ArtículosColaboraciónFragua en linea #117

¿El sueño dorado de quién? Si el “desorden” lo hizo la casta dorada, ¿por qué debemos pagar los profes de asignatura?

Ya sabemos que los informes de trabajo, al igual que las promesas de la Rectoría suelen ser un trámite… es normal la apatía y el mero trámite, pero, a veces, incluso en esos actos huecos la “casta dorada” no hace sino revelar, con cinismo, SU idea de Universidad y SUS intenciones. ¿No me cree? Revisemos con lupa algunas de las palabras (transcritas a la letra) por la Dra. Patricia Dávila en el reciente informe de la Directora de la Facultad de Filosofía y Letras (minutos 1:23:23 a 1:24:34; los subrayados y negritas son nuestros):

Combina algo que es como el sueño dorado de la Universidad

“Una proporción significativa del profesorado de asignatura, fíjense, ahora paso al de asignatura, combina algo que es como el sueño dorado de la Universidad, y que estamos trabajando un poco hacia allá. Estos profesores de asignatura, una buena parte, trabaja… da sus clases aquí, ¡pero trabaja! en los sectores público y privado, lo que fortalece al, fortalece la vinculación entre la formación académica y la práctica profesional, están unas horas y después ¡salen!, a su, a sus, a sus otros trabajos… este tipo de profesor de asignatura o de profesora de asignatura es el que tenemos que fomentar y apoyar en esta universidad; el, el problema es cuando empezamos a tener ¡taanto! Profesor de asignatura y profesora de cuarenta horas y se vuelve muy complicado, y en eso estamos trabajando, y esperamos que en unos cuantos semanas, meses, posdramos, podramos presentarle al Consejo Universitario una propuesta para ¡apoyar! La estabilidad de los profesores de asignatura, pero también poner un poco de orden porque se volvió caótico, esa es la verdad de la Universidad y no podemos seguir así

La declaración por decir lo menos, levanta sospechas: antes y después de esas palabras, la Dra. Dávila insistió en la importancia de la titulación del estudiantado, en los programas de tutorías en sus tres distintas modalidades: es más la Dra. aprovechó su comentario sobre la baja titulación de esa Facultad para recordarnos que aún sabe multiplicar y dividir… lo malo es que no lo haya hecho para notar que, nada más, por el simple número de proporciones del profesorado en toda la UNAM, es probable que una parte bastante significativa de esas actividades taaaan importantes, las estén realizando, en más altas proporciones, los profes de asignatura y, es muy posible que muchos de los que soportan esas actividades, cumplan con la carga de horas, es decir sean esos y esas profes a los que ella llamó problema.

Por lo menos podemos acusar que su mensaje fue desafortunado (suponiendo que no humillante y doloso). ¡Nada se volvió caótico solito! Esos taaaantos profesores con tal carga de horas de asignatura fueron contratados por la Universidad o, para ser más específicos, por funcionarios concretos de todas y cada una de las distintas escuelas y Facultades, sus contrataciones han sido aprobadas por ¡sus funcionarios! Y no, no hicieron ese “caos” por torpeza, sino porque con las muy pocas plazas de profesores de carrera no se podrían impartir las materias obligatorias, las tutorías de distintas modalidades y las largas horas de asesoría y acompañamiento que requieren los trabajos de titulación.

¿Por qué habla ella en nombre de lo que sueña nuestra Universidad?

De hecho, esos ejemplares profesores de asignatura que salen y trabajan (como si los que llevan la carga de cuarenta horas o más no lo hicieran), aunque sean el sueño dorado de “la Universidad” tal y como ella la comprende, ¿de verdad pueden sostener el trabajo de titulaciones, tutorías, asesorías de trabajos de titulación, trabajo de sínodos y participación en comisiones de revisiones y planes de estudio? Quizá ahí no quiso multiplicar y dividir porque las cifras demuestren que los profes del desorden, que dan 40 horas cargan con un porcentaje muy amplio de ese trabajo.

¿Qué clase de mensaje-amenaza debemos entender de estas palabras que, nos parece, no han sido escogidas sin sumo cuidado? ¿Qué quiere decir que “este tipo de profesor de asignatura o de profesora de asignatura es el que tenemos que fomentar y apoyar en esta universidad? ¿Quiere acaso decir que quienes hemos soportado una carga más fuerte de asignaturas no seremos fomentados ni apoyados?

