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Plan Michoacán: balance a dos meses. ¿Otro fracaso?

Plan Michoacán

¿Se acuerda de Carlos Manzo? Era alcalde de Uruapán, en noviembre lo asesinaron, era “el del sombrero”. En su momento fue una gran noticia y sobre todo quiso explotarla la derecha carroñera, hubo marchas espontáneas, confusión, mucho manoseo mediático y mil y una opiniones. Hasta parecía que algo grande iba a pasar en Michoacán. La respuesta del gobierno federal, por un lado, fue dejar en el cargo a su esposa, Grecia Quiroz (como si se tratase de una monarquía). Por otro lado y más importante, presentó el Plan Michoacán (pm) por la Paz y la Justicia. Para “legitimarlo”, en escasos días realizó una consulta exprés con diferentes sectores del pueblo Michoacano. Su Plan presumía ser “integral”, con 12 ejes, pero destacando la militarización como pieza fuerte. ¿Y cómo va toda esta cuestión?

Como avance en la “pacificación” a través del pm, algunos medios reportaban al 30 de diciembre la detención de 278 personas y un montón de cifras de cartuchos, armas, vehículos, 766 kg. de metanfetamina, etc. Otros diarios dijeron que detuvieron hasta a 900 criminales y 23 toneladas de droga. También hubo encabezados que señalaban como parte del mismo pm que “activaron el deporte”, que “aseguraron acceso al agua potable”, “respaldaron al campo”, etc. Incluso se reunió el gobernador Bedolla con Sheinbaum para una primera evaluación.

Plan Michoacán gran escepticismo

Desde un inicio, el PM generó gran escepticismo. Y es que desde hace 20 años cada presidente ha presentado un plan especial para solucionar los graves problemas en Michoacán. Ninguno ha pacificado el estado ni traído justicia. Calderón inauguró ahí la “guerra contra el narco” y la militarización; como resultado, la criminalidad se institucionalizó hasta el nivel más alto, con Fausto Vallejo asumiendo la gubernatura del estado en 2012. Peña Nieto mandó al “virrey” Alfredo Castillo para desmantelar a los autodefensas, lo cual logró: una parte de ellos se institucionalizó como Fuerza Rural y otra se sumó al crimen organizado. López Obrador viró con el enfoque de los “abrazos” y atención a las causas, claro, sin desmilitarizar; el efecto fue que hasta 17 grupos criminales se disputaban la región y se dispararon las cifras de homicidios dolosos. Es natural, entonces, leer el pm de Harfuch como una reedición o actualización de sus antecesores.

A pocos días de iniciado el pm, el verdadero pueblo michoacano desde sus comunidades, muchas de ellas indígenas, denunció omisiones importantes. Por ejemplo, manifestaron que en la consulta exprés sólo se escucharon a 48 de 500 comunidades originarias, con exiguos dos minutos de participación para cada una. Que de entre las propuestas que sí se hicieron llegar al federal, ninguna fue retomada en el plan final: comisiones de verdad y justicia para desaparecidos, asesinados y encarcelados, así como para los más de 70 casos de defensores reprimidos y criminalizados, reconocimiento de jueces tradicionales, incremento a los fondos de seguridad, facilidad para el acceso de armamento y equipamiento, bases de operaciones interinstitucionales. Denunciaron también, en una nota de noviembre en  La Jornada, que en el pasado reciente hay 35 desaparecidos y 33 asesinados, entre los que se encuentra una joven comunera ejecutada el 21 de noviembre en un ataque a la comunidad purépecha de Santa Fe de la Laguna. Asimismo, 158 personas de Michoacán cuentan con medidas de protección del Mecanismo Federal de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas. En un comunicado, el Frente Nacional de Lucha por el Socialismo (fnls), organización con fuerte presencia en el estado, criticó acertadamente que las políticas de desarrollo del pm están enfocadas en los Polos de Bienestar, es decir en beneficio de las burguesías transnacionales y locales, y que excluyen al campesino pobre y al pequeño productor. En suma, diversas comunidades michoacanas han denunciado el carácter antipopular del Plan.

