Hombres o capitalismo, ¿quién es el enemigo?

A lo largo de la historia la respuesta a esta incógnita ha tenido muchas contestaciones, desde las que se centran en la lucha contra los hombres, pues creen que en ellos radica toda la responsabilidad de la opresión y violencia hacia las mujeres, hasta quienes luchan codo a codo con los hombres proletarios para erradicar el sistema económico capitalista y construir una nueva sociedad.

Para comprender de dónde vienen las injusticias de la sociedad y la situación de opresión de la mujer, haremos un recuento a través de la historia y estudiaremos los diferentes estadios económicos, pues el papel que desarrollan las mujeres proletarias en la producción es la base material que nos permite entender cómo a través del desarrollo de la sociedad se han creado mecanismos para ejercer control sobre las mujeres y hombres, y determinar su lugar en las relaciones de producción.

Comunidad primitiva: se caracterizó por la escasa y nómada población que tenía. Toda la comunidad participaba en las actividades de producción: caza, cocina, crianza, recolección de frutos, etcétera. La propiedad era comunal y no había una diferencia entre la situación de la mujer y el hombre, sin embargo, existía el derecho materno, pues la filiación del clan se determinaba por medio de la madre. Además, las relaciones no eran monógamas. No había sobreproducción (es decir, se producía lo que se necesitaba) ni clases sociales.

Esclavitud: con el desarrollo de las fuerzas productivas, comenzó la agricultura y la ganadería que permitieron el aumento de la población, por lo que se establecieron nuevas comunidades. Esto implicó un cambio en los roles sociales, se desarrolló una forma de Estado, con un jefe militar del pueblo, un consejo y la asamblea del pueblo. Este desarrollo provocó que la fuerza de trabajo del ser humano era capaz de crear más productos que los necesarios para vivir, por lo que se necesitaba conseguir más fuerza de trabajo, la cual se obtenía de la guerra. En este periodo surge la propiedad privada de los medios de producción, que estaban en manos de la clase de los esclavistas. A partir de esto la mujer es relegada de las tareas sociales ¾pierde su valor en la producción social¾ a las tareas domésticas y es acotada al papel de la reproducción.  

Feudalismo: Se caracterizó por perfeccionar la propiedad privada, el Estado y lo que sería con el paso de los años el dinero. Además, se crearon más clases sociales y se perfeccionaron otras: señores feudales, el clero, el ejército, los siervos, la corona, lo que relegó aún más a la mujer de las actividades sociales a las domesticas. En este periodo surge una clase que no se ocupa de la producción sino únicamente del intercambio de los productos: los mercaderes, clase que se convierte en el intermediario indispensable y que se considera el germen de la clase capitalista.

Capitalismo: Llegamos a la era del trabajo asalariado, donde vender nuestra fuerza de trabajo, ya sea física o intelectual, se convierte en la única forma para adquirir objetos para nuestra supervivencia. Nosotros, los proletarios, trabajamos para generar mercancías por una determinada cantidad de horas a un patrón que tiene los medios de producción, a quienes se les llaman burgueses, y quienes nos roban de la riqueza social que producimos.

La mujer proletaria se enfrenta en este sistema en condiciones muy complicadas. En la cuestión salarial la mujer gana 42% menos que el hombre, según datos del Instituto Nacional de Estadística Geografía (INEGI), además aquellas que son madres jefas de familia, 35.2 millones, 41.8% trabaja: 31.2% en el sector informal, 12.2%, en el doméstico. Las madres proletarias se enfrentan, al igual que sus compañeros trabajadores, a trabajos sin seguridad social, con horarios laborales de hasta 12 horas en promedio, sin embargo, también se enfrentan a condiciones particulares que requieren una atención inmediata por parte del Estado: no tienen opción de una guardería que cumpla con la jornada laboral promedio y, en ocasiones, ni siquiera tienen guardería; en caso de que tengan derecho a la licencia de maternidad, ésta se límita a 84 días naturales, y cuando regresan a trabajar sólo cuentan con una hora para alimentar a los hijos recién nacidos y eso cuando trabajan cerca de donde están sus bebés y cuando el espacio laboral tiene adaptado un espacio para la lactancia; el acoso sexual se ha convertido en una práctica grave en el espacio de trabajo, que cuando se denuncia muchas veces concluye con el despido de la mujer, entre otras situaciones que usted conoce. Aunado a esto, la vieja organización económica familiar sigue dejando en manos de las mujeres el trabajo doméstico, la educación y el cuidado de los hijos, por lo que además de soportar la jornada laboral en la fábrica, oficina, comercio, debe llegar a su casa a seguir trabajando, sin tiempo ni dinero para poder descansar y desarrollarse como ser humano.

