Subcontratación, ¿un acuerdo histórico?

El diablo está en los detalles

Hace unas semanas se anunciaba un acuerdo histórico entre el charrismo sindical, las cámaras empresariales y el gobierno federal respecto al tema de la subcontratación. Dicho acuerdo perfilaba la reducción de este modelo de flexibilización laboral que limitaría el expolio neoliberal al tiempo que mantuviera las ganancias de los grandes empresarios, todo con tal de atenerse a “no ser corruptos” y “pagar sus impuestos”.

La reforma al outsoursing (o subcontratación) fue aprobada por el poder legislativo y traducida en leyes el pasado 23 de abril. Este acuerdo ha sido insignia de la Secretaría del Trabajo desde que se reiniciaron las negociaciones entre las “partes en conflicto” y se ha mostrado como un gran paso para mejorar las condiciones de vida de los trabajadores.

Ahora bien ¿qué tanto de esto hay en el texto final publicado en el Diario Oficial de la Federación? Por una parte, ya se nos adelantaba que la subcontratación no desaparece, sólo se regula. Se mantuvo aquella postura de la secretaria del Trabajo y Previsión Social, Luisa María Alcalde, quien afirmó que “el outsourcing es como el colesterol, hay bueno y hay malo, sólo que éste último ha proliferado más”. Las modificaciones a la ley eliminan la subcontratación “mala”, es decir, aquella que dejaba a cualquier área ser susceptible de subcontratación y sólo dejó la “buena”, es decir, la que mantiene el objeto social de la empresa con trabajadores de base y todo lo que está alrededor puede entenderse como “servicio especializado”.

Nos explicamos. Pongamos de ejemplo una empresa, o más bien grupos de empresas, bien conocidas por todos, como Grupo Salinas. Esta corporación utiliza de manera generalizada el esquema del llamado insourcing el cual sería prohibido según el “acuerdo histórico” entre los charros, las empresas y el gobierno pero al final, los legisladores salvaron la situación y lo mantuvieron.

Pero ¿qué es el insourcing? Es una forma de subcontratación en la que un grupo crea empresas con el mismo dueño y distinto “objeto social” y se prestan “servicios especializados” entre ellas. Así, Grupo Nach, propiedad de Ricardo Salinas Pliego, le presta “servicios especializados” a Elektra para cobros y ventas por medio de los llamados “call center”. A su vez Grupo Nach contrata bajo distintas razones sociales, así puedes llegar a trabajar en un mismo lugar por seis meses, pero bajo tres empresas distintas.

Todo esto que apesta a fraude sigue siendo totalmente legal. Aunque tú jamás conociste a nadie de Grupo Nach, aunque todo el tiempo hablabas a nombre de Elektra resulta que trabajabas para una empresa de ese grupo y no entrabas en las utilidades del grupo en general ni de Elektra ni de Grupo Salinas, sino de una empresa fantasma que registra menos de 300 mil pesos de utilidades anuales… y todo bajo el cobijo de la legalidad.

Entonces ¿qué prohíbe la nueva ley? El punto más fuerte es que obliga a las empresas que subcontratan a registrarse ante la stps (padrón que ya existe actualmente pero que no penalizaba a las empresas en caso de no estar adscritas al mismo) y no pueden subcontratar a nadie que corresponda al objeto social, es decir, una empresa de transporte no puede subcontratar a conductores ni mecánicos, pero podría subcontratar a quienes hacen la limpieza, cobros o labores administrativas.

Al mismo tiempo obliga a los patrones a presentar los contratos con sus trabajadores y su registro ante stps de manera cuatrimestral, así como obliga a los patrones a permitir las inspecciones de las autoridades laborales so pena de multa de hasta 5 mil Unidades de Medida y Actualización (umas).

En cuanto a los trabajadores al servicio del Estado es casi el mismo, pues se permite subcontratar en caso de que sean “servicios especializados” como intendencia o mantenimiento, por citar ejemplos en los que se observa de manera generalizada la subcontratación en gobierno.

Ahora bien, un análisis crítico de las reformas de ley en materia de subcontratación nos permite clarificar el panorama respecto al camino a seguir como trabajadores que vivimos estas condiciones laborales tanto en el ámbito público como en las empresas privadas.

En este sentido, debemos seguir luchando por el fin total y completo de la subcontratación en cualquiera de sus formas; al mismo tiempo orientar nuestro trabajo a la lucha en los sectores público y privado para que todos los trabajadores pasen a ser parte de la empresa o institución que está haciendo uso de su trabajo y obteniendo ganancias gracias a la extracción del plusvalor generado en la jornada laboral.

Si ellos dicen que son empresas especializadas, nosotros debemos demostrar la incoherencia de estas mismas palabras porque esos actos “especializados” también son parte del propio proceso productivo de las empresas y que les ayudan a obtener ganancias.

Debemos pedir que se extiendan las inspecciones de las autoridades laborales a todos los centros de trabajo donde existe la subcontratación y que se les aplique la ley de extinción de dominio en caso de que evadan impuestos o limiten los derechos laborales utilizando la subcontratación. Todas las empresas que se beneficiaron de esta forma neoliberal de flexibilidad laboral deben pasar a manos de los trabajadores en forma de cooperativas con un administrador nombrado por el Estado.

Como hemos dicho, los socialistas aceptamos las reformas en función de fortalecer la lucha por la democracia popular y el socialismo, y no sólo eso, sino que somos nosotros quienes haremos que se cumplan de la manera más consecuente y quienes debemos demostrar a las masas sus límites y alcances. Es un sueño pensar que el gobierno organizará a los trabajadores o que de la nada obligará a las empresas a darnos los derechos que nos corresponden, lo real es que la liberación de los trabajadores llegará por los trabajadores mismos y en ese aspecto debemos organizarnos más, luchar más, no dejar la movilización y ampliar todas las formas de agitación y propaganda en pro de nuestros derechos inmediatos e históricos.

Al mismo tiempo, debemos demostrar que este gobierno no terminará con el neoliberalismo y que su afán de conciliar el interés de las distintas clases sociales terminará por fortalecer al propio sistema capitalista, pero también es necesario utilizar este momento de mayor democracia para arrancarle victorias al gobierno reformista medio neoliberal y la burguesía, como una forma de enseñarle al pueblo que si se lucha se gana. Es necesario avanzar en la lucha no sólo por derechos sino por la transformación socialista de realidad pues es la única garante de que las leyes no sólo sean papel mojado sino una realidad concreta.

¡Trabajo digno, salario justo y seguridad social!

¡Subcontratación, nunca más!

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