La primera rebelión socialista en México. Julio López Chávez
10 de Julio de 1868, una nota al pie de un periódico anunciaba que un día antes un bandido había sido fusilado: Julio López Chávez. Cuatro líneas, no más. Con esas cuatro líneas se buscaba lapidar la historia de la primera insurrección socialista en México.
El “bandido” era un hombre formado en el calor de la pobreza y la batalla. Dicen que nació por ahí de 1840, pero jamás encontraron su Fe de bautizo. Fue peón de hacienda, su condición material se sumó a su instinto de clase y durante la Guerra de Reforma se incorporó al bando liberal para después acudir al llamado de la patria durante la intervención francesa y defender al país del invasor, en dicha guerra de resistencia alcanzó el grado de Coronel.
En 1861 es acusado de robo y de ahí en adelante no dejó de ser perseguido por las autoridades. Tras cinco años de andar a salto de mata conoce a Plotino Rhodakanaty, un anarco comunista griego quien llegó a México con la convicción de construir una experiencia socialista.
Colaboración internacional y la formación de Julio López Chávez
Plotino creó la Cartilla Socialista y fue el primero en traer el Manifiesto del Partido Comunista a nuestro país, también fue de las personas que lo tradujeron por primera vez.
La idea aún no muy madura de Rhodakanaty era crear una especie de falansterio donde se pudiera gozar de paz y libertad por medio de la educación y el trabajo y es así como funda la Escuela del Rayo y el Socialismo (un nombre espectacular, si me es lícito decirlo), también llamada la Escuela Libre, que fue un esfuerzo de formación política y de trabajo que hoy ha quedado muy en el olvido.
Esta escuela fue fundada en Chalco, que para ese momento era un importante punto de comercio y donde bajaban campesinos de la región a comerciar y enterarse de novedades.
Rhodakanaty venía de una Europa en plena revolución industrial y pensó encontrar algo parecido en México, pero al llegar lo que vio fue un campesinado pobre y hambriento y con ese campesinado decidió emprender su proyecto.
Julio López Chávez se formó en la Escuela del Rayo y el Socialismo y durante dos años estudió el Manifiesto del Partido Comunista de Marx y Engels, la Cartilla Socialista de Rhodakanaty, también compartió con otros futuros dirigentes del movimiento obrero y campesino mexicano como Francisco Zalacosta. El 20 de abril de 1868 el así llamado bandido lanza el “Manifiesto a todos los oprimidos y pobres de México y del Universo”. En este manifiesto declara enemigos a la iglesia y los falsos republicanos como Juárez quién no entregó la tierra que prometió a los campesinos que se alzaron para defender las Leyes de Reforma.
Así mismo expresa un muy claro ideario agrario contenido en tres demandas: 1. Socialismo; 2. Destruir el estado de vicios y explotación; 3. Reparto de tierra. Todo esto para proclamar un estado Universal de Armonía (así, en mayúsculas). Sin duda es un ideario que está muy acorde a las ideas del socialismo utópico, pero no podemos obviar que Julio López Chávez no solo escribió poesía sino que se lanzó a la conquista de sus objetivos.

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La rebelión que encabezó
El manifiesto fue un llamado a la insurrección y junto a campesinos, mujeres, estudiantes de la Escuela del Rayo y el Socialismo, así como de pobladores de Chalco (y uno que otro bandido), se lanzó a la lucha por conquistar ese programa al grito de ¡Viva el socialismo! ¡Viva la Libertad! Tras dos meses de escaramuzas y un pueblo insurreccionado, las fuerzas liberales detuvieron a Julio López Chávez, a ese “bandido” que se atrevía a llamar traidor a Juárez.
El 8 de Julio de 1868 se cumplía lo que había marcado en el manifiesto:
“Seremos perseguidos: tal vez acribillados, ¡no importa!, cuando en nuestro pecho laten esperanzas. Qué más tenemos en nuestra vida, si no morir antes que seguir perpetuando el agobio de la miseria y de los padecimientos. Se nos desprecia como liberales, se nos mancilla como socialistas y se nos condena como hombres.
Es indispensable salvar el momento, y levantar nuestros esfuerzos en torno de esa sacrosanta bandera de la revolución socialista, que dice desde lo más alto de la República: ¡Abolición del gobierno y de la explotación!”
Así, caía bajo las balas liberales el primer socialista que intentó hacer la revolución en México. Francisco Zarco, intelectual liberal, de esos que eran bien rojos, lo despreció diciendo “proclamaba ideas comunistas, cayó por delitos comunes”.
La insurrección no se detuvo con la caída de Julio López Chávez. Su movimiento influyó en sectores obreros nacientes vía Zalacosta, quien se dice fue la persona que le proporcionó las armas a Julio López Chávez. Zalacosta mismo también creo organizaciones campesinas y buscó la alianza con el campesinado.
Como socialistas debemos recordar a Julio López Chávez y la insurrección de Chalco, no solo como parte de nuestra historia sino como ejemplo de integridad con el ideal de una sociedad mejor; como alguien forjado en lo más duro de la explotación que decidió buscar un camino distinto para todos. Julio López Chávez estudió y organizó al pueblo; dio su vida por el socialismo y nos entregó uno de los más bellos ejemplos de vida y heroísmo de nuestro país.
Esas cuatro líneas que buscaban enterrarlo en la historia son, en realidad, la forma como arañó la historia para que no lo olvidemos. Tampoco olvidemos a ese griego que quiso mejorar las condiciones de vida del pueblo mexicano, no olvidemos a ese campesino y militar que dejó su vida por el socialismo, no olvidemos a todas las personas que han ofrecido su sangre para levantar la “sacrosanta bandera del socialismo” en nuestro país. !
¡Viva el socialismo!
¡Viva la libertad!
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