¡La Glorieta de las y los desaparecidos es nuestra!

13 años de búsqueda

LAS MÁS DE 100 MIL PERSONAS desaparecidas reconocidas por el Registro Nacional de Personas Desaparecidas (RNPD) en México evidencian una crisis nacional, en la cual es necesario seguir luchando contra la indiferencia de los diferentes niveles de gobierno, pues el Estado le ha apostado a administrar nuestro dolor y cansancio, a desgastarnos sin hacer nada para tener de regreso a nuestros seres queridos. La principal labor de los gobernantes es ser cuidadores de su pueblo, proteger y garantizar los derechos fundamentales de las personas y, entre ellos, el más importante: la vida. El Estado mexicano nos ha fallado al permitir que al día de hoy, la cifra de desaparecidos siga aumentando. Todavía más cruel que más de 52 mil cuerpos sin identificar se encuentren resguardados en los Servicios Médicos Forenses (Semefos), sin que se haga un esfuerzo por llevar a cabo la identificación.
Los desaparecidos en México tienen nombre y apellido, tienen seres queridos que los siguen buscando a pesar del paso de los años y la indiferencia del gobierno. Como es el caso de mi esposo, Heber Eusebio Reveles Ramos, desaparecido el 11 de mayo de 2009 en el municipio de Francisco I. Madero, Coahuila. Me despedí de mi “viejis”, como le llamaba de cariño, el día 6 de mayo de 2009, cuando salía de viaje por cuestiones de trabajo a los estados de Durango y Coahuila, acompañado de Víctor Adrián Rodríguez Moreno y de José María Placarte. Arribaron al estado de Durango y partieron rumbo al Ejido 6 de Octubre, municipio de Francisco I. Madero, Coahuila, donde pasaron a recoger una camioneta en la cual se trasladarían de regreso a la ciudad de Tijuana. Siendo aproximadamente la 1 am del 11 de mayo, se encontraban en una gasolinera ubicada en el Ejido 6 de Octubre. De acuerdo con las investigaciones, sabemos que la policía municipal los detuvo sin motivo alguno, los sometió y posteriormente los entregó a un grupo delictivo.
Mis hijos eran pequeños y a raíz de la desaparición, tuve que tomar las riendas de mi familia para sacarlos adelante y comenzar con la búsqueda de Heber. Al enfrentar esta situación, no sólo hicimos frente al dolor, al terror y la incertidumbre de no saber el paradero y condición de Heber, también afrontamos la realidad de abandonar nuestras vidas como las conocíamos para iniciar la exigencia de su presentación con vida, perdiendo nuestro patrimonio familiar y siendo desplazados en la búsqueda de un lugar donde pudiéramos estar seguros.
Enfrentar la desaparición forzada de un familiar es enfrentar sueños y metas inconclusos, momentos de desesperación, necesidad, carencias de todo tipo y lo más inhumano: un Estado que en lugar de protegernos, desaparece, calla, permite la impunidad y la revictimización al limitarse a hacer búsquedas de escritorio cuando lo que exigimos y esperamos es la búsqueda en campo y en vida.
Pertenezco al colectivo Fuerzas Unidas por nuestros Desaparecidos en Coahuila y México (FUNDECM), estamos asesorados por la organización de Derechos Humanos Fray Juan de Larios que nos ha acompañado en estos ya 13 años de búsqueda incansable. El 11 de mayo de este año se acaban de cumplir 13 años y no sólo duele la ausencia de Heber, sino el no poder celebrar nuestro aniversario de bodas que es el mismo día de su desaparición. A 13 años de la desaparición de Heber, Adrián y Plancarte, la Fiscalía de Personas Desaparecidas del Estado de Coahuila y la Fiscalía General de la República son las principales deudoras ante nuestras familias y ante el pueblo mexicano.
El Comité Contra las Desapariciones Forzadas de la ONU (CED por sus siglas en inglés) ha emitido recomendaciones sobre este caso en particular, las cuales el Estado mexicano debe acatar por ser Estado parte de la Convención Internacional para la Protección de Todas las Personas Contra las Desapariciones Forzadas, sin embargo, ha hecho caso omiso. Exigimos al Estado mexicano que atienda con urgencia esta grave crisis y se ponga en marcha una política pública de búsqueda en vida y de identificación.
Seguimos impulsando la resolución del caso a nivel estatal y federal, con la furia de encontrarnos con trabas y con la falta de cooperación entre las dependencias, las cuales trabajan con la misma información que las familias proporcionamos desde el inicio de esta tragedia. Es frustrante revisar tantos tomos de información y darnos cuenta que las autoridades no se enfocan en una búsqueda real, seguimos acudiendo a revisiones de expedientes para mantener activo el caso y exigir resultados objetivos de las investigaciones.
El pasado 10 de mayo, en el marco de la undécima Marcha de la Dignidad Nacional, familiares de personas desaparecidas, nos presentamos ante la Fiscalía General de la República para solicitar un plan de trabajo y colaboración con la Fiscalía Especializada en Materia de Delincuencia Organizada (FEMDO), pues el expediente del caso de mi esposo y el de otras víctimas, al encontrarse en la FEMDO, se aborda como si se tratara de un secuestro y no un caso de desaparición forzada.
Durante las actividades del 10 de mayo, tomamos la Glorieta de la Palma de Insurgentes para exigir que se nombre como La Glorieta de las y los desaparecidos para que sea un espacio de denuncia para todas y todos quienes vivimos la desaparición en carne propia. La tomamos y no dejaremos que nos la quiten, así como tomamos en Coahuila varios espacios para visibilizar este crimen de lesa humanidad, como el Árbol de la Esperanza en la Alameda de Torreón y el Árbol de la Esperanza y el Amor en Saltillo.
El Estado mexicano sigue siendo cómplice al permitir que siga habiendo desapariciones, al permitir que esta tragedia humanitaria siga envolviendo a todo el país y al reprimir la protesta de los familiares de los detenidos-desaparecidos.

Contacto:
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