cubana.
En 1878 Martí regresó a La Habana, donde el ímpetu independentista le recorría todo el cuerpo. Al ser uno de los fundadores del Club Central Revolucionario, es elegido vicepresidente del mismo. En 1879, se produce un pequeño levantamiento en Santiago de Cuba, la llamada “Guerra Chiquita”, en el que es involucrado intelectualmente José Martí, por lo que es nuevamente deportado a España. Junto con su familia, Carmen y su hijo Francisco, residen casi una década en Nueva York, en donde no deja de publicar textos de índole revolucionaria, ganándose un renombre en toda América Latina. En Nueva York trabajó como editor y traductor para la editorial Appleton, a la par que publicó artículos en periódicos de distintos países: La Opinión Nacional, de Venezuela; La Nación, de Argentina, y El Partido Liberal, de México.
En 1892, fundó y redactó las bases y el estatuto del Partido Revolucionario Cubano, y el periódico Patria, su órgano oficial. Hacia 1893 y 1894, comenzó la planificación de la insurrección cubana con el Plan de la Fernandina, el cual pretendía eliminar a los colonizadores sin afectar demasiado a los ciudadanos cubanos con esta guerra. El Plan de la Fernandina fue descubierto, pero Martí no se quedó atrás. En 1895, junto a Antonio Maceo y Máximo Gómez, firmó el Manifiesto Montecristi, en República Dominicana, en el cual se expresaba la necesidad de la independencia de Cuba del Imperio español. Martí tuvo el apoyo del ejército puertorriqueño y el estadounidense, el cual traicionaría después, como es costumbre, al pueblo caribeño, ejerciendo una ocupación sobre la Cuba recién liberada. En este mismo año, Martí ordenó el levantamiento conocido como “El Grito de Baire”: 35 localidades de Cuba se levantaron en busca de la independencia. El cometido de lo que Martí llamó la “Guerra Necesaria” se logró en 1898 cuando el mando español se rindió.
En este mismo año de 1895, Martí fue lo que el mismo Abdala: un héroe liberador de su pueblo caído en combate. Alcanzado por tres balas españolas, Martí cayó muerto.
En su poema “Yo soy un hombre sincero” escribe: “Yo he visto en la noche/llover sobre mi cabeza/los rayos de lumbre pura,/de divina belleza”. Este hombre fue Martí, el revolucionario que no es ajeno a la “divina belleza” de las cosas, algo cercano a lo que llamamos poesía. “Oculto en mi pecho bravo/la pena que me lo hiere:/el hijo de un pueblo esclavo/vive por él, calla y muere”. Este hijo se dice Martí, se dice Fidel Castro, se dice Camilo Cienfuegos, se dice Celia Sánchez, se dice Che Guevara, se dice Haydee Santamaría: aquellos quienes dieron la vida por el pueblo cubano.
Martí nos deja la lección de que la intelectualidad no debe estar por encima de la praxis política, pues como si se tratara de un mito religioso, “El apóstol de la Independencia de Cuba” fue aquel poeta que organizó la liberación de un pueblo.

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