El oportunismo reformista en el magisterio

Viejos cómplices de la burguesía

En la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación (CNTE) se expresa lo más agudo de la lucha de clases entre la posición política de los socialistas consecuentes y el viejo y rancio oportunismo-reformista.

La base material de esta división al seno del movimiento magisterial se encuentra en los beneficios económicos que los viejos y nuevos oportunistas-reformistas obtuvieron gracias al empuje de un movimiento independiente, democrático y combativo que logró, entre otras cosas, la derrota de Jongitud Barrios, ser articulador y partícipe —junto con organizaciones campesinas, indígenas, obreras y populares— del amplio movimiento popular que tomó gran fuerza a partir de 1994 en la Convención Nacional Democrática y en el Frente Amplio para la Construcción del Movimiento de Liberación Nacional, años después.

Los beneficios económicos, los beneficios en los puestos políticos y burocráticos se obtuvieron gracias a una política de permanente conciliación con el Estado, en el mejor de los casos; porque otra parte se debe al pago por la labor de criminalización de la corriente socialista, que consistió en señalar a muchos maestros o corrientes magisteriales como integrantes de grupos insurgentes.

Así pues, el oportunismo-reformista siempre ha buscado beneficiarse, material y políticamente, de la fortaleza del movimiento socialista consecuente o de su debilidad. Ahora nuestro lector podrá comprender porqué es oportunismo.

Derrocado el “prianismo” en las elecciones federales del 2018, los oportunistas-reformistas perdieron al “enemigo”  que lo obligaba a aliarse y a aceptar de mala gana la presencia de los socialistas consecuentes; sin embargo, el oportunismo-reformista, fiel a su naturaleza política, buscó y busca la conciliación con el nuevo jefe del ejecutivo y suplica interlocución directa, sufre si no lo ven ni lo oyen desde el ejecutivo, y servilmente trata de ganar espacio en su soñada mesa de negociación mientras sacrifica a parte del movimiento consecuente.

El oportunismo-reformista sacrifica los intereses de la propia base magisterial; se convierte en el obstáculo inmediato para el desarrollo de la lucha popular independiente y proletaria de los maestros; se convierte el golpeador de sus propios compañeros, los criminaliza y hasta los denuncia frente a las autoridades que ven con beneplácito su labor traidora y cómplice.

No causa extrañeza esta actitud política de los viejos oportunistas-reformistas, esos de discurso incendiario, pero de práctica cobarde y entreguista; causa un poco de extrañeza que algunos maestros que alguna vez pertenecieron al movimiento democrático, que se dijeron congruentes con la práctica política de maestros como Misael Nuñez Acosta y que hasta los confrontaron, hoy sean sus comparsas y prefieran trai-
cionar los ideales que alguna vez dijeron enarbolar.

Los aliados del oportunismo-reformista están dentro de los gobiernos estatales, federal, en la mayoría de las empresas de comunicación —incluso hasta de las reivindicadas de “izquierda”—, en la “aristocracia obrera” de los sindicatos charros y neocharros, en todas aquellas organizaciones y personas que han hecho de la práctica política de golpear política, ideológica y materialmente al movimiento socialista consecuente su moneda de cambio para negociar con las autoridades del Estado y lograr así beneficios materiales y políticos.

Los aliados de los maestros socialistas consecuentes están en las organizaciones populares y de carácter proletario; en quienes enarbolamos la bandera de la lucha por la democracia popular y el socialismo y nos encontramos en la lucha por satisfacer las necesidades inmediatas del pueblo oprimido y explotado, y en la construcción del socialismo; en las organizaciones que no subordinamos la lucha política a la lucha económica y nos esforzamos día con día en avanzar en la construcción de la conciencia proletaria entre nuestros hermanos de clase y los arrancamos de la influencia ideológica de la burguesía y de la pequeña burguesía.

Nada podrá destruir los lazos de camaradería y solidaridad entre las organizaciones de carácter proletario; el oportunismo-reformista llama a la “no intromisión” en la CNTE; exige que los socialistas consecuentes traicionemos a quienes luchan con nosotros, cada quien desde el espacio donde desarrolla su trabajo político. Jamás aceptaremos ese chantaje digno de quienes desde hace décadas señalaban a sus opositores como integrantes de organizaciones armadas revolucionarias para que fueran asesinados o detenidos-desaparecidos.

Hoy ya cambiaron de acusación; ahora dicen que son golpeadores, delincuentes, paramilitares, porque acusar a una persona consecuente de ser guerrillera ya no causa el mismo efecto que causaba antes, sin embargo, la intención de la acción es la misma: aislarlos políticamente de las masas para que el Estado los detenga, los torture, los encarcele o desaparezca para así poder seguir beneficiándose materialmente de la lucha consecuente de otros y vivir como “mártires” de una lucha que ellos nunca han dado. Cómo se parecen a los viejos dirigentes del Partido Comunista Mexicano que denunciaron a quienes se incorporaban a la guerrilla, se deslindaban de los radicales Arturo Gámiz, Genaro Vázquez y Lucio Cabañas, sólo por mencionar a maestros revolucionarios y una vez asesinados lucraron con su nombre y la lucha para ganarse espacios políticos y prebendas materiales otorgadas por el Estado.

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