Límites y alcances de la reforma eléctrica

¿QUÉ SIGNIFICADO TIENE para el pueblo organizado y no organizado la reforma en materia energética que impulsó Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y que aprobó recientemente la Cámara de Diputados? Hasta el día que se escribe este artículo aún falta la aprobación en la Cámara de Senadores.

De manera general, el gobierno de AMLO y la Cámara de Diputados mencionan que el beneficio sería un incremento de entre 14 mil 308 y 135 mil 558 millones de pesos en los ingresos de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), y que este dinero se podría utilizar para invertir en la misma CFE y en todos los proyectos que tiene el gobierno, como el Tren Maya y sus programas sociales. Es decir, que nos “beneficiaria” porque se crearían empleos e infraestructura, y recibiríamos nuestro dinerito de los programas sociales. O sea que es una buena decisión, pero ¿es suficiente para revertir la privatización del sector eléctrico y sobre todo para, como nos lo ha dicho AMLO, terminar con el neoliberalismo en nuestro país y la miseria que continuó y profundizó esa política económica durante 36 años? Y un punto muy importante, ¿qué papel tiene el pueblo y nosotros como organización ante esta reforma? ¿Sólo mirar desde las gradas el partido y contar cuántos goles se meten entre el gobierno y las empresas opositoras a la reforma?

Nosotros, la Organización de Lucha por la Emancipación Popular (OLEP), como expresión del pueblo organizado, pensamos que, al igual que otras resoluciones que ha tomado AMLO, ésta es también una decisión a medias que no termina con el neoliberalismo: que sí fortalece al Estado de la clase burguesa, que medio se pelea con las grandes empresas transnacionales mexicanas y extranjeras, pero que no termina de darle el golpe final al proceso de privatización y al neoliberalismo. ¿Por qué decimos esto? ¿Por qué AMLO no quiere terminar con el neoliberalismo de una vez por todas? ¿Tendrá miedo? ¿Pensará que es una venganza y no es su tarea? ¿No tiene la fuerza suficiente para hacerlo?

En la reforma eléctrica se manifiesta el carácter de clase pequeñoburgués de este gobierno que consiste en querer conciliar los intereses de la clase burguesa (los grandes dueños de los medios de producción: fabricas, instrumentos de trabajo, tierra, edificios, máquinas, computadoras, etcétera,) y los intereses de la clase proletaria (todos los que sólo tenemos nuestra fuerza de trabajo para vender y recibir un salario). La reforma está bien, pero no es suficiente porque no recupera la propiedad de la infraestructura de varias transnacionales extranjeras y mexicanas (Renovalia Energy, Acciona, Iberdrola, Gamesa, Gas Natural Fenosa y Grupo Preneal) y nacionales (FEMSA [José Antonio Fernández Carbajal], Grupo Dragón [Salinas Pliego], Radiomovil Dipsa y Grupo Carso [Carlos Slim]). Decimos recuperarla porque esas transnacionales construyeron sus empresas generadoras de energía a costa del pueblo; es decir, explotando a sus trabajadores, adueñándose a la mala de tierras, pagando hasta 150 pesos por hectárea usada por sus generadores de energía eólica, mandando y pagando golpeadores y grupos paramilitares a asesinar a indígenas y campesinos, pagando a los gobiernos anteriores a amlo para adueñarse de extensiones inmensas de tierra, por ejemplo, los tres millones de hectáreas que mide el Istmo de Tehuantepec, en Oaxaca, y comprando empresas a precio regalado durante los 36 años de privatización.

El Estado burgués encabezado por AMLO se fortalece con la reforma y pareciera conciliar con “todos los involucrados” para que nadie se oponga a la reforma. ¿Cómo? Por una parte, fortalece al Estado burgués porque incrementarán los ingresos de CFE y con ello dispondrá de capital para invertir en lo que él defina, como los programas sociales. Por otro, les quitará a las empresas privadas nacionales y extranjeras el control (monopolio) de la generación de energía, por lo que las “perjudica” un poco, pero al mismo tiempo les otorga otros proyectos como el Tren Maya. Al parecer cumple su objetivo de conciliar los intereses de clase contrarios y antagónicos, pero hace falta mencionar algo importante. El común denominador es que con o sin reforma, los trabajadores, el pueblo, sigue siendo explotado, ya sea por una empresa privada extrajera o nacional o por una empresa estatal. Es cierto que tendremos durante este sexenio cierto respiro, soñando con que no llegue un gobierno que se más malo que el anterior. Por esto es necesario organizarnos para no sólo ayudar a terminar con el neoliberalismo, sino para terminar con el problema de raíz, lo que engendró al neoliberalismo: el capitalismo, modo de producción basado en la explotación y en la apropiación de la riqueza social por una minoría, la clase burguesa.

Ante esta realidad qué proponemos cuando salimos en brigadas de agitación y propaganda a la calle o a pegar carteles en los postes; en nuestro Programa Mínimo de Lucha (PML), publicado en agosto de 2019, en su punto 2, proponemos organizarnos para que el Estado recupere la propiedad de los grandes medios de producción asociados a los sectores estratégicos de la economía mexicana, es decir, que expropie la infraestructura (máquinas, edificios, herramientas de trabajo, materias primas, medios de transporte) de la industria petrolera, metal-metalúrgica, minera, energética (eólica, hidráulica, solar, biocombustibles), agroindustrial, así como la de las telecomunicaciones, de las vías de comunicación y del gran turismo. Asimismo, proponemos en el punto 3 organizarnos para alcanzar nuestra soberanía nacional y ser los dueños de nuestros recursos naturales, ya que sólo así el Estado mexicano podría tener una base sólida para desarrollarse y romper con la dependencia de Estados Unidos.

¿Por qué AMLO no ve el apoyo popular del que goza como una oportunidad para movilizar y convocar a esa expropiación y al desarrollo de la soberanía, como lo hizo el General Lázaro Cárdenas con el petróleo, en 1938? Creemos que no toma una decisión como el General porque teme ser rebasado por el pueblo, ya que el pueblo al verse capaz de tomar ese tipo de medidas de expropiación tomaría aún más conciencia de que su poder no sólo termina en una urna votando, sino organizando y tomando en sus manos lo que de por sí nos pertenece a todos y ha sido producto del trabajo de generaciones de mexicanos: los medios de producción, propiedad privada de la clase burguesa. También es esencial que comprendamos que las leyes hechas al margen de un movimiento popular organizado con claridad en sus objetivos son letra muerta, aunque sean lo más avanzado del mundo. No olvidemos que hay muchas leyes buenas, pero que a la hora de volverlas realidad nadie nos hace caso si llegamos solos y no luchamos porque se apliquen. Una ley no basta, es sólo mediante la organización que podremos arrancar a la burguesía esos medios de producción que se ha apropiado una minoría, la clase burguesa.

¡Por una inmediata expropiación industria energética!

¡Contra el despojo, la represión y la explotación;

resistencia, organización y lucha por el socialismo!

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