Fragua en linea #117ArtículosColaboración

Partido Revolucionario de los Trabajadores, (PRT). Argentina

PRT Argentina

Vivimos un mundo atravesado por grandes convulsiones permanentes. No importa si estamos en México, China, EEUU o Argentina, aunque a cada cual nos cabe nuestra tarea, la vertiginosa realidad amenaza con corrernos el eje permanentemente. ¿Desde dónde tirar para desatar el nudo de la lucha de clases en este momento de la historia? Esa es la pregunta que, en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), en Argentina, nos hacemos al momento de plantear cada paso en nuestra actividad: desde el programa político, hasta el último volante en un alejado taller industrial.

No pretendemos aquí hacer una revisión total de nuestro programa, pero sí apuntar un elemento que nos parece central: el papel de la clase obrera como sector de vanguardia del proletariado y del pueblo oprimido.

Durante tres décadas, la burguesía consiguió derrotar a la clase obrera, que venía protagonizando una ofensiva histórica, para pasar ahora a un período de retraimiento y pérdida de conciencia política. Con la caída del llamado “campo socialista” —donde, mas allá de las caracterizaciones que hagamos en cuanto a su contenido socialista, no dejaba de ser terreno vedado para la integración trasnacional del capital— y la apertura de China al mercado de capitales, al capitalismo se le abrieron gigantes compuertas para la expansión del imperialismo: mano de obra barata y nuevos mercados de consumo que le darían oxígeno a las crisis de superproducción. De la mano con ello, la renovación de capital fijo y el aumento en la productividad del trabajo que vino con la “revolución tecnológica” y los increíbles adelantos en telecomunicaciones —que luego acabarían formando una burbuja explotada en la famosa crisis de las puntocom en el 2001— acorralaron a la clase obrera. La recesión, las olas privatizadoras, y el recambio de nodos industriales con grandes huelgas derrotadas en el medio (como los mineros británicos en 1984) demolieron la conciencia obrera.

La prensa global y los filósofos de turno se ufanaban hablando del “fin de las ideologías”, el “fin de la historia” y el “fin de la lucha de clases”. Los intelectuales de izquierda salían azarosos a buscar nuevos “sujetos sociales” pues la clase obrera había desaparecido frente al avance de la robótica y las computadoras.

En las noticias no existían huelgas obreras, hasta la palabra parecía vetada, y en su lugar comenzó a hablarse de “clase media”, “multitudes” y procesos de “desindustrialización”, mientras fábricas de última tecnología se instalaban en modernos parques industriales.

Hoy, a treinta años de aquel proceso, el lector debe tener sentimientos encontrados ante estas palabras. ¿No escuchamos acaso los mismos argumentos cuando nos hablan de Inteligencia Artificial como si fuera a suplantar el trabajo humano? Y contradictoriamente, ¿alguien medianamente informado, y en sano juicio, escucha hablar de la inexistencia actual de la clase obrera?

Por un lado tenemos el deseo de la burguesía, es decir, introducir nuevamente el pensamiento de que la clase obrera no existe; que el obrero no se identifique como clase, sino como un individuo aislado en el cuerpo social, un “clase media”. Por el otro, una clase obrera que es inocultable, porque empieza a irrumpir socialmente a través de la lucha: en México, en Argentina, en China y en Estados Unidos. Es innegable que los obreros automotrices existen en Estados Unidos cuando vemos huelgas como la de General Motors en 2019, que duró 40 días y contó con la solidaridad de los obreros de GM en Corea del Sur. El problema de la conflictividad obrera en Estados Unidos es tan grande que por temporada recibe nombres especiales, como la Great Resignation,el striketober, o el Quiet Quitting. Es innegable que existe la lucha de clases en China cuando observamos levantamientos como los de Foxconn(la principal planta de ensamblaje de iPhone) en noviembre del 2022, donde 200 mil obreros abandonaron sus puestos de trabajo con enfrentamientos a la policía bajo consignas “contra el maltrato laboral”; tampoco se pueden negar las huelgas en Francia, Italia, España o Inglaterra.

La clase obrera está dando serios pasos, a nivel internacional, en el proceso de reconstrucción de su propia conciencia. Y aquí volvemos al punto inicial: ¿Desde dónde tirar para desatar el nudo de la lucha de clases?

Estamos completamente convencidos que la tarea del día es empujar para que la clase obrera reconstruya su conciencia política, su conciencia de clase; que emerja como la vanguardia del proletariado y del pueblo oprimido; que se ponga a la cabeza de la lucha de clases.

No es un capricho, sino un problema eminentemente práctico: la clase obrera, es decir, los asalariados directa o indirectamente ligados a la producción (fábricas, transporte, minería, energía, producción agropecuaria, etc.) no solo están organizados de manera diferente al proletariado de servicios, a las masas desocupadas, o al trabajador por cuenta propia, sino que además tienen la capacidad de detener de manera inmediata la generación de riqueza. Si se traba la rueda de la producción, se detiene el enriquecimiento capitalista. Ese factor objetivo es el que posiciona a la clase obrera como la vanguardia de todo el pueblo trabajador.

