ArtículosFragua#114Mujeres construyendo historia

Las mujeres en la OLEP. Por un 8M socialista

Las Mujeres en la OLEP

Nos encontramos en medio de una grave crisis del sistema capitalista, lo podemos observar en los diferentes acontecimientos a nivel mundial: la pérdida de la hegemonía económica y política de Estados Unidos y de los otros países imperialistas; el recrudecimiento del genocidio contra el pueblo palestino; el intento de golpe de Estado impulsado por el imperialismo francés contra el gobierno de Burkina Faso; el secuestro del Presidente Nicolás Maduro y la primera combatiente Cilia Flores; y la intensificación del bloqueo económico a Cuba, frente al cual México; a pesar de la insistencia de la presidenta de declararnos como un país soberano, detuvo el comercio de petróleo con Cuba, ha firmado un acuerdo sobre tierras raras con EU y continua las negociaciones del T-MEC.

Estos hechos afectan la realidad cotidiana de las mujeres proletarias del mundo y de México. En Palestina, las mujeres y niños son blanco principal del nazisionismo; la tortura sexual se ha transformado en una forma sistematizada de represión de los pueblos y cada vez es más común la violencia con tintes fascistas implementada a través del ice yanqui, al convertir a mujeres y niños en uno de sus objetivos.

La violencia del capitalismo

Es necesario no dejarnos engañar por la aparente lejanía geográfica, pues la violencia del capitalismo también se ve reflejada en nuestro país, en la vida del pueblo en general, y de proletarias mexicanas en particular, a través de los feminicidios, del incremento de condiciones de informalidad laboral, de la precariedad en servicios de salud, del encarecimiento de la vivienda, del descenso de la seguridad y el aumento del costo y tiempos en los traslados diarios, entre otras violencias que no terminaríamos de nombrar.

La llegada de Claudia Sheinbaum a la presidencia ha traído avances en materia de género, como el reconocimiento constitucional del derecho de las mujeres a una vida libre de violencia, a la igualdad salarial y a recibir procesos de seguridad y justicia con perspectiva de género; se han implementado programas sociales como el Programa de Pensión Mujeres Bienestar y se fortalecieron las instituciones para la atención a la violencia contra las mujeres con la creación de la Secretaría de Mujeres, la creación de la Cartilla de Derechos de las Mujeres y la implementación del Sistema Nacional de Cuidados.

Sin embargo, estas medidas se han concentrado en programas sociales y reformas legales que no necesariamente se reflejan en la eliminación de la violencia en la vida cotidiana de las mujeres, pues no representan cambios en la base estructural de la sociedad, es decir, en la forma en que nos organizamos como sociedad para producir: un sistema económico basado en relaciones sociales capitalistas y en la apropiación privada de los medios de producción, bases en las que se origina y perpetúa la violencia y la desigualdad hacia las mujeres (véase el artículo Marxismo y Feminismo https://bit.ly/46zPRlJ).

La prueba más evidente de que estos avances no han sido suficientes es la incapacidad o la falta de voluntad política del gobierno de la 4T para generar empleos formales y dignos, lo que condena a más de la mitad del pueblo trabajador a la economía informal y a la inseguridad, condición que afecta especialmente a las mujeres. En el discurso del actual gobierno se dice que esas condiciones son herencia de los gobiernos neoliberales que precarizaron el sistema de seguridad social y redujeron derechos laborales, pero un gobierno que vela por los intereses del pueblo trabajador no se puede limitar a hacer reformas constitucionales y programas sociales para erradicar la violencia hacia las mujeres, es necesario que se erradiquen las causas materiales que originan esas violencias y para ello, el primero paso es garantizar el acceso pleno a derechos humanos básicos como a un empleo digno y a la seguridad social (la cual incluye la prevención de enfermedades, atención médica gratuita y de calidad, la recreación y la colectivización del trabajo de cuidados con el Estado a la cabeza), tal como lo demandamos en nuestro Programa Mínimo de Lucha, en los puntos 9 y 11 (https://bit.ly/4qskock).

Nuestra postura como mujeres que formamos parte de la construcción de una organización marxista-leninista, de carácter independiente y proletaria es que la lucha por demandas inmediatas para todas las mujeres no nos debe alejar de nuestra lucha principal como mujeres proletarias: la lucha por la democracia popular y el socialismo. Por ello, la lucha por la emancipación de las mujeres no nos debe de separar de nuestros hermanos de clase, no porque las demandas particulares sean menos importantes, sino porque compartimos una misma raíz responsable de todos los problemas y violencias que sufre el pueblo trabajador: el capitalismo y la propiedad privada.

La opresión hacia las mujeres no es nueva ni nace en el capitalismo, tiene su origen con la aparición de la propiedad privada, cuando las mujeres fueron relegadas y oprimidas, pero siempre ha habido una gran diferencia entre las mujeres explotadoras y las explotadas. Esto lo observamos en nuestro país cuando vemos a Altagracia Gómez y a María Asunción Aramburuzabala Larregui, mujeres burguesas de nuestro país, pelear por tener espacios para controlar los medios de producción para tener igualdad de condiciones con los hombres burgueses para poder explotar al pueblo. Para ellas se trata de eso, de llegar a los lugares que profesan los burgueses en el capitalismo.

El pan de cada día para las mujeres proletarias son los feminicidios y los salarios insuficientes, las jornadas laborales extenuantes, los despidos injustificados, el acoso y el hostigamiento sexual en los trabajos, la discriminación laboral, la precarización laboral, la ausencia de seguridad social, la impunidad y un largo etcétera que no terminaríamos de enumerar.

Por eso, nos mantenemos críticas a los feminismos burgueses que no buscan la supresión de la explotación. Para nosotras, el 8M es una fecha para tomar las calles, pero no al lado de la burguesía, que a lo largo de los años se ha apropiado de las luchas de los pueblos para arrebatarles su verdadero significado. Para nosotras, la lucha no es entre sexos, no es sólo por igualdad ni por reformas parciales: es lucha de clases.

Las mujeres en la OLEP

Las mujeres de la OLEP sabemos que, además de transitar a un sistema de producción socialista se requieren largos y profundos procesos de reeducación para la eliminación total de la violencia hacia las mujeres, por ello, esos procesos de reeducación, de crítica y autocrítica ya son parte de nuestros pilares organizativos, pues pertenecer a una organización no erradica automáticamente las prácticas machistas y patriarcales que hombres y mujeres venimos heredando desde generaciones atrás, nuestra tarea diaria es reeducarnos entre compañeras y compañeros en el ejercicio de nuestras actividades políticas, ejercer la crítica fraterna, aprender del error y nunca convertirlo en virtud.

Compañeras proletarias, retomemos este día de lucha con la verdadera postura de la clase trabajadora, no estamos solas porque es una lucha del pueblo trabajador. Te invitamos a conocer nuestro PML, a inscribirte y ayudarnos a difundir las diferentes escuelas de Derechos Humanos Laborales en CDMX, Puebla y Toluca.

¡Contra la explotación y violencia hacia las niñas y mujeres, resistencia, organización y lucha por el socialismo!

Es tiempo de mujeres, pero de mujeres proletarias

Es tiempo de mujeres, pero de mujeres proletarias

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