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El método marxista-leninista de crítica-autocrítica. Fraterno, honesto, directo y abierto

El método marxista-leninista

Decía ernesto ché guevara que todo aquel que actúa comete necesariamente errores. Esta simple verdad no exenta ni a individuos ni a organizaciones políticas, y por tanto nos obliga a reflexionar en lo colectivo: ¿cómo debemos actuar ante el error, ante nuestros defectos, ante nuestras debilidades?

Frente a esta cuestión debemos obrar con método para no caer en la excesiva indulgencia o en la autocomplacencia. Esto se vuelve imprescindible para garantizar la pervivencia y correcto desarrollo de las organizaciones en lucha. Entonces, ¿cuál es tal método?

OLEP y las organizaciones marxistas-leninistas

Para la OLEP y las organizaciones marxistas-leninistas nuestro método es la crítica-autocrítica. Su objetivo es detectar y combatir nuestros defectos, debilidades y errores. Con su aplicación aspiramos a elevar la cultura política de nuestros integrantes y colaboradores, y en ese proceso fortalecer al proletariado como clase. Es por tanto un método de educación, trabajo y desarrollo, y debemos aprenderlo a partir de las experiencias de lucha de otros pueblos, así como también debemos adaptarlo y desarrollarlo al seno de nuestra organización.

Lenin nos resumió los trazos generales del método de la crítica-autocrítica: “La actitud de un partido político ante sus errores es uno de los criterios más importantes y más seguros para juzgar de la seriedad de ese partido y del cumplimiento efectivo de sus deberes hacia su clase y hacia las masas trabajadoras. Reconocer abiertamente los errores, poner al descubierto sus causas, analizar la situación que los ha engendrado y discutir atentamente los medios de corregirlos: eso es lo que caracteriza a un partido serio; en eso consiste el cumplimiento de sus deberes; eso es educar e instruir a la clase, y después a las masas”.

LA ACTITUD ANTE EL ERROR

Lo primero por atender es la actitud frente al error y frente al defecto. Con respecto al error, a muchos en esta sociedad nos han enseñado a ocultarlo, a echarle la culpa al otro, a no asumir responsabilidad. Lenin, en cambio, decía que hay que poner despiadadamente al descubierto nuestras deficiencias, sólo así podremos enmendarlas. Por su parte, el Ché propuso: aprender del error, no ocultarlo, hacerlo público, analizarlo y discutirlo en colectividad. Esta debe ser una tarea constante y hasta obsesiva.

Con respecto a los defectos, el pedagogo soviético Antón Makárenko reflexionaba que, así como todos cometemos errores, todos tenemos defectos. Eso es una verdad. Pero en la ideología burguesa la actitud frente al defecto se vuelve condescendiente: los defectos ornamentan o complementan la personalidad, los defectos hasta humanizan, dicen. Aprendemos así a excusarnos diciendo que todos tenemos defectos. “¿Por qué yo y los demás no habrían de ser indulgentes con mis defectos?”, de tal modo nos enseñan a justificarnos. La propuesta de Makárenko es lo opuesto: exigirnos a nosotros mismos constantemente para combatir nuestros defectos y los de nuestras colectividades, no hay alguno que conscientemente debamos dispensar, pues la conclusión última sería la de dispensar todos los tipos de defectos.

Adicionalmente, el albanés Enver Hoxha con pertinencia señalaba la labor de la colectividad en cuanto a la correcta actitud ante el error. La colectividad no sólo debe exigir que los compañeros no tengan miedo a la crítica-autocrítica, sino que su tarea es crear condiciones de confianza que permitan expresar libremente y corregir el error.

ANALIZAR LAS CAUSAS Y CONSECUENCIAS POLÍTICAS DEL ERROR

Al error o defecto hay que analizarlo con las herramientas del marxismo-leninismo hasta encontrar sus causas y sus consecuencias políticas. El análisis debe elevarse del ámbito meramente personal al nivel colectivo, organizativo y político. Someter nuestros errores o defectos al escrutinio de la autocrítica nos permitirá identificar las causas individuales de los mismos. Complementariamente, la crítica fraterna de otros compañeros nos iluminará en puntos que podrían ser ciegos para nosotros. De este modo, crítica y autocrítica se enriquecen dialécticamente, ya sea que el proceso comienza con una o con la otra.

Además de conocer las causas del error, para poder corregirlo necesitamos entender sus consecuencias para la organización. Esto implica, como decíamos antes, elevar el ejercicio de la crítica-autocrítica del plano personal al colectivo. Debemos preguntarnos, ¿qué implica este error para nuestra organización?, ¿cómo afecta al cumplimiento de sus objetivos?, ¿qué pasaría si ese error se perpetuara como conducta cotidiana en la colectividad? A esto se refería Mao Tse-Tung cuando decía: “Toda afirmación debe fundarse en un hecho, y toda crítica debe tener sentido político”. Este proceso nos lleva a identificar lo esencial del error y evita que nos perdamos en detalles mezquinos, subjetivos, triviales, así como también evita que la crítica se vuelva un ataque personal contra algún compañero.