La revolución es una necesidad para todo el pueblo oprimido, de eso no cabe ninguna duda, pero la pregunta durante todos estos años es: ¿Cómo avanzamos hacia esa revolución socialista? La irrupción de la clase obrera al frente de la lucha de clases pensamos que es la respuesta táctica inmediata, el paso necesario en este momento de la historia.

Resuelto este punto, lo siguiente que se nos viene a la cabeza es cómo llevar adelante esa tarea de formación de conciencia y organización de la clase. Y aquí llegamos a un punto que encuentra similitudes extraordinarias con países tan diferentes como México o Argentina: la constitución actual de los sindicatos como verdaderas instituciones integradas al Estado, con sus burocracias sindicales trabajando al servicio de las empresas, persiguiendo trabajadores, y entregando compañeros y compañeras constituye el primer escoyo que debemos “saltar”.

En nuestra experiencia, la respuesta no está en la formación de nuevos sindicatos —que terminan así mismo integrados institucionalmente, por las propias reglas de juego del sistema—, ni en la “recuperación” sindical como tarea principal (nos referimos a ganar elecciones sindicales con listas combativas). Ninguna de las dos formas de lucha puede ser completamente descartada, pero en nuestra experiencia la respuesta está en la superación de los elementos legales mediante la organización concreta de la base trabajadora.

La “democracia sindical”

La “democracia sindical” reproduce el sistema representativo característico de la democracia burguesa, en donde “el delegado” tiene atributos superiores a la base trabajadora, transformándose en un administrador de trámites y reclamos. En su lugar, debemos recuperar la verdadera democracia obrera, que es una democracia directa por su metodología, sustentada no en la legalidad ni la representatividad de los delegados, sino en la asamblea de base. Asamblea en los sectores de trabajo para discutir, resolver y tomar medidas de acción directa sobre los problemas que afectan al sector, y de allí, hacia la construcción de asambleas generales de empresa.

Es necesario que la base trabajadora se identifique como protagonista de la historia, y no sus “representantes”. 

En Argentina, desde la década de 1990 se han observado distintas expresiones de ruptura institucional. Frente a la crisis institucional surge así la autoconvocoatoria, una forma de organización espontánea de masas. Se sucedieron así varios levantamientos, siendo el primero el Santiagueñazo en 1993, en donde el proletariado se levantó contra el gobierno en la provincia de Santiago del Estero incendiando la casa de gobierno. Luego vinieron otros levantamientos de características similares, como preludio de la rebelión del 2001, donde el protagonismo en términos organizacionales, estuvo dado por la explosión autoconvocada: ante cortes de energía, asamblea espontánea “autoconvocada” en el barrio y corte de rutas; frente al abuso policial, “autoconvocatoria” contra la comisaría; frente a la falta de trabajo, los desocupados se autoconvocaron para obtener trabajo y alimentos.

Con una particularidad: la clase obrera, en sus lugares de trabajo, todavía no rompía con la tutela sindical. Se autoconvocaban los desocupados, los estatales, las mujeres, los vecinos de los barrios para resolver problemas puntuales, etc. Pero en el ámbito de la producción, no sucedía.

Desde el año 2020 una oleada de conflictos obreros a empezado a fracturar esa situación. Se han producido conflictos autoconvocados, en donde los obreros y obreras organizados en asamblea se han plantado desconociendo a los sindicatos como interlocutores. El máximo ejemplo es la reciente rebelión de los obreros contratistas de Ternium, en donde 3,500 metalúrgicos pasaron por arriba al sindicato y rodearon de piquetes la fábrica en septiembre del 2024.

Sin embargo, este proceso todavía no se ha generalizado; tampoco se desarrolla como un proceso conciente socialmente. Este es un paso fundamental que debemos dar para la reconstrucción de la conciencia de clase y la irrupción de la clase obrera al frente de la lucha de clases.

Por eso, a la eterna pregunta “¿Qué hacer?”, desde el punto de vista de las tareas en los lugares de trabajo, pensamos que debemos formar agrupaciones de base que impulsen la democracia obrera —es decir, directa— mas allá de la tutela sindical. Esto no implica abandonar la tarea de desplazar a la burocracia de los sindicatos, pero la “elección sindical” pasa a ser una tarea complementaria. ¿Para qué queremos “recuperar sindicatos”? ¿Para reproducir su misma lógica de funcionamiento actual? No, sino para sacarnos de encima la persecución burocrático policial que nos impone el sindicato, y pasar a utilizar formas libres de autoorganización: la asamblea de base en cada sector de trabajo, la asamblea general, y las medidas de acción directa.

Las tareas de los revolucionarios, desde ya, son más complejas, y este aspecto no resuelve por sí mismo el problema de la construcción de partido revolucionario, o de la conciencia socialista en las masas. Pero de manera sintética, expresa el eje fundamental de nuestro programa político, es decir, de la táctica que nos damos para avanzar hacia un proceso revolucionario en Argentina.

Síguenos en nuestras redes sociales:

Correo: olep.contacto@gmail.com y fragua.contacto@gmail.com

Facebook: https://www.facebook.com/olep.fragua

Instagram: https://www.instagram.com/olep_fragua/?hl=es-la

Linktr.ee: https://linktr.ee/fraguaolep

WhatsApp: 5578375605

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

eleven + nine =