AnálisisArtículosFragua#121

Cambio climatico. Nepal, tragedia climática y del capitalismo

Cambio climatico

Las imágenes de la catástrofe del 26 de agosto en Nepal se viralizaron por todo el mundo: un colapso glaciar causó un deslave y una riada gigantesca de agua, lodo y escombros que arrasó pueblos enteros, carreteras e infraestructura energética. Los videos eran insólitos, como salidos de películas apocalípticas. Luego, en redes sociales comenzamos a ver la parte humana: las víctimas, los intentos de rescate, las lamentables pérdidas de vidas. Al 22 de septiembre se contabilizan 1,451 muertos, 5,786 desaparecidos y millones de afectados. La pregunta es unánime: ¿fue el calentamiento global el culpable? La causa física fue el derretimiento del permafrost, su desplazamiento y la liberación de una corriente súbita. Esos desprendimientos pueden ser frecuentes en años calurosos, pero había algo distinto en esta ocasión. Los expertos coincidían en que el calentamiento global genera y agrava las condiciones para que los desastres naturales se magnifiquen.

Cambio climatico

El calentamiento global es un hecho innegable causado por el aumento sostenido de la temperatura del planeta por la acumulación de gases de efecto invernadero. La Tierra siempre ha experimentado cambios naturales de temperatura, como el calentamiento posterior a la última era glacial, pero con la Revolución Industrial durante el siglo xviii este fenómeno se intensificó. La combustión masiva en fábricas, la expansión constante de los mercados y el uso creciente de carbón y posteriormente de petróleo tuvieron como consecuencia directa la aceleración del calentamiento planetario. Desde entonces, la concentración de dióxido de carbono aumentó un 51% y la temperatura media del planeta ha aumentado alrededor de 1.1°C. Según la nasa, el calentamiento actual de la Tierra, sucede unas diez veces más rápido que el calentamiento natural posterior a una glaciación.

Este fenómeno no es un accidente y está lejos de ser un proceso natural, aun cuando se nos quiera hacer creer que los desastres naturales son inevitables. Por el contrario, es consecuencia directa de un modo de producción que beneficia la acumulación de riqueza para unos cuantos a costa de la subsistencia misma del planeta. El capitalismo genera olas de calor, sequías, incendios, tormentas e inundaciones cada vez más intensas, derretimiento de glaciares, aumento del nivel del mar y pérdida de ecosistemas. Todos estos efectos atentan contra la vida digna de las personas, agravando enfermedades y generando hambrunas, pobreza y desplazamientos humanos. Pero no todos padecemos por igual las consecuencias negativas del cambio climático, la peor parte la sufrimos nosotros los proletarios. ¿Sabía usted que las personas con un ingreso económico bajo tenemos cinco veces más probabilidad de ser desplazados por un desastre climático que aquellas con un ingreso mayor?

Responsables del cambio climático

Un estudio deoxfam señala tres principales responsables del cambio climático: los países industrializados, la industria petrolera y la burguesía mundial; indica que estos sujetos son responsables de aproximadamente 50% de las emisiones de carbono desde hace ya varios años. Mientras tanto, el 50% más pobre (alrededor de 3.1 mil millones de personas) somos responsables de apenas el 7% de emisiones. No es coincidencia, pues, que Estados Unidos de América (eua), el país más capitalista del mundo, haya salido de los tratados de Kyoto y de París, un acuerdo internacional que pretendía limitar las emisiones de carbono. Tampoco es coincidencia que su propio presidente, Donald Trump, sea un negacionista del calentamiento global. Por supuesto, la gran burguesía, que es la responsable de ese fenómeno, será la que menos sufra sus consecuencias. Pero nosotros como clase trabajadora vivimos día con día las infames inundaciones, incendios, sequías, hambrunas, desplazamientos forzados, etc.

Es necesario que nos demos cuenta que para frenar el cambio climático no basta con las medidas individuales que nos impone la burguesía, como tomar baños cortos y reducir nuestro consumo energético o de carne. Tampoco bastan las medidas reformistas como la transición energética, puesto que ya es tarde para ello. Mientras exista un modelo capitalista que demande explotar los recursos naturales a diestra y siniestra sin importar a quién afecta, con el único fin de la acumulación del capital, el cambio climático y la precarización de la clase trabajadora seguirá empeorando. La única solución es transitar a un sistema que piense realmente en el pueblo y sus necesidades, que no reniegue del progreso para las mayorías, pero pueda llevarlo a cabo sin depredar la naturaleza.

La revolución democrática y marxista de Burkina Faso

En ese sentido, la revolución democrática y marxista de Burkina Faso (1983-1987) es un ejemplo destacado de cómo un movimiento popular identificó al capitalismo y al imperialismo como las causas del deterioro ambiental. Ubicado en la región del Sahel, el país enfrentaba el avance del desierto del Sahara a un ritmo de siete kilómetros por año. Ante esta crisis, el líder burkinés, Thomas Sankara, vinculó la ecología con la política internacional, señalando al imperialismo como el “pirómano” de los bosques y sabanas africanas. Bajo esta premisa antiimperialista, la revolución elevó al agua, los árboles y la vida a la categoría de elementos sagrados. Para frenar la desertificación, la tala ilegal y el pastoreo descontrolado, se implementaron medidas comunitarias y de vida civil: la siembra de árboles se convirtió en un requisito para acceder a vivienda, se incorporó como tradición en ceremonias (bautizos, bodas y graduaciones) y se proveyó a cada aldea de una arboleda colectiva. En 1987, Sankara fue asesinado y el proceso revolucionario fue reprimido; sirva este artículo para recordarlo en este mes de octubre.

Las graves tragedias como la de Nepal serán cada vez más frecuentes debido al cambio climático. Hoy, éste ya no es un problema futuro, sino presente. Y para combatirlo, es menester denunciar que la causa de estos desastres es el modo de producción capitalista y, por tanto, la solución pasa por acabar con él de raíz. Reeditando a Sankara: “el capitalismo es el pirómano del mundo”. En esta cuestión, nuevamente el socialismo se presenta como una alternativa de los pueblos en lucha. Mientras escribimos estas líneas, abundan las alarmantes noticias por las devastaciones venideras del “Súper Niño” en México. Nuevamente se discute en qué medida el calentamiento global será el culpable de la debacle, pero la lógica liberal se entrampa sin poder encontrarle solución. Incluso en nuestro país la presidenta presentó la iniciativa de la Ley General del Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente. Y aunque parece “avanzada” en su redacción, no rompe el marco del capitalismo; además de que ya prevemos cómo se negociará en las Cámaras con los cabilderos de la burguesía. Por lo demás, ni siquiera se le permitirá a esta nueva Ley tener incrementos presupuestarios con los cuales sea llevada a cabo: es decir, se trata de una ley más sin dientes.

Para terminar, recordamos una cita recurrente: “La ecología sin lucha de clases es jardinería”. Hoy, la lucha por el medio ambiente, como nos enseñó el pueblo burkinés, debe ser lucha por el socialismo.

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