Sobre este último aspecto, Mao sugería actuar para “salvar al paciente”: “Al denunciar los errores y criticar los defectos, lo hacemos, igual que un médico trata un caso, únicamente para salvar al paciente y no para matarlo”. Si el error es como una enfermedad, para poder curarlo no debemos ocultarlo sino tratarlo; pero no debemos fustigar impulsivamente y sin mesura al compañero, debemos tratarlo con prudencia y proporcionalidad.

PREVENIR Y CORREGIR EL ERROR

Para lograr la prevención o corrección del error, debemos sacar lecciones del mismo, aprender del yerro, y estas lecciones deben traducirse necesariamente en acciones concretas.

Según Hoxha, el proceso de crítica-autocrítica nos exige derivar una conclusión política, ideológica, educativa y moral. Además, nos exige también debe ser edificante: debe invitar a todos los compañeros a seguir luchando y a hacerlo de un mejor modo, en vez de apartarlos de la lucha. Hoxha nos recuerda también que la crítica-autocrítica es un factor de educación social; es decir que su efecto debe ser útil no sólo a quien yerra sino a toda la colectividad. Siempre hay que preservar su esencia educativa y colectiva, no destructiva, vengativa o personal.

Por lo demás, la crítica-autocrítica debe presentar algunas otras cualidades: ser constante y permanente, “necesaria como el aire o el agua”, fraterna, honesta, directa y abierta. No hay que perder de vista que toda corrección conlleva un tiempo ni que jamás debemos negarnos a discutir la crítica con los compañeros. Debemos abrir plenamente la crítica de la organización a las masas; aunque la crítica no siempre sea justa o esté bien estructurada; es mejor siempre abrir las puertas a la crítica y luego discernirla que cerrar la puerta con el pretexto de que las masas no saben ejercer la crítica.

El método marxista-leninista

Ejemplifiquemos. A un compañero le han criticado no saber delegar cuando funge de responsable. Luego de reflexionar, el compañero admite autocríticamente que es cierta la observación. ¿La causa? Piensa en diversos factores de crianza, relaciona el pedir ayuda con debilidad, no le gusta generar molestias a los demás, se pone a sí mismo siempre al final de las necesidades, quiere demostrar que puede con todo y, también, prefiere obrar solo para evitar la coordinación de actividad con otros. Hasta aquí, esta reflexión del compañero es valiosa para corregir el error, pero necesita aún darle un sentido político. ¿Cuál es la consecuencia de ese actuar para la organización? Este error, llevado a lo organizativo, merma el funcionamiento y desarrollo mismo de la colectividad, no permite que otros compañeros aprendan a hacer determinadas actividades, ni que cometan errores ni aciertos, ni que se responsabilicen de alguna tarea necesaria. Asimismo, esta actitud implica una sobrecarga de responsabilidades y actividades al compañero, lo cual en el peor escenario puede derivar en la resolución indeseable de tener que disminuir su papel en la lucha o de plano dejar de luchar, sobre todo considerando que, además, hay muchas otras labores de la vida cotidiana que consumen su tiempo. Al darle ese sentido político al análisis del error, resulta evidente la necesidad de corregirlo. El compañero podría concluir entonces, entre varias posibilidades, que es correcto aceptar la ayuda necesaria ofrecida, pero sin recargarse abusivamente en la colectividad, que un objetivo de los responsables es la coordinación en sí misma aunque pudiera representarle un trabajo adicional, que organizar implica delegar, porque es necesario que todos aprendan haciendo, que debemos identificar mejor las capacidades de los compañeros para saber qué delegar y a quién, que debemos resolver los problemas de la cotidianidad sin dejar de luchar. Por su parte, también hay lecciones para los demás compañeros: cuando nos delegan una tarea debemos realizarla correctamente para no desorganizar el proceso, para que la delegación no resulte contraproducente, debemos extender la ayuda a los compañeros rebasados de responsabilidades y la mejor froma de hacerlo es adquiriendo nosotros mismos más responsabilidades en el proceso de lucha y llevándolas correctamente a término, etcétera.

Finalmente, recordemos que la teoría sola no nos dará una fórmula mágica para implementar el método de crítica-autocrítica. La teoría siempre necesita praxis y viceversa. Así que sólo aprenderemos correctamente el método en su praxis, al ejecutarlo dentro de nuestra organización, lo cual conlleva necesariamente sus propios errores y aciertos. Sirva esta reflexión para fortalecer nuestra lucha !

¡Con el pueblo organizado, luchar hasta vencer!

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