La solución: terminar con la explotación

El 12 de noviembre el ejecutivo federal presentó la propuesta para prohibir la subcontratación. Este anuncio llamó la atención tanto de los empresarios como de los trabajadores. Por un lado, los dueños del dinero se pusieron a gritar a los cuatro vientos “¡rompieron el acuerdo!” en clara referencia a las negociaciones que hace meses realizaron con Ricardo Monreal para frenar la anterior propuesta para prohibirlo.

A los pocos días, por ahí del 12 o 13 de noviembre, Ricardo Monreal calmó a las bestias y casi casi les dijo que su palabra es de caballeros y entre caballeros no hay traición… o, mejor dicho, entre burgueses se entienden.

El lunes 23 del mismo mes los empresarios se reunieron con el presidente y algunos integrantes de su gabinete para expresar las bondades del outsourcing, para decir que gracias a esta forma de relación laboral las empresas son competitivas, y se manifestaron en contra de la evasión fiscal al reconocer el daño que ésta hace a las finanzas públicas. Todo para exigir que no se aprobara la reforma que el jefe del Ejecutivo propuso.

El resultado de esta visita fue que se pospuso una semana la revisión y aprobación de esta iniciativa por la Cámara de Diputados. La fecha cambió del 26 de noviembre al 3 de diciembre.

A la burguesía se le otorgó el tiempo para demostrar que hay outsourcing “bueno”, como lo diría la integrante del gabinete Luisa María Alcalde, quien coincide con los empresarios que representa. Sin embargo, ese tiempo no se les dio a los trabajadores para demostrar que dicha forma de relación laboral agrava el robo de la riqueza que generan con su trabajo y es una nueva forma de esclavitud moderna, por muy “buena” que sea.

Sin saber el contenido final de la reforma, millones de trabajadores celebraron la medida, pues oficialmente 4.5 millones de trabajadores se encuentran bajo este esquema de trabajo, aunque hay quienes hablan de hasta 16 millones, si tomamos en cuenta todas las formas de subcontratación y no únicamente el outsourcing.

Sin duda, esta propuesta demuestra los límites y alcances del proyecto del actual gobierno federal, lo irreconciliable de los intereses de la clase burguesa y de la clase proletaria y las vacilaciones de la pequeña burguesía que, muy “radical” en sus propuestas, siempre mete freno ante el descontento empresarial.

Al mismo tiempo que se propone prohibir la subcontratación (en realidad el outsourcing, entendido como el uso de un tercero para romper la relación obrero-patronal) se mantiene el camino libre para que existan “trabajos especializados” o que se pueda subcontratar, mientras no se afecte el objeto social de la empresa. Nos explicamos: Si yo tengo una empresa que produce televisores y mi objeto social es la producción y comercialización de televisores, bien puedo subcontratar a una empresa que dé mantenimiento a mi equipo y limpieza a mis inmuebles, transporte mis televisores o que brinde seguridad; todo esto estaría aceptado por la ley, aunque en términos generales todo tenga que ver con el proceso de producción y distribución de mi mercancía. Así de ambiguo está el asunto.

Sin embargo, esto no sólo demuestra la necesidad de conciliar con los burgueses y de dejar esas rendijas por las cuales se sigue colando la explotación, sino que demuestra en los hechos el propio límite del proyecto federal, pues, al no querer tocar los intereses económicos de la burguesía, termina por echar a la borda los derechos de los trabajadores.

¿A qué nos referimos con esto? A que si realmente se propusiera un proceso de justicia para los trabajadores y devolver al pueblo lo robado, todo el sector de las “agencias de colocación” y las grandes empresas especializadas tendrían que pasar a manos del Estado para que sea éste quien regule la colocación de mano de obra y vele por los derechos de los trabajadores, además de que, si se trata de tan lucrativo negocio, pues qué mejor que sus ganancias vayan a parar a los manos de los trabajadores y del Estado para mejorar las condiciones de vida del pueblo.

El gobierno, entonces, no sólo debería contratar a los más de 500 mil trabajadores que sus diferentes dependencias subcontratan, sino que debería resolver la situación de todos los trabajadores que serán despedidos por los empresarios bajo el argumento de no poder mantener los empleos bajo la nueva legislación.

Nosotros proponemos que las empresas subcontratistas sean prohibidas, que todos los trabajadores sean contratados por las empresas que reciben el servicio o, en su defecto, que los bienes muebles e inmuebles de la empresa, así como sus cuentas bancarias, sean expropiadas y pasen a manos de los trabajadores, conformando cooperativas con un supervisor nombrado por el Estado y que sólo el Estado pueda fungir como “agencia de colocación” y que brinde la capacitación necesaria.

Y aquí tenemos que advertir: incluso nuestra propuesta no rebasa los límites del capitalismo, pues, aunque los trabajadores sean contratados por la empresa o institución de gobierno correspondiente, seguiría existiendo la explotación del trabajador. Esto nos deja claro que la única manera real y verdadera para obtener justicia laboral es eliminando la propiedad privada sobre los medios de producción y construyendo una sociedad socialista, la cual no esté basada en la explotación, sino en la solidaridad de todo el pueblo.

El caso del outsourcing es un caso de entre muchos otros que muestran que para terminar con el neoliberalismo no basta con mejorar ciertas condiciones o cambiar algunas leyes, pues seguirá existiendo el capitalismo y, con éste, el despojo, la explotación y la represión. Esta propuesta es lo que el presidente llamaría “estirar la liga sin romperla”.

Para acabar de raíz con el neoliberalismo tenemos forzosamente que destruir el capitalismo y construir la democracia popular y el socialismo; solamente así seremos nosotros los trabajadores quienes determinemos la producción, quienes decidamos sobre nuestro destino.

La propuesta del gobierno federal no es tan mala, pero tampoco es suficiente, alivia el dolor, pero deja el origen de la enfermedad. Por eso nos corresponde a nosotros organizarnos y luchar.

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