La soberanía en México. Entre el discurso y los hechos
La pregunta de si realmente somos un país con soberanía (que toma sus decisiones fundamentales de la vida de un pueblo sin intervención de intereses extranjeros), es pertinente, más cuando vemos cómo en los últimos años hay una escalada desesperada del imperio estadounidense en todo el mundo que tiene su raíz en la pérdida de influencia y poder económico frente a una potencia como China.
Ante ello, y para resarcir sus ganancias ha desatado formas de coerción y violencia cada vez más descaradas y que en nada cuidan ya las formas de legalidad del derecho internacional. América Latina es proclamada por Trump claramente como un patio trasero que debe estar en orden y subordinado más que nunca a EE.UU. en lo económico, en lo político y en la doctrina de Seguridad Nacional.
El rol de nuestro propio gobierno en el sabotaje de nuestra soberanía
Como pueblo mexicano sabemos que antes de la autodenominada 4T, ya veníamos de un proceso histórico de cada vez mayor dependencia hacia la economía de los EE.UU., cuando se hablaba de la globalización y la necesidad de privatizar hasta las áreas estratégicas de las naciones. Luego se planteó la necesidad de reforzar el bloque económico de América del Norte para competir con otros bloques del mundo y la necesidad de firmar el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre EE.UU., México y Canadá.
El resultado fue claramente que México, el “socio menor” (colonia moderna, pues) se desindustrializó, fue más dependiente en todos los aspectos, se incrementó el saqueo de recursos naturales, y se reforzó el papel de país manufacturero con mano de obra barata. Para consolidar estos cambios fue necesario incluso el fraude electoral del 88 y la brutal represión al pueblo organizado que dejó cientos de muertos en el camino. Con Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto se siguió afianzando esta política mediante reformas estructurales que permitieron el incremento del saqueo y de la explotación.
La promesa de los gobiernos desde el PRD y luego Morena, era precisamente el desmantelamiento de la política neoliberal, es decir, recuperar el desarrollo soberano del país, empezando por derogar el TLC y las reformas estructurales privatizadoras. En cuanto a la política internacional incluso se hablaba de estrechar las relaciones más al sur con toda América Latina que hacia el norte, desde lo comercial, político y cultural.
Sin embargo, hemos visto en los últimos años cómo ese discurso se desdibuja ante el pragmatismo de la socialdemocracia hecha gobierno. Es más, vemos cómo hasta el propio discurso ya ha cambiado y ahora se asemeja más al discurso que siempre enarboló la derecha y los gobiernos entreguistas.
Tanto López Obrador como Claudia Sheinbaum ya plantearon con claridad (aunque al parecer muchos parecen voltear a otro lado) el alineamiento económico con EE.UU. en su guerra contra China, lo cual ya es asumir una subordinación, pues la realidad económica nos indica que no es una relación de “socios”, sino de imperialismo y colonia moderna. Lo acaba de reafirmar Claudia Sheinbaum en enero del 2026: “Es mucho mejor que nos mantengamos como América del Norte para competir con China que solito EE.UU. A ellos les conviene en esta competencia económica con otros países.
La mano de obra del mexicano y la mexicana es extraordinaria…me dijo una vez un dueño de una empresa automotriz, y me lo han dicho varias, que las empresas automotrices más productivas que tienen son las mexicanas…por la mano de obra de la y el mexicano. Antes se decía que vinieran a invertir porque aquí los salarios son más bajos, son menores que en EE.UU., han ido aumentando para mejorar el bienestar de las familias…” O sea, todo sigue igual pero con algunos salarios un poco menos bajos, ¡vaya combate al neoliberalismo!
A pesar de lo anterior se empeñan en decir que nuestra relación con EE.UU. no es de sumisión y que no son iguales a los gobiernos anteriores. Como se dice coloquialmente, “de lengua me como un taco”, por ello preferimos hacer un breve recuento general sobre hechos que desmienten este discurso nacionalista.
En lo económico el mecanismo fundamental para mantener y fortalecer la relación de subordinación es el T-MEC, antes TLC, que es la manera operativa para conservar y ahondar la relación de subordinación, la desigualdad en el nivel y ritmo de industrialización y de comercio (intercambio desigual).
Se habla de reglas para economías desiguales, una imperial y la otra colonial. Incluso se menciona que en el artículo 32.10 del T-MEC, que en caso de que alguna de las partes tenga un acuerdo con alguna economía que no sea de mercado (léase China), las otras partes pueden terminar con el tratado. ¿Acaso esta dependencia es lo que tanto se defiende?
Aunado a ello está el tema de los aranceles que EE.UU. pone a economías de todo el mundo, o que impone a través de México a la importación de productos chinos, de plataformas de envío o sacando del mercado mercancías chinas en nuestro propio país.
Otro punto es la tan cacareada y buscada inversión privada, sobre todo extranjera o supuestamente nacional que en realidad está en manos de capitales monopolistas trasnacionales, sobre todo gringos. Ésta sigue teniendo las mismas ventajas en los nuevos Polos de Desarrollo para el Bienestar y en el Plan México que tuvo en el llamado período neoliberal, a saber: exención de impuestos, ventajas fiscales, construcción de infraestructura a costa del Estado (impuestos de los mexicanos), disposición de terrenos, energía, agua, recursos naturales en general, pésimas condiciones laborales, cero supervisión de las autoridades laborales del Estado, etc.
