ArtículosFragua #115imperialismo

Migajeros

Dos viejos amigos, a los que la ajetreada y estresada cotidianidad enajenada separó, de pura casualidad se reencontraron en una sección de tren. A esas horas de la noche, aprovecharon el trayecto de regreso a sus hogares para ponerse al día, de la vida, de la chamba y de los romances.

¿Yo, migajero? Si nomás te marcan y ahí vas y vienes.

Aunque cuando tú pides permiso, se hacen bien weyes. Unos días, cuando les conviene, eres empleado. Otros, un prestador de servicio con el mismo salario.

¿Yo, migajero? Pero si tú aceptas tiempo extra mal pagado, regalando tu finde mientras trabajas con el sueño privado.

Te perdiste la boda de tu hermana, la novela juntando polvo y enfermo te aguantas, no sea que descansar sea otro estorbo.

¿Yo, migajero? Pero si tú sobrevives con sueldo contado, un poquito más del mínimo y das gracias por lo dado.

Aguinaldo incompleto, utilidades como limosna y todavía sientes deuda, como si la empresa fuera diosa.

¿Yo, migajero? Pero si tú oyes “eres reemplazable” a diario, pero haces lo que no toca, mil funciones a lo extraordinario.

Todo es para ayer, sin chistar, sin protestar siquiera: 

“Sí, jefecito, ahorita”, dices… y revisas tu cartera.

¿Yo, migajero? Pero si eres tú quien apenas se queja de aspirar las partículas de mierda, esas que levanta la misma bota que te pisa. ¿Quién está harto de hacer algo que no le gusta? ¿Quién pone su sonrisa a los clientes mientras piensa en el libro que no ha podido leer? ¿Quién ha olvidado el poema que no le ha escrito a su amada? ¿Quién pasa más tiempo en la chamba que en su casa?

—Oye, párale a tu tren —replicó el otro, entre bajoneado y enojado—. Aunque a ti te va un poquito menos peor, igual sigues migajeando en la chamba, ¡por lo que eres el doble de migajero!

Las risas se desataron, pero era de esas risas de quijadas incómodas, estruendosas pero artificiales, hechas para tratar de sofocar el sentimiento que se revolvía dentro. Pronto, la risotada dio paso a un silencio más incómodo, que se replicó por todo el tren, pues poco o mucho, los chismosos que escuchaban se identificaron con ellos; entonces un aura de miseria y desesperanza rodeó al tren de alta velocidad. Sin embargo, un murmullo resonó en aquella pesadumbre silenciosa:

Tal vez sea hora de cambiar algo.

¿Y a ti, te gustan las migajas? !

Área de Educación del Comité Cerezo, Toluca


Correo: olep.contacto@gmail.com y fragua.contacto@gmail.com

Facebook: https://www.facebook.com/olep.fragua

Instagram: https://www.instagram.com/olep_fragua/?hl=es-la

Sigue nuestra página de internet: olep.org.mx

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

sixteen − 4 =