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El plusvalor y el salario en México. La burguesía no pierde

El salario en México

Desde el sexenio de Andrés Manuel López Obrador hay una tendencia al aumento del salario mínimo el cual continuó en menor porcentaje en el gobierno de Claudia Sheinbaum dando un total de 154% acumulado, un porcentaje nada despreciable teniendo como año con mayor aumento el 2022 con un 22% y el 2025 el año de menor incremento con el 13%.

Sin embargo, este último incremento ha sido muy debatido por los comentócratas de la derecha al tiempo que es enarbolado como un grito de revolución por parte de los seguidores de la presidenta. Esto, entre otras cosas, porque viene aparejado de la propuesta para la reducción gradual de la jornada laboral de 40 horas la cual, aunque no es tan así, ha puesto a llorar a más de un dinosaurio neoliberal (y a reír a los más avispados burgueses y sus secuaces).

Ahora bien, como marxistas, hay que dar una respuesta marxista a la situación, una respuesta que parta del análisis de los datos y no de suposiciones o conjeturas viscerales.

En primer  lugar, hay que determinar que existen dos formas fundamentales de extracción de plusvalor (trabajo no pagado): plusvalor absoluto (aumento de la jornada laboral) y el plusvalor relativo (el plusvalor más “idealmente capitalista” el cual tiene que ver con el desarrollo de fuerzas productivas, aumento de producción por medio de la innovación técnica y logística); también existe el plusvalor anómalo que en nuestro país estaría muy enfocado en la economía ilegal (salario por debajo de la línea de subsistencia), este último requiere un enfoque especial y por el momento lo descartaremos para la actual exposición.

El salario en México. Incremento real pero insuficiente.

Durante años vivimos la depreciación del salario, no sólo porque no se ganaba más, sino porque lo que se ganaba alcanzaba para menos. Ahora bien, con los incrementos salariales, hasta el 2024, se pasó de poder comprar el 30.9% de la Canasta Alimenticia Recomendable (CAR) a poder comprar el 51.2% de la CAR con el salario mínimo en los estados que no son de la Zona Libre de la Frontera Norte donde se puede comprar el 77.1% de la CAR al 2024.

¿Esto significa un incremento real? Claro que sí, sin embargo, estamos hablando que con todo y los aumentos salariales aún no se puede comprar una sola CAR, pasamos de un tercio a la mitad, algo es algo dicen por ahí (migajas del bienestar dicen por acá).

Partiendo de este incremento real pero insuficiente, volvamos al asunto del plusvalor. El plusvalor absoluto para Marx está relacionado con el incremento de la jornada laboral al “infinito y más allá”, sin embargo, años de luchas obreras han logrado poner ciertos candados (que más de uno ha querido y podido romper) al tiempo máximo de trabajo. Actualmente en nuestro país aún tenemos una jornada laboral de 8 horas por seis días de trabajo esperando que llegue el 2030 para tener 40 horas de trabajo… más 12 extras… o más si así lo determinan las necesidades (pues la propuesta de la presidenta elimina el límite máximo de horas extras semanales).

Entonces, como existe esta limitación en las horas laborables (aunque 25% de los mexicanos trabajan más de 48 horas a la semana) la plusvalía, idealmente, tendería a la innovación capitalista y mayor productividad, sin embargo, en países subdesarrollados como el nuestro esto casi no pasa: del total de las empresas en el país, únicamente el 10% invierte en innovación técnica y tecnológica. A nivel del Producto Interno Bruto, nuestro país invierte el 0.5% en este rubro. Por así decirlo, hasta nuestra burguesía se acostumbró al trabajo semifeudal y casi esclavo y lo prefiere por encima de las mejoras tecnológicas.

De esta manera se busca incrementar la productividad sin inversión lo cual sólo deja un camino: más trabajo y menos el salario retribuido. Según estadísticas, solo para poner un ejemplo, en 1993 el salario retribuido era el 20% de lo que se producía en la jornada, es decir, el 80% se lo quedaba el burgués y para el año 2020 solo era el 14%, incrementado a 86% lo que se quedaba el patrón. En esta misma comparativa de años, el trabajo necesario pasó de 1.61 horas en 1993 a 1.16 horas en 2020. Es decir, en menos tiempo el trabajador produce su salario y no por eso la jornada laboral se reduce, sino sólo aumenta el tiempo que trabaja para el explotador. 

Esta relación por demás desigual y obscena es lo que buscan no sólo mantener, sino incrementar los empresarios que tanto lloran por el aumento en el salario y la reducción en la jornada.

Sin embargo, el pueblo no sólo son números y tablas, son vidas y sufrimiento. Es aquí cuando vemos la venganza de los empresarios ante los míseros aumentos del salario, pues para la burguesía un peso vale más que nuestra vida.

Una de las formas más concretas de medir la explotación es cuánto nos presionan para trabajar, cosa que se ve directamente reflejada en las enfermedades de trabajo, donde pasamos de tener 4.9 casos por cada 10 mil trabajadores en 2014 y a 7.7 por cada 10 mil trabajadores en 2024. La presión sobre los trabajadores y sus condiciones laborales se vuelven cada vez más intensa y difíciles, lo cual se refleja directamente en la calidad de vida (y estos datos son los que tenemos de los trabajadores que cuentan con seguridad social).

Por eso, los lloriqueos de los Salinas Pliego y su plétora de aplaudidores no son más que lloriqueos por ganar poquito menos de lo que ya ganan-roban. Y claro, también es evidente que muestra las limitaciones de la burguesía mexicana la cual, como mencionamos antes, estaba muy acostumbrada a ganar cada vez más con menos inversión, a usar a nuestro país como mera extracción de recursos naturales. Ahora sí que dirían ellos, quieren ganar más sin invertir.

Ahora bien, estos datos ¿qué significan para nosotros? Significan que como trabajadores debemos seguir luchando por mejorar nuestras condiciones de trabajo, porque los burgueses siempre encontrarán las formas de incrementar sus ganancias y darle la vuelta a las leyes. También significa que es necesario pelear porque nuestro país tenga inversión estatal en innovación, ciencia y tecnología, que pasemos de ser un país subdesarrollado a uno que realmente tenga el suficiente desarrollo para mejorar la calidad de vida del pueblo, no podemos seguir siendo el patio trasero de los imperialistas del norte.

Esto también implica que se deben cancelar los tratados comerciales internacionales que nos subordinan como país, nos llevan al atraso y no dejan que los trabajadores podamos mejorar nuestras condiciones de vida. Con esto, tenemos que ver las implicaciones directas de ser un país subordinado al imperialismo y subdesarrollado con las condiciones de vida de los trabajadores, que hasta que no seamos nosotros quienes determinemos la producción y dirijamos al país, simplemente seremos el tapete de quienes busquen explotarnos.

Es tiempo de no dejar de lado las demandas inmediatas por trabajo digno, salario justo, seguridad social y jornada máxima de 40 horas junto a la necesidad apremiante de luchar por acabar con el neoliberalismo de raíz y construir la democracia popular y el socialismo. !

¡Contra el despojo, la explotación y la represión; resistencia, organización y lucha por el socialismo!

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