El pueblo michoacano ha denunciado

La crisis en el estado es honda. En las últimas dos décadas, el pueblo michoacano ha denunciado continuamente que padece asesinatos, desplazamiento forzado, extorsión, secuestro, desaparición forzada y despojo. Ciertamente, desde la lógica liberal el problema parece irresoluble. De ahí el quebradero de cabeza de muchos analistas: un plan más sin soluciones, que si el abrazo, que si el balazo, que si el crimen organizado, la autodefensa, el del sombrero, que si la corrupción. ¿Qué no se ha intentado en Michoacán? Los politólogos más audaces opinaban que faltaba recurrir a la disolución de poderes, pero al mismo tiempo confesaban la imposibilidad de esta alternativa por “angas o por mangas”. Otros terminaron admitiendo casi apenados y tristes que el gobierno no es tan fuerte como quisiéramos. Y mientras, la mayoría de los comentócratas de derecha simplemente hizo carroña con la desgracia y atizó las llamas entre la población más reaccionaria.

¿Qué podríamos aportar nosotros, desde el marxismo y desde el movimiento democrático independiente, para comprender un poco mejor esta realidad? Primero, expongamos algunos aspectos básicos de Michoacán. Es una región altamente productiva por su cosecha de aguacate y limón, por su actividad minera y por su comercio marítimo en Puerto Lázaro Cárdenas. Entonces, la violencia de la pugna por el control regional será proporcional a su valor productivo. Para el liberalismo, es la falta de un gobierno fuerte lo que desencadena la violencia de diferentes grupos por el control de recursos. Desde el marxismo notaremos, en cambio, que independientemente del gobierno en turno, el capital buscará generar nuevos ciclos de acumulación en la región, lo cual implica mayor explotación, despojo y sangre para las clases pobres.

Segundo, la historia reciente nos muestra que planes van y vienen, pero la hecatombe para el pueblo permanece y recrudece. Pero, si observamos con atención, no es así para las grandes empresas y los grupos criminales, quienes salen fortalecidos y enriquecidos de cada administración. Porque así ha sido, en vez de que mengue su fuerza, incrementa. ¿Cómo explicar esto? Desde el lente liberal, la explicación es simple y triste: el fracaso frente a un crimen organizado superior al Estado (a esto le nombran “Estado fallido”, “narco Estado”, “vacíos de poder”, etcétera). Sin embargo, el marxismo nos permite pensar al Estado de un modo distinto, como un “comité administrativo de los negocios de la clase burguesa”, un instrumento de la clase dominante. Esta diferencia con las teorías liberales del Estado es fundamental, porque nos permite entender que 1) el Estado y su gobierno no son neutrales, sino que operan para perpetuar a la clase dominante, 2) no surge de las leyes (de un pacto social, dicen), sino que las leyes surgen de él a su imagen y semejanza y para perpetuar sus fines, y 3) por tanto, su objetivo constituyente no es el bienestar popular o el cumplimiento de un marco legal en abstracto (Estado de derecho) sino, como hemos dicho, la prevalencia del capital y su clase dominante.

Relación entre Estado y el llamado crimen organizado

Estas premisas nos permiten repensar la relación entre Estado y el llamado crimen organizado. Por ejemplo, la historia reciente nos corrobora que el narcotráfico ha sido un instrumento del Estado, tanto del estadunidense como de otros de América. El vínculo entre la cia  y diversos cárteles con fines económicos, pero también de contrainsurgencia en los 60 y 80 está ampliamente documentado en casos como el de los contras nicaragüenses, o los golpes de Estado en Honduras (1978) y Bolivia (1980). En México, las políticas que formalizaron esta relación encubierta fueron la Alianza para la Seguridad y Prosperidad de América del Norte (aspan, 2005) y la Iniciativa Mérida (2006), ambas enmarcadas en pleno neoliberalismo mexicano y no por nada como antesala de llamada “guerra contra el narcotráfico”, en realidad guerra contra el pueblo. La situación cobra un cariz más complejo cuando entendemos que el carácter mercenario del crimen organizado, pues se subordina según necesidad o conveniencia a distintos gobiernos, locales, federales o hasta extranjeros.

