Conciencia proletaria. Denunciar las agresiones y debatir
Conciencia proletaria
Elevar el nivel de conciencia proletaria es el principal objetivo de todo debate que damos, sea éste en un foro, en una plática o en una “pelea” en las redes sociales.
Nuestros argumentos no sólo deben reflejar el conocimiento científico de la realidad, también deben expresarse en conceptos y palabras que los expliquen de acuerdo al nivel de nuestro interlocutor y de quienes son espectadores del debate, pues siempre existe pueblo que lee o escucha lo que escribimos o decimos.
En cada debate ningún camarada de la OLEP puede asumir que se representa sólo a sí mismo, eso es un gran error, pues nuestra voz, nuestras palabras y nuestras actitudes representan, seamos o no conscientes del hecho, a todas las personas que integran nuestra organización. Por eso mismo debemos reconocer como un error el uso de ofensas clasistas y de “carácter medieval” ahora que nos defendimos de los últimos comentarios ofensivos en las redes sociales.
No debe importarnos que los policías y sus familiares lean nuestra autocrítica, así es, nos equivocamos, pues el hecho de utilizar ofensas clasistas no ayuda a politizar a la clase trabajadora a la que pertenecemos ni es digna de quien lucha por lograr mejores condiciones de vida, incluso para la parte del pueblo que trabaja como policía o en las fuerzas armadas.
Ojalá de la misma manera los policías que nos agredieron reconozcan que ser los golpeadores de las autoridades no es digno y que el pretender coartar el ejercicio del derecho humano a la protesta social y a la información dentro de las instalaciones del metro no los dignifica, sino que los aleja de sus hermanos de clase proletaria y los deshumaniza.
No es agredir a sus hermanos y hermanas de clase trabajadora cumplir con su deber, cumplir con su deber sería garantizar la vida digna para esa clase trabajadora a la cual pertenecen, pues también perciben un salario y también reciben la coerción del patrón, de las autoridades para quienes trabajan.
Conciencia proletaria
No se trata de juzgar a una persona por portar un uniforme, pues en estos años de organización y de lucha por nuestros derechos fundamentales hemos conocido “uniformados” que no hostigan, policías que incluso están de acuerdo con lo que expresamos y que no cumplen las órdenes de reprimirnos. Pero también hemos conocido policías con mucha inicitiva, por decirlo así, policías que con total desprecio y hasta alegría hostigan y agreden, policías que son fieles cumplidores de órdenes injustas, órdenes que violan los derechos humanos de la clase trabajadora a la que pertenecen materialmente, pero con la cual no se identifican y de la cual hasta se avergüenzan.
Y aquí llegamos a un tema fundamental, a un fenómeno que se expresa de múltiples maneras: el desclasamiento, la pérdida de identidad con la clase a la cual pertenecemos.
Este fenómeno no sólo se expresa en los cuerpos policiacos, se expresa en diferentes personas que integramos la clase trabajadora y se da cuando nuestra forma de pensar, de sentir y nuestros intereses no responden a la realidad material que vivimos.
¿El policía es dueño de algún medio de producción? ¿Es patrón, dueño de alguna empresa? ¿Organiza la producción social? ¿Qué proporción de la riqueza social producida por los trabajadores percibe? ¿Dos, tres, cuatro salarios mínimos al mes?
Las y los policías por sus condiciones materiales son parte de la clase trabajadora, son clase en sí, materialmente no son parte de la clase burguesa que tiene el control de los medios de producción, no son un Slim, un Larrea, un Salinas Pliego, materialmente hablando; pero como defensores del sistema económico y social capitalista todos son instruidos para defender los intereses económicos y políticos de esos grandes magnates, de esa clase burguesa monopolistra trasnacional ladrona y corrupta, claro que a ellos les dicen que los instruyen para preservar el orden, la ley y un correcto funcionamiento de la sociedad.
Es aquí en este proceso de adoctrinamiento cuando puede perderse la identidad con la clase a la cual se pertenece y comenzar a pensar, sentir y tener intereses de la clase burguesa de la cual no soy parte materialmente, pero a la cual aspiro pertenecer, sin importar la forma, sin importar el cumplimiento fiel de órdenes que deshumanizan y me convierten en el verdugo, en el golpeador en el abusador de la burguesía en contra del pueblo trabajador y explotado.
La burguesía enseña que “trabajo es trabajo”, enseña que trabajo es barrer, ser obrero, ser doctor y ser policía, aunque sea un policía golpeador, el buen policía es el que sigue cualquier orden justa o injusta, ese policía es el buen trabajador, el que no cuestiona, el que cumple e incluso el que aguanta el abuso de sus superiores y calla, “porque callar es de valientes y protestar es de cobardes”, según los abusadores, claro.
En todos los trabajos es igual, en muchas ocasiones los propios trabajadores desprecian al que protesta, al que se organiza, al que denuncia el abuso. Como ellos ya piensan en función de los intereses de sus patrones hasta defienden con más celo la propiedad del patrón, en su mente velan por los intereses que no son los suyos, son materialmente parte de la clase proletaria, trabajadora, pero en su mente piensan como burgués o como pequeño burgués, han dejado de ser clase para sí: una clase que lucha por sus propios intereses.
¿Y cuáles son los intereses propios de la clase proletaria, de la clase trabajadora?
Terminar con la explotación, construir el socialismo, que los salarios sean verdaderamente justos, que el trabajo dignifique, que no sean un puñado de ladrones quienes se roben la mayor parte de la riqueza producida socialmente, que se socialicen los grandes medios de producción, que no existan clases sociales, que el Estado y el gobierno sean realmente de la clase trabajadora y no de la clase burguesa.
Ser policía en esa sociedad sería un honor y un orgullo, pues sería de verdad defender la propiedad de todo el pueblo, la integridad de todo el pueblo, un sistema económico y social justo y equitativo y no la voracidad y la crueldad de la clase burguesa, de su Estado, de su gobierno, de sus leyes y de sus verdugos que nos invitan u obligan a la deshumanización por medio del ejercicio de la represión contra nuestros hermanos y hermanas de clase proletaria, trabajadora.
Terminamos este artículo con un llamado a los policías honestos: no se presten a la represión, a cumplir órdenes que los deshumanizan, no permitan que los utilicen como “carne de cañon”, como la “primera fila” para recibir el enojo, la frustración y el odio del pueblo contra el Estado, los gobiernos, las autoridades y todas las leyes que justifican esta realidad injusta y que nos colocan como enemigos.
No somos enemigos del pueblo honesto, y con esa idea seguiremos ejerciendo el derecho humano a informar y a protestar en el metro, en las calles, en los camiones, en las plazas públicas, en todo lugar donde encontremos una persona receptiva y en todo lugar donde la clase trabajadora desarrolle sus actividades. !
¡Luchar, luchar, luchar con dignidad,
con el pueblo organizado, luchar hasta vencer!
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