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Luchar por la democracia popular y el socialismo

Una lucha necesaria

Estimado lector este testimonio lo escribo con todo el gusto del mundo de poder compartir mi sentir ante el día a día… No sé si le ha pasado a usted, pero luego cuando recorro las calles de mi ciudad, visito otros pueblos y ciudades, observo con detenimiento a mi pueblo: jóvenes, infantes, adultos y personas mayores pasar por las mismas calles, hablar de temas diversos y toda una infinidad de interacciones. Y esto puede sonar muy bonito, pero la otra cara de la moneda es cuando interactúo con la gente y veo que un niño está vendiendo dulces en la escalera del metro mientras dice cosas “chistosas” y me cuestiono ¿por qué no está estudiando? Las condiciones materiales en las que vive él y su familia, han hecho que desde temprana edad tenga que trabajar y no disfrutar de sus derechos como infante, ni mucho menos de una vida digna…

O cuando veo que está un trabajador corriendo para llegar a tiempo o maldiciendo el tráfico y el transporte público por lo ineficiente que es, poniendo en riesgo su integridad por un salario mínimo, que también me lleva a la pregunta ¿Mi vida vale $249 por 8, 12 o 16 horas? Todo lo que “pierdo” de tiempo por sobrevivir (porque vivir bien… ni tantito), los momentos que pude pasar con la familia, con hermanos, hijos o la pareja. Para luego saber que un desgraciado me prometió tener “más dinero” si me registraba con el salario mínimo para que así pague menos impuestos (hablamos del empresario) y así, para que cuando esté viejo mi pensión sea raquítica y tenga que trabajar, aunque mi cuerpo esté cansado y enfermo.

Como algunas personas ya jubiladas que gran parte de su vida dejaron el alma, la energía y el cuerpo en una empresa y que ahora no saben ni qué hacer con el tiempo libre que tienen y requieren de volver a trabajar, personas que se sienten mal por no ser explotados y puede sonar raro, pero puedo apostarle lector que al igual que esas personas usted y yo no sabríamos qué hacer. En un inicio suena bien viajar, pero sin dinero o con una pensión miserable… no es muy probable, estar sentado viendo la tele, siendo ignorado por la familia que tiene que trabajar o estudiar y sentirse solo… Es realmente cruel saber que el capitalismo te deja solo, no es la familia la culpable, es el sistema que los sumerge en una dinámica en la que estuvimos y en la que ahora ya no podemos, porque no le somos útiles para trabajar.

Ya ni digamos de ver a los jóvenes quienes deben de ser la vanguardia del país, saber que tienen que trabajar y estudiar a la par, “matarse” para tener un algo, porque la familia no tiene para costear la educación, aunque sea pública y aunque algunos lo hagan por gusto, sabemos en el fondo que las becas y el dinero que necesita una persona en la universidad (y fuera de) no se cubre completamente con programas sociales. Es válido querer salir con la pareja, darnos “gustos”, tener momentos de recreación -es un derecho humano- y también está la contra parte de la recreación, dirían por ahí “estoy curado de espantos”, pero seamos honestos la bebida se disfruta, pero más allá de tomar por degustar o “complejizar” el consumo, lo hacemos por el efecto “relajante” (más que nada desinhibidor que produce), porque es más fácil salir de la realidad por breves instantes que afrontarla, ¿Qué tan difícil pude ser comprar tres caguamas y beberlas en menos de una hora por el “placer” de olvidar…?

Tener presente que mi madre, que mi pareja, que mis amigas, compañeras y en general todas las mujeres por el simple hecho de ser mujer, puede que el día de hoy no vuelvan, que sean abusadas o violentadas de algún modo… Que pasen dos años y que el maldito desgraciado esté libre o sea enjuiciado y luego puesto en libertad… Que sean miles de casos sin justicia. Me enferma saber que por más que quiera, es algo que no es fácil de erradicar y que no podemos vivir con el miedo (sobrevivir), teniendo que dar la cara día con día.

Y podría narrar la vida diaria de mi pueblo, la misma vida que yo he vivido y vivo actualmente, pero más que solo lamentar lo mal que vivimos, nace también la pregunta ¿Qué hacer? Con solo ver no se cambia nada, ni con solo saberlo y nos puede asaltar otra pregunta ¿Por dónde empezar? Y sí, esas preguntas tan complicadas tienen una respuesta desde hace más de un siglo, Vladimir Lenin sintió los más puros y profundos deseos de luchar por su pueblo que emprendió esta lucha por la democracia popular y el socialismo, él al igual que Marx, Engels y muchas personas más sintieron esa indignación y se comprometieron en vida para luchar.

¿Cómo no amar nuestras playas, nuestra comida, tradiciones, acentos, fisionomías, climas e ingenio? ¿Cómo no amar a la fauna y flora? ¿Cómo no odiar a los burgueses y empresarios, que explotan al pueblo y consumen sus recursos naturales? ¿Cómo no anhelar algo diferente y mejor para las nuevas generaciones? ¿¡Cómo!? ¡Que alguien me explique cómo no amar, y apreciar nuestra historia y a nuestro pueblo! ¿No defenderías lo que más amas con tu propia vida? … Yo sí y aunque parezca algo loco o descabellado, prefiero morir con la frente en alto que de rodillas sin poder ver a los ojos a mi gente, ni al verdugo burgués que podría acabar con mi vida. Probablemente, no le conozca estimada lectora o lector, pero le invito a formar parte de nuestra organización, puede que para la historia del mundo seamos unos cuantos, que para la historia de nuestro pueblo seamos un esfuerzo poco memorable (o quizás no) y aunque no toda la vida puedas o quieras estar aquí, siempre habrá espacio para apoyar y luchar, para sumarte a este esfuerzo que lucha por cambiar la realidad. Luchar por el socialismo es luchar por el pueblo, por vivir mejor, porque no se acabe el agua, porque la pobreza deje de existir, porque la violencia deje de ser el pan de cada día, por eliminar las conductas machistas y por construir a la mujer nueva y al hombre nuevo en el socialismo.

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