Editorial del FRAGUA#59

La transformación… ¿llega sin vanguardia?

Desde que el Movimiento de Regeneración Nacional obtuvo su registro electoral hemos escuchado decir: Morena no es un partido. Esta afirmación, en su mayoría, viene de compañeros de Morena con años de militancia y que han pasado procesos de organización tanto independientes como electorales.

La principal crítica tiene origen en la multiplicidad de objetivos, vertientes y clases que se expresan dentro de Morena (lo que en términos marxistas llamamos alianza pluriclasista) reflejada en sus “tribus” que no son “tribus”, son agrupaciones políticas de clases sociales que tienen bien claros sus objetivos y quiénes son sus dirigentes. Todo oculto tras el velo de la Cuarta Transformación.

La victoria de Mario Delgado como presidente del Morena y de Citlalli Hernández como Secretaria General no es más que una muestra de esas alianzas con intereses y objetivos inmediatos diversos: un ala “neoliberal”, como la han nombrado propios integrantes de Morena, y un ala “radical”. La primera con prominencia en las negociaciones económicas esenciales y la segunda con fuerza en las decisiones “sociales” inmediatas. El equilibrio y el gobierno para todos, eso dicen.

Lenin nos diría que entender el gobierno pequeñoburgués es más difícil debido a que es heterogéneo; antes, las masas tenían muy claro quién era el enemigo a vencer, hoy se vuelve un tanto más difuso.

Por eso la elección de Morena es buen pretexto para volver a insistir sobre la necesidad de la construcción de organizaciones políticas proletarias con métodos proletarios guiados por el centralismo democrático. Esto no es una consigna, una cosa moral o lineamientos de manual sino una forma de organización científica que nos ayudará a liberarnos del yugo del capitalismo y construir la democracia popular y el socialismo, único modo de producción que nos emancipará como clase y como pueblo.

Volviendo a la actualidad, la elección de Morena quedó en manos de empresas encuestadoras sin un procedimiento claro para sus propios militantes. Tres empresas privadas seleccionarían aleatoriamente a personas dentro del padrón electoral que fueran o no integrantes de Morena, con el fin de obtener una “muestra representativa” y ellos decidirían quien dirigiría el partido.

De estas encuestas quedaron como ganadores de la primera vuelta Porfirio Muñoz Ledo, viejo político de la “izquierda” del pri y Mario Delgado, cabeza de la Junta de Coordinación Política (Jucopo) del senado quien se ha encargado de llevar a buen puerto medidas como la Guardia Nacional, la desaparición de los fideicomisos y de negociar con los empresarios reformas como la laboral y la lucha contra la corrupción fiscal, garantizándoles sus ganancias. En la segunda vuelta Mario Delgado ganó la encuesta (que había perdido por un mínimo porcentaje en la primera vuelta) y aquí nos encontramos.

Frente a este escenario el presidente del país lanzó un comentario que es importante para el análisis: “hay procesos de transformación que se llevan a cabo a partir de que un partido se constituye en la vanguardia y es el que lleva a cabo los cambios, hay muchos ejemplos sobre eso; y hay otros movimientos que los hacen los ciudadanos, sin los partidos, sin que el partido sea la vanguardia”. También declaró: “Nada más para que no nos confundamos también en eso una cosa es Morena y otra cosa es el gobierno. Partido, como su nombre lo indica, es una parte, partido; gobierno es todo, tenemos que representar a todo el pueblo”.

Como hemos mencionado en otros números de FRAGUA el gobierno federal encabezado por amlo busca ser ese demócrata que gobierna “por encima” de las clases sociales, cosa que es un sueño, ya que el gobierno representa los intereses de la clase dominante y expresa las contradicciones de ésta con el resto de las clases.

En el segundo aspecto, al deslindar el gobierno del partido, amlo renuncia a la tarea de organización centralizada en pos de no parecerse al pri, pero en este pecado lleva la penitencia; pues le encarga la tarea de la transformación a una ciudadanía abstracta que bien puede ser Carlos Slim o bien su asesor jornalero de Baja California, aunque claro, ambos comen y viven muy distinto y tienen intereses diametralmente opuestos.

Es aquí cuando le damos la razón a los viejos militantes: Morena no es un partido en el sentido leninista, es una agrupación política de carácter pequeñoburgués donde los intereses burgueses chocan con los intereses de las amplias masas populares. Históricamente dicha contradicción se ha resuelto en favor de la burguesía, cosa que parece acaba de suceder con la actual elección.

Frente a esto ¿cuál es la alternativa proletaria? Por un lado, debemos entender que dentro de la militancia de Morena hay gente consecuente y con conciencia antineoliberal y, si bien no es nuestra prioridad, también debemos ofrecer nuestra solidaridad para con ellos y una alternativa política ante el desánimo que ya se vive tras este proceso.

Por otro lado, y más importante, establecer cuáles son las formas necesarias de organización para realmente transformar este país. Lenin menciona en varias ocasiones la importancia del Partido como el agrupamiento político vanguardia de la clase, cosa que incluso amlo admite. También nos dice Lenin que sin esta vanguardia el proletariado estaría disperso y sin posibilidad de luchar por sus intereses históricos, pues únicamente con un programa, estrategia y táctica determinados por un agrupamiento de clase proletaria se logra avanzar de manera contundente y verdaderamente transformadora. Ha quedado demostrado por la historia que la falta de objetivos, tareas y estrategia vuelve estrecho el camino para la transformación y nos deja con medidas negociadas que no logran superar las cadenas de la explotación.

El método proletario que se ha desarrollado teórica y prácticamente para construir estas estructuras políticas es el centralismo democrático, el cual consiste en cuatro puntos: subordinación de la minoría a la mayoría; subordinación de las instancias inferiores a las superiores; la toma de decisiones es colectiva y las responsabilidades son individuales; partir del principio de la crítica y la autocrítica y ejercerlo como método para señalar los errores y mejorar como organización y como personas.

Sólo una organización centralizada y con estas características puede desarrollar las tareas de agitación, propaganda y organización adecuadas para la lucha por los intereses históricos e inmediatos de los trabajadores y realmente ser una alternativa política.

Es claro que Morena no aspira a esto y ese es su gran límite histórico; y por eso parece que la historia se repite respecto a lo sucedido con el prd y así será con agrupamientos políticos con métodos y objetivos que no sean los de la clase proletaria. Así lo demuestran los hechos.

Ante la espontaneidad, debemos ser nosotros quienes construyamos esas estructuras permanentes, con objetivos, método y programa bien determinados donde más pueblo pueda sentirse representado y realmente sea el instrumento de la transformación del país rumbo a la democracia popular y el socialismo, pues no hay otra forma real de cambio.

El movimiento independiente debe seguir luchando contra la espontaneidad, los métodos artesanos, la estrechez de miras y esforzarnos por construir agrupamientos de clase proletaria que sean dignos representantes de nuestra clase.

¡Luchar con dignidad, con el pueblo organizado, luchar hasta vencer!

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