Parece un sinsentido que el resultado de la militarización y los sucesivos planes michoacanescos fue el contrario a su declarado objetivo. Al decir combatir el crimen, terminan fortaleciendo y diversificando a las organizaciones criminales. Éstas hoy ya no sólo trafican, sino que son verdaderas empresas trasnacionales, que en Michoacán controlan la producción aguacatera y limonera no sólo con el cobro de piso, sino también con empresas legalmente constituidas. Han lavado el dinero del capitalismo ilegal para fortalecer al capital financiero legal. Han implementado un capitalismo regresivo en tanto que usan mano de obra forzada, prácticamente esclava, por medio de la violencia. Han despojado a comunidades enteras de sus territorios. Han destruído fuerzas productivas pequeñas o limitadas de la comunidades para que sean sustituidas por otras mayores de grandes empresas. Han aterrorizado al pueblo para desmovilizarlo, han sido el brazo ejecutor de la contrainsurgencia.

Ese es el papel instrumental que ha tenido el crimen organizado en los ciclos de acumulación capitalista actuales en suelo michoacano. En ese sentido, el crimen organizado no surge por falla moral o ética, sino que es el lado ilegal pero funcional y necesario de la economía capitalista, es una de sus consecuencias lógicas y, así, deja de aparecernos como algo independiente del Estado. Por el contrario, por definición opera, necesariamente, con la acquiesencia del mismo. La relación entre estos dos organismos, que no son idénticos ni en su esencia ni en sus funciones dentro del capitalismo, es harto más complicada que una mera confrontación, sus vínculos y subordinaciones se mezclan. Y para mayor complejidad, esas relaciones también existen para con el empresariado local o transnacional, con gobiernos municipales, estatales o federales, con el mismo Estado mexicano, con sus fuerzas armadas y con el imperialismo estadunidense. Esta complejidad, por supuesto, conlleva violentas y abundantes pugnas internas.

Esa es la complejidad que debemos comenzar a discernir en torno a coyunturas como el pm. En efecto, el análisis de la realidad es arduo e inagotable, pero las herramientas del marxismo-leninismo nos permiten avanzar por la senda correcta. De inicio, al analizar así la realidad cobran sentido los falsos fracasos de todos los planes de seguridad, pues esos fracasos no son sino victorias para el capital y derrotas para los pueblos. Pero el análisis debe además llevarnos a la acción política, a la organización.

Por ahora no hay nuevos encabezados escandalosos. Con todas las detenciones, ¿usted de verdad cree que mengua el crimen organizado? Y mientras tanto, en este análisis, a cada actor político lo suyo: 1) el imperialismo, hoy nombrado como intervención estadunidense contra los cárteles terroristas, jamás será alternativa para los pueblos (el reciente bombardeo en Venezuela lo confirma terriblemente); 2) la derecha tampoco es amiga, pues su intención es la de regresar al poder para ser la junta administrativa del capital y así beneficiarse como antes; 3) la socialdemocracia de Morena en gobierno debe ser rebasada por la izquierda, su pm es otro ejemplo de su interés en profundizar las relaciones capitalistas de producción vía militarización; 4) surgirán también otras banderas, como la del sombrero o la disque Gen-Z, que pueden gozar de cierto apoyo popular derivado de una justa indignación, pero las herramientas marxistas siempre han de ayudarnos a develar su carácter de clase; en este caso, hay que decirlo, Manzo no era el político independiente que promulgaba ser ni representaba los intereses del campesinado pobre o del proletariado, sino que encarnaba los intereses caciquiles de medianos y grandes empresarios agrícolas.

¿Qué queda entonces? Lo dicho una y mil veces, y que necesita repetirse mil veces más: la organización popular por la vía independiente con una clara orientación de clase. En Michoacán hay esfuerzos loables como el de Santa Fe de la Laguna o el del fnls que demuestran la posibilidad de organizar y luchar en medio de la vorágine; a fin de cuentas, es lo que nos queda.

¡Luchar, con el pueblo organizado, luchar hasta vencer!

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