Testimonio Proletario: Despido injustificado en la empresa Construcciones Ramirez Ginez S.A. de C.V.

Yo trabajaba para la empresa Construcciones Ramirez Ginez S.A. de C.V. como ayudante de carpintero de cimbra hasta que fui despedido injustificadamente el día 05 de diciembre del 2020, una semana antes del aguinaldo. Al igual que a otros compañeros de la obra, se me dijo que me fuera a “descansar” por la simple razón de que la empresa no tendría dinero para cubrir los salarios de la siguiente semana. Sin saber por cuánto tiempo sería el supuesto descanso, me sumé a las cifras de despedidos injustificados de fin de año (y no de cualquier “año” si consideramos la crisis sanitaria por Covid-19).
Esta práctica realizada con frecuencia por las empresas para evadir sus responsabilidades hacia los trabajadores al final del año, se suma a la larga lista de abusos cometidos contra la clase trabajadora del país (subcontratación u outsourcing; acoso laboral; violencia sexual; firma de contratos en blanco; registro ante el IMSS con un salario menor al que percibe en realidad; salarios miserables; pagos de salario a destiempo y/o incompletos; inexistencia de prestaciones; jornada laboral de más de 8 horas; ausencia de tiempo y espacios para la recreación de los trabajadores; etc.).
Como parte de esa minoría de trabajadores que decide no quedarse con los brazos cruzados, me presenté en las oficinas de la empresa para exigir el pago del aguinaldo y las prestaciones que me corresponden por derecho. Mi exigencia fue escuchada, pero no cumplida. Por tal razón, decidí acudir a las instancias del gobierno destinadas a la defensa de los derechos laborales para demandar a la empresa. En concreto, asistí a la Procuraduría de la Defensa del Trabajo de la Ciudad de México.

Ahí se me asignó una asesora para dirigir mi demanda por presuntas violaciones a los derechos laborales. Sin embargo, antes se tenía que agotar el recurso de las reuniones conciliatorias entre la empresa y yo. Como acostumbran los representantes de las empresas en estas reuniones, intentaron justificar mi despido de varias maneras: una de ellas fue el argumento de que la empresa ya no tenía más trabajo para mí; otra razón fue la falta de dinero para pagar salarios; y, finalmente, el argumento de que yo había acumulado una cantidad de faltas injustificadas.
Ninguna de estas justificaciones sirvió a la empresa, y menos la última, pues comprobé que mi ausencia en el trabajo, primero, por un accidente laboral y, segundo, por la posibilidad de haber contraído Covid-19, se encontraban justificadas en los certificados que expide el IMSS a los trabajadores en estas situaciones. Frente a este panorama, la empresa aceptó pagar mis prestaciones, pero con el salario registrado ante el IMSS (128.79 pesos), el cual no correspondía a lo que yo percibía realmente. Por tal motivo, rechacé la propuesta y di inicio a la demanda (proceso que sigue en curso).
Si bien la atención y asesoría por parte del personal de la Procuraduría ha sido adecuado, he corroborado en mi caso algo que se dice con frecuencia sobre el que hacer de los abogados de oficio en materia laboral. Ellos se guían con la máxima “más vale un mal arreglo que un buen pleito”, pues en todo momento buscan conciliar, en vano cabe decir, los intereses de los trabajadores y los de la empresa. ¿Por qué en “vano”? Porque al final, todo “mal arreglo” termina favoreciendo los intereses de la empresa, pues para el trabajador recién despedido el “mal arreglo” es el mejor arreglo posible.
Con esto último no quiero decir que es despreciable el trabajo de los diferentes organismos destinados a la defensa de los derechos de la clase trabajadora, pero sí que es limitado. ¿Por qué? Porque sólo los trabajadores pueden defender mejor que nadie sus propios intereses; y para esto hay que organizarse como un solo cuerpo para superar la miopía que supone la tan predicada conciliación de intereses entre los trabajadores y los empresarios. Por tal razón hago un llamado a luchar organizadamente por nuestros derechos laborales desde la OLEP- UDITT, desde un proceso organizado del proletariado.

¡Trabajo digno, salario justo y seguridad social!

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