¿Qué quiere usted decir cuando afirmó que el problema es cuando empezamos a tener ¡taanto! profesor de asignatura y profesora de cuarenta horas y se vuelve muy complicado?  ¿Qué es lo complicado Dra.? ¿Reconocer que funcionarios concretos de esta Universidad han contratado y mantenido a estos profesores que, (ahora lo confirmamos, pero ya lo intuíamos) somos un problema para ustedes?  Quizá lo complicado es que usted, al igual que la casta  dorada a la que pertenece, nunca ha querido reconocer que la UNAM no es una isla, tampoco es un planeta aparte: ha sustentado cerca del 70% de las actividades docentes con profesores a los que usted ahora tilda de problema y lo ha hecho ignorando y violando las leyes federales que son claras; lo ha hecho incumpliendo el derecho que tienen estos profesores tras tres años de antigüedad a sus exámenes de definitividad; lo ha hecho violando sistemáticamente los derechos humanos laborales. Entiendo que eso es un problema, en realidad es un problemón, pero no es que el problemón solito se haya vuelto caótico.

¿Qué va a hacer, usted Dra., junto con su flamante Junta de Gobierno y el Rector que, (recordémoslo, en pleno siglo XXI han sido elegidos con los métodos más antidemocráticos y menos transparentes) para cumplir con sus palabras de ¡apoyar! la estabilidad de los profesores de asignatura, pero también poner un poco de orden porque se volvió caótico, esa es la verdad de la Universidad y no podemos seguir así”?

¿Nos pondrán, luego de años de que han sido ustedes quienes han incumplido y violado claramente con los Estatutos del EPA, en orden? ¿En cuál orden? Porque al parecer en esta Universidad, a capricho, el orden y la ley se pueden violar y hacer cumplir cuando a sus intereses compete y cuando no, no. 

No nos engañemos, sus palabras anuncian el inicio de un proceso al que llamarán regularización (bonito eufemismo): pondrán a todos a enfrentar concursos amañados, con sus reglas; concursos en donde ustedes (los que hicieron el caos) serán juez y parte; en donde la casta dorada y los pequeños o grandes cotos de poder que han creado en las distintas escuelas, facultades e institutos decidirán a discreción quién se queda y quién se va y, por supuesto, favorecerán a esos profesores de asignatura que son el sueño dorado de ustedes, la casta dorada (que obvio no sabe soñar en otros colores más que los de su casta).

¿Cuánta humillación es necesaria para poner orden, Dra.? Pensamos que ha sido bastante con la humillación constante de que, pese a sostener los horarios, las clases, las titulaciones, la lectura de tesis y el trabajo que la mayor parte de la casta dorada NO QUIERE HACER ni siquiera somos reconocidos como personal que entre o forme parte de la UNAM, aunque es evidente que existe una relación laboral, les guste o no les guste.

Sí, Dra. Nosotros, nosotras, nosotres, los profes de asignatura, la brozada, la indiada, los y las caóticos y caóticas que también sostenemos con el trabajo, nuestro trabajo a esta universidad, que trabajamos cuarenta horas (lo que para usted  y su casta ahora es un problema y no lo es para felicitar a directores y directoras por las cifras y logros alcanzados con esas horas) frente a grupo y con muchas horas más que no se nos pagan leyendo y asesorando tesis, preparando clases, revisando trabajos, mejorando nuestras propias.

Nosotros y nosotres, los de a pie, los macehuales, los que no tenemos apellidos importantes que nos vinculen con las castas que controlan cada zona de esta universidad, los que no tenemos nombres extranjeros, los que no nacimos en las cunas de sus nepobabys, los que creemos y día a día defendemos el proyecto de universidad pública, gratuita y popular de una de las universidades más importantes de este continente, Nuestra América; los que no aspiramos a enriquecernos con los millonarios salarios de ustedes y sus sueldos dorados, los que tan sólo queremos seguridad laboral y salarios dignos por el trabajo, nada desdeñable, de recuperar la docencia y el espíritu de esta Universidad que se tecnifica, se vuelve trámite y se desmorona, los que representamos los colores del pueblo que mantiene a esta Universidad con esfuerzos indecibles;  ya lo sabíamos, no somos su sueño dorado. No lo somos porque no somos servidumbre mansa; no lo somos porque nos asumimos como trabajadores; no lo somos porque sabemos que es el trabajo intelectual y manual que nos desgasta día a día el que soporta a su casta, porque sabemos que son nuestros míseros salarios (comparados con los suyos) los que permiten que ustedes ganen, vivan, se muevan y se realicen con su sueño dorado.

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