Las figuras neoliberales como las concesiones a privados para la explotación de minas, por ejemplo o la participación en el negocio petrolero no fueron suprimidas, sólo se pararon supuestamente. De todos modos el saqueo no se detiene y en algunos rubros mineros el saqueo durante los sexenios “progresistas” supera al de sexenios anteriores.
El colmo es el caso de la prohibición de facto que se hace, por ejemplo, para tomar decisiones soberanas sobre nuestros recursos como el petróleo. Esto ha llevado al gobierno de México incluso a suspender el envío de petróleo a Cuba por las amenazas de aranceles, lo cual es claramente una subordinación a las órdenes del imperialismo, pese al discurso “progresista”, “humanista” y de solidaridad con el pueblo cubano.

Te invitamos a leer éste artículo del Fragua#103: Soberanía: Un Plan México poco mexicano
Como la Política de Seguridad es una amenaza a nuestra soberanía
La necesidad de los EE.UU. es la militarización de las fronteras sur y norte de México, hecha por las fuerzas armadas de nuestro país, así como la obligación de fungir como tercer país seguro en los hechos, respecto al tema migratorio. Reforzamiento a la política de militarización, con la legalización incluso de la intervención del ejército en múltiples tareas no sólo de seguridad pública sino en la administración de empresas y de control territorial a mayor profundidad en todos los ámbitos sociales.
La necesidad de los gringos de mayor control y vigilancia de la población de su “patio trasero” ha llevado a exigir a los países de Latinoamérica que se hagan obligatorios dar una serie de datos personales (biométricos, movimientos físicos, actividad en redes, información financiera y comercial, etc.) con el argumento de la seguridad y el combate al crimen organizado, cuando vemos cómo eso no ha servido históricamente para lo que se promete, pues el sistema y el tejido social se sigue descomponiendo pese al maquillaje de cifras oficiales.
Extradición de importantes criminales hacia EE.UU., sin ni siquiera aclarar, por parte del gobierno mexicano mediante qué figura legal (soberana) se realizan estas entregas, ya que ni siquiera se cumplen con los mecanismos y condiciones legales de la extradición. Desde febrero del 2024 hasta la fecha han sido entregados 93 narcotraficantes, llegando a decir incluso que aunque estuvieran encarcelados no se podía garantizar en México que no siguieran operando. Vaya decisiones tan soberanas.
Es más, los casos que presume el gobierno como ejemplos de “justicia”, como el caso de García Luna, en realidad obedecen a la lógica de los EE.UU. en donde el crimen principal, supuestamente es el narcotráfico. Es decir, el entregar la justicia a los gringos también resulta conveniente para el gobierno de Morena, pues se lavan las manos, se deshacen de algún enemigo político y nunca se investiga a estos personajes por crímenes como espionaje al movimiento popular organizado, represión, desaparición forzada, masacres o ejecuciones por razones políticas, etc.
Y a veces incluso salen impunes totalmente, como fue el caso del general Salvador Cienfuegos, secretario de la Defensa Nacional con Peña Nieto, a quien los gringos detuvieron por temas de narcotráfico y el gobierno mexicano rescata y deja en total impunidad arguyendo que el expediente de la justicia gringa era inconsistente. Suponiendo que eso fuera cierto, ¿Por qué no se le investigó por su responsabilidad al más alto nivel en el caso de la desaparición forzada de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa? Justicia convenientemente subordinada y el pueblo que se joda.
Los operativos como los de la captura del Mencho son decididos por EE.UU., a juzgar por las maromas y contradicciones declarativas de las autoridades a todos niveles para explicarlos.
Conclusiones
Los gobiernos que durante mucho tiempo se dijeron no neoliberales han seguido la política económica neoliberal que se cristaliza en el T-MEC, pues en realidad las reformas que se hicieron desde el salinismo respecto a la propiedad de la tierra, las reformas laborales y energéticas no han sido abrogadas, sólo se han maquillado en algunos aspectos secundarios
El discurso sostenido tanto por López Obrador como de Claudia Sheinbaum de ubicar el interés de México como parte del bloque económico de América del Norte no hace sino anclar el destino del país al imperialismo decadente y guerrerista, es decir anclarnos a lo más podrido del sistema capitalista, ¿cómo hablar de soberanía bajo esta camisa de fuerza autoimpuesta por un progresismo que no es capaz ni siquiera de establecer premisas para un desarrollo verdaderamente independiente?. Y todo ello mediante la falacia de concebirnos como “socios”, cuando en realidad somos colonia moderna.
Y finalmente planteamos una última reflexión: ¿realmente esta tibieza de la socialdemocracia hecha gobierno sirve de algo ante la radicalización fascista del propio gobierno estadounidense, encabezado por Trump, y más cuando hay una política de rearmar un nuevo bloque de abiertos colaboradores sumisos en América Latina?. ¿Acaso la vía que nos proponen es la sumisión aparentando defender la soberanía a diferencia de los sumisos abiertos? O sea, discursivamente defienden la soberanía; pero la profundización de las relaciones capitalistas bajo los intereses y necesidades de la economía de EE.UU. continua.
El horizonte de la destrucción del sistema capitalista y por lo tanto la construcción del socialismo es lo único que permitirá históricamente a los pueblos una verdadera emancipación y no acabar pidiendo unas cuantas migajas más al capital monopolista transnacional, cuyos capitales siguen creciendo y acumulándose ya sea con gobiernos abiertamente entreguistas o con los que respingan un poco pero acaban cediendo. !
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