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La independencia en México y los nuevos gachupines

 “La historia ocurre dos veces: la primera vez como una

gran tragedia y la segunda como una miserable farsa”​

Karl Marx El 18 de brumario de Luis Bonaparte

Los sueños de libertad del yugo de la corona española cabían en el grito de guerra “a colgar gachupines” cuando cientos de campesinos, indígenas y criollos guiados por el insurrecto cura Hidalgo salieron a las calles para iniciar la guerra independencia.

Así podríamos finalizar los tres siglos de opresión que vivimos, pensando en que la historia se construye de forma espontánea, sin prestar atención a todas las rebeliones indígenas que hubo antes de la independencia y las condiciones que llevaron al pueblo a salir a luchar contra la corona. Para entender todo el panorama económico, político y social debemos tener un método de análisis y es ahí donde el marxismo da en el clavo, pues al ser una ciencia para entender la realidad podemos comprender cómo es que se gestó la independencia.

Iniciaremos con un breve recorrido en la historia antes de la conquista, para entender que existen particularidades en cada sistema económico por el que hemos pasado: desde la comunidad primitiva hasta el capitalismo; pero también tienen elementos similares: el trabajo y en la forma de producción social. En toda sociedad la necesidad de producir cambiará con el grado de desarrollo de las herramientas, de las fuerzas productivas y la forma en que se van a organizar como sociedad para producir.

En nuestro caso, México más que haber vivido en la esclavitud como la griega o romana, vivíamos en el despotismo tributario. La actividad principal en las comunidades era la producción agrícola (y en las naciones y tribus más fuertes la guerra) cabe destacar que los esclavos mayormente eran destinados al sacrificio, a labores domésticas o tareas de la tierra, sólo eran esclavos cierto tipo de personas (los ladrones, estafadores y presos de guerra) sin que su vida fuera propiedad del amo.  De esta estructura despótica tributaria, nace la superestructura, las clases sociales, el ejército, los centros religiosos, surgen instituciones creadoras de leyes que defienden y sirven para sostener la forma de producción social y de relaciones sociales para la misma.

Pero el curso de nuestra historia se verá afectado por la llegada de los españoles que ya tenían altamente desarrollado el feudalismo. Esto permitió superar las relaciones de despotismo tributario en Nueva España para sentar las bases del nuevo sistema feudal. Esta transición reconfiguró a la sociedad, surgen nuevas clases sociales, instituciones que justificaran la invasión, se cambiará la vida social, del politeísmo a las creencias monoteístas, nacerá una nueva forma de producir y nuevas costumbres, ahora las comunidades pasaran a ser una mezcla de siervos y esclavos para los señores feudales españoles en nombre de la corona. Hasta aquí nuestro vago recorrido de la historia antes de la independencia.

A causa de la subordinación y explotación de los pueblos indígenas y el desprecio a los criollos, esos pueblos y posteriormente lo criollos se insurreccionan muchas veces pero siempre fueron derrotados hasta la llegada de Morelos, Vicente Guerreo e Iturbide. Si bien son personajes importantes para este proceso revolucionario no debemos perder de vista que la historia no se suscita por hechos aislados o por personajes “salidos de la nada” sino que fue el largo proceso de organización e insurrecciones, que se fueron gestando durante los tres siglos de opresión, de lucha encarnizada entre opresores y oprimidos, de la lucha de clases en su esplendor y de la representación de éstas  mismas con personajes que supieron representar a su clase como Hidalgo, Galeana, Calleja e Iturbide.

Si hablamos de Morelos e Iturbide, debemos entender sus condiciones de clase, sus ideologías y a las clases sociales que aglutinaban para entender el carácter de la independencia. Ignorarlo nos condena irremediablemente a caer en el culto de la persona y a no entender cuál es el motor de la historia. Por tanto, el curso de la historia nos dirá que, ya por 1810 en Inglaterra ya se desarrollaba el capitalismo, la revolución en Francia culminado y la clase feudal derrotada. Una nueva forma de producción estaba sepultando a la vieja forma de producción feudal. Ante este acontecimiento la Corona Española no logró dar el ancho de competir con la producción capitalista, sumado a que los españoles y criollos de la Nueva España se estaban enterando de todos esos procesos revolucionarios, la conciencia social así como el desarrollo de las fuerzas productivas (la producción industrial junto con la máquina de vapor) llevaron a la contradicción más grande de la que no se pudo salvar el feudalismo, el desarrollo de las fuerzas productivas se veía limitado por las viejas formas feudales de producción.

Entre el mar de sucesos, en Nueva España surgirán dos grandes posturas: una que buscaba la independencia con Iturbide quien propondrá el “Plan de Iguala” teniendo principalmente como aliados a los criollos radicalizados y a la iglesia en busca mantener su dominación sin acabar con la explotación, proponiendo la formación del imperio mexicano con la toma de poder de Fernando VII. Y Morelos por su lado con “Los sentimientos de la nación” que va a representar a los sectores populares y, en menor parte a los criollos radicalizados, pero que, si van a cuestionar la explotación propondrán acabar con la esclavitud y las castas, teniendo como plan la conformación de una nación independiente.

De esta lucha de clases la postura más conservadora (representada por Iturbide y la popular Vicente Guerrero) culminará todo el proceso con el “Plan de Iguala” donde la explotación continua, pero sin el yugo de los españoles.

Dicho lo anterior podemos concluir que en la actualidad: hemos vuelto a perder nuestra independencia, quizás ya no sea como en la conquista de 1521, pero el ser un país subordinado por las relaciones comerciales, de seguridad y demás tratados internacionales que anteponen los intereses de los oligarcas, del capital monopolista trasnacional y de las cúpulas de poder, veremos que en cierto sentido la historia se repite. Condenados estamos los desheredados, los proletarios si no luchamos. Nuestra labor debe de ser la de recuperar la que se nos ha robado desde la conquista, de lograr ula independencia del capital, por la democracia popular y el socialismo.

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