De la explotación a la organización, un proceso dialéctico

SEGÚN DATOS del Instituto Nacional de Esta- dística y Geografía (Inegi), de los 127 millones de mexicanos tan sólo 2.5 millones son empleadores, es decir, el número total de burgueses y pequeño burgueses en nuestro país. De ese total, tan sólo 3,790 entran en el llamado grupo de “personas con un patrimonio neto ultra alto” el cual incluye a todas las personas en el mundo que tienen fortunas de más de 30 millones de dólares (600 millones de pesos) y de ese exclusivo grupo existe una súper élite de 16 personas que tienen más de mil millones de dólares en los bancos.

En contraste, sólo el 4% de los mexicanos trabajadores tiene un salario de más de 15 mil pesos al mes, mientras que el 29% gana un salario mínimo o menos y el promedio del salario es de 6 mil pesos mensuales, muy por debajo del salario mínimo de $19,209.60 que calcula el Centro de Análisis Multidisciplinario de la Universidad Autónoma de México (UNAM) para poder tener una vida mínimamente decorosa.

¿Qué nos dicen estos números? Simple y sencillamente que nuestro pueblo vive en la miseria, en el hambre, la desnutrición. Que los salarios no son para tener una vida digna sino simplemente para sobrevivir un día más en condiciones penosas mientras un puñado de burgueses incrementa su riqueza a costa de la vida de la mayoría del pueblo.

Sin embargo, aún sin conocer estos datos, el pueblo trabajador sabe su situación, sabe que para muchos quedarse en casa en me- dio de una pandemia es poco menos que un sueño, algo que hasta parece un “privilegio” cuando en realidad es un derecho y una necesidad; la mayoría del pueblo sabe que, si un día no trabaja, es un día que no hay comida y ya no digamos renta, ropa, luz, gas, gasolina…

El pueblo sabe lo que es trabajar en la sub- contratación, no tener aguinaldo, prestaciones, seguridad social, pero aun así “debemos dar gracias por tener un trabajo”, pues es lo que los burgueses nos ladran todos los días como si fuera nuestra culpa ser pobres.

De estas vivencias encarnadas en nuestro diario andar de pronto surge el instinto de clase. En ciertos momentos la propia resistencia a las condiciones inmediatas de vida nos hace voltear a ver a nuestras hermanas y hermanos de clase y preguntarnos ¿Qué hacer?

Y es así cuando empezamos a platicar, unirnos, conocer que el sufrimiento no es individual sino colectivo, que nuestras lágrimas sólo son gotas en el mar de lágrimas del proletariado y que juntos podemos crear maremotos. Empezamos a pelear por mejorar el salario, porque nos manden a casa en medio de la pandemia, porque nos den condiciones dignas de trabajo, porque se detenga el acoso y hostigamiento sexual, por un salario igual sin importar sexo, género o preferencia sexual.

Desafortunadamente, en muchas ocasiones este primer instinto de clase no alcanza a dar el salto cualitativo y convertirse en conciencia de clase proletaria, es decir, no llegamos a ver que la única manera de arrebatarle nuestros derechos a esa minoría rapaz burguesa que no representa más del 0.002% de la población en nuestro país es la superación del sistema económico capitalista y la construcción de la democracia popular y el socialismo, un sistema que no estará basado en la explotación, el despojo ni la represión.

En nuestra experiencia práctica como organización, las trabajadoras y trabajadores que se acercan a nosotros generalmente lo hacen por tener esta vivencia de la explotación, porque han sido despedidos, porque las hostigan en el trabajo, porque están subcontratados y no tienen derechos laborales.

En este punto generalmente no saben qué rumbo debe tomar su lucha o ni siquiera saben cuál es su objetivo inmediato, pero saben que quieren que “dejen de estar chingando”. Es así como la primera tarea del organizador, del dirigente político de las masas, es la de conocer la situación en su particularidad, escuchar las vivencias de los compañeros.

Posterior a escuchar esta vivencia tenemos que ayudarles a sintetizar, desde su propia experiencia, cuáles son sus objetivos inmediatos, las demandas que puedan aglutinar el descontento de esos trabajadores. Al mismo tiempo no dejar de pensar de manera dialéctica, encontrar lo general que existe dentro de esa experiencia particular y atar la demanda inmediata de ese grupo de trabajadores (aunque no en pocos casos llega a ser un trabajador individual) a las demandas más amplias de nuestra clase.

En nuestro caso como Organización de Lucha por la Emancipación Popular (OLEP), debemos explicarles a los trabajadores cómo su problemática y demandas se encuentran engarzadas en el Programa Mínimo de Lucha (PML) y en la necesidad inmediata de extirpar el neoliberalismo de raíz, así como la necesidad histórica de la construcción de la democracia popular y el socialismo.

Este proceso, evidentemente, debe ir acompañado de formación política para que cada trabajador vaya ampliando sus horizontes; debemos explicar los límites y alcances de la lucha y las demandas inmediatas, de los métodos espontáneos de lucha y de la necesidad de organizarse de manera permanente, combativa, clasista y por el socialismo junto a nosotros e incorporarlos a nuestra organización. Nosotros no ocultamos nuestros intereses, queremos ser la casa del pueblo consciente, buscamos ser un instrumento político de nuestra clase para transformar el país rumbo al socialismo.

Recapitulando, el proceso de organización que debemos seguir podríamos resumirlo de la siguiente manera: escuchar a las masas explotadas; sintetizar sus ideas y sentimientos en demandas inmediatas concretas; engarzar estas demandas con las demandas inmediatas generales del nuestro pueblo condensadas en el Programa Mínimo de Lucha de la OLEP y con la necesidad de extirpar el neoliberalismo de raíz, arrancar el capitalismo y construir la democracia popular y el socialismo mediante el convencimiento y la formación política constante.

Sin duda este camino es complejo, requiere decisión, persistencia y astucia, sin embargo, aquí estamos y aquí seguimos. Somos herederos de un pueblo que ha vencido y ha sido derrotado; que aprende de sus victorias y de sus fracasos y hoy más que nunca nos toca tomar la iniciativa política en todos los espacios donde exista pueblo trabajador y explotado, donde haya despojo y represión.

¡Contra el despojo, la represión y la explotación;
resistencia, organización y lucha por el socialismo!

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