Pero eso no es todo pues también se enfrenta a la violencia en las calles; a los feminicidios (más de dos por día en promedio, durante 2020) y la impunidad de la que gozan quienes los cometen; la prostitución que en nuestro país es tolerada y fomentada, aun a sabiendas que la trata de mujeres y niñas es el gran proveedor de prostitutas, lo que además convierte a las mujeres en mercancías que pueden ser consumidas, quien diga que las prostitutas eligen voluntariamente ese camino, no pueden ser otra cosa que hipócritas burgueses.

Socialismo: retomaremos algunas experiencias que nos pueden brindar un panorama de la situación de la mujer en este modelo económico. En la actualidad Cuba es el país latinoamericano que tiene menos feminicidios: 29 registrados por el Observatorio Cubano de Feminicidios en 2020. Además de ser un país que impulso la lucha por la emancipación de la mujer y contra el machismo que imperaba en la vieja Cuba, legado del dictador Fulgencio Batista, hizo participe a la mujer en el proceso revolucionario, desde mensajeras hasta el pelotón femenino, la mujer cubana combatió codo a codo con su hermano de clase por romper con las viejas estructuras y actualmente gozan de los mismos derechos que los hombres.

Por otra parte, en 1917 los proletarios del mundo vieron en la Revolución de Octubre de 1917, en Rusia, una aurora para la liberación de la clase trabajadora. En cuanto a los derechos de las mujeres mencionaremos algunas medidas implementadas en la Unión Soviética: se legalizó el aborto y, gracias a la participación de Aleksándra Kolontái la primera mujer en ocupar un cargo en el gobierno, se logró transformar la organización de la familia, pues las labores domésticas y de maternidad se convirtieron en una responsabilidad social del Estado, el cual creó los kindergarden, los comedores, guarderías dentro de los centros de trabajo, lavanderías gratuitas, entre otras medidas. Además, garantizó a las mujeres el derecho al trabajo en el ámbito de su elección, fuera político, fabril, campesino, etcétera. Aunque en 1936 el aborto es penalizado nuevamente, en el contexto la segunda guerra mundial, en compensación se crearon apoyos para la manutención completa de los hijos, sin embargo, en 1957 la mujer soviética volvió a tener acceso a un aborto seguro, legal y gratuito.

Con este recorrido histórico de la situación de la mujer en los diferentes estadios podemos vislumbrar el origen de la opresión de la mujer y de los proletarios en general: la aparición de la propiedad privada de los medios de producción y el papel que tiene la mujer en la producción social, es decir, a qué clase pertenece. Tener claridad en esto es de suma importancia para determinar cuál debe ser la lucha que debe emprender la mujer proletaria, porque en estos tiempos de coyuntura encontraremos diferentes posturas, diferentes métodos de lucha, pero debemos identificar al enemigo principal: la burguesía dueña de los medios de producción y construir la alternativa organizativa que destruirá el sistema económico capitalista y permitirá la instauración del socialismo. Quienes no tienen claro cuál es el origen de la desigualdad entre hombres y mujeres, se perderán entre las ramas y no podrán contribuir a la verdadera emancipación de la mujer proletaria.

Además, debemos tener claro que los derechos de la mujer han sido producto de la lucha organizada del proletariado. Es nuestra tarea cuestionar si basta con legalizar el aborto en todo el país, si el incremento salarial o la “paridad de género” en este sexenio son suficientes. Nunca negaremos que son pequeñas victorias, mejoras inmediatas que logran dar un golpe a la estructura capitalista, pero que en ellas se cuelan movimientos reformistas que desvían la lucha por el socialismo e incluso gastan grandes cantidades de dinero para esto. Ejemplos tenemos de sobra, ahí están los partidos políticos como el Partido Revolucionario Institucional, el Partido Acción Nacional, entre otros, que se han encargado de alzar la bandera morada feminista, para obtener la participación femenina en sus filas. El problema es que esas mujeres, muchas de las cuales son burguesas o pequeñoburguesas, pareciera que olvidaron todos los crímenes que la burguesía y sus gobiernos han cometido, como el caso de Acteal, Atenco, las maquiladoras de Ciudad Juárez, entre otros.

Debemos dejar de lado esas posturas que piden que la mujer tenga la oportunidad de convertirse en explotadora y que no se preocupa realmente por la mujer proletaria, pero que la manipula y usa para lograr su cometido: obtener medios de producción y seguir explotando a hombres y mujeres. Para ello emplea diferentes métodos como la supuesta “solidaridad entre clases”.  Es importante que como pueblo explotado sigamos el método de la lucha organizada y permanente, y que sepamos que esto sólo se va a lograr con el esfuerzo conjunto de hombres y mujeres de nuestra clase. Por esta razón, invitamos a nuestros hermanos y hermanas de clase a que se sumen con nosotros, que conozcan el proceso que llevamos como Organización de Lucha por la Emancipación Popular, y a que seamos quienes luchemos codo a codo para sepultar de una vez por todas las estructuras capitalistas, sus formas de producción y de relación social, para lograr la emancipación de la mujer proletaria y construir una sociedad justa, el socialismo.

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