Iztapalapa: explotación en el “bienestar”

Becarios y multichambas

EN LA ACTUALIDAD podemos darnos cuenta de que en nuestras colonias en la alcaldía Iztapalapa se ha dado una mayor cobertura de programas sociales para el apoyo” de la población: Utopías, Casas de las Siemprevivas, audiencias ciudadanas donde “se escuchan las demandas de los pobladores”; el acondicionamiento y mejora de parques, calles y casas, albercas, clases de box o apoyos para la salud y cuidado de enfermedades como diabetes o atención a personas con COVID-19. Sin embargo, ¿cómo se genera todo esto en beneficio de la población de dicha demarcación? En este artículo de Fragua habremos de develar información de la primera alcaldía y cómo viola los derechos de los trabajadores.
Iztapalapa es una de las alcaldías con mayor población, con un total de 1.8 millones de personas, para dicha demarcación el presupuesto aprobado del año en curso fue de 5 mil 879 millones 463 mil 140 pesos, mismos que vemos utilizados en diversas actividades, tales como romper el récord Guinness de la clase más grande de “jumping”; ferias de salud y culturales; llevar productos de bajo costo a los hogares con su programa Del campo a la ciudad; conciertos masivos; hacer recorridos “casa por casa” y un largo etc. Sin embargo, aun con ese presupuesto la condición laboral para los trabajadores de la alcaldía es humillante, pues no tienen reconocimiento legal como tales, sino como beneficiarios o becarios de programas sociales, aunque reciben órdenes de un jefe inmediato de la alcaldía y realizan distintas actividades dentro de la demarcación que van más allá de lo estipulado en su programa social inscrito. Lamentablemente, al tener la necesidad de un ingreso “te aguantas aunque te toque ir a limpiar panteones”.
Ahora presentamos el testimonio de una trabajadora que nos cuenta sus experiencias vividas en carne propia al trabajar para la alcaldía Iztapalapa:
Siempre se ha pensado que tener un puesto en el gobierno asegura muchas cosas, como tener un “ingreso seguro” o “bien pagado”, pero la situación cambia cuando nadie vela por los intereses de sus trabajadores.
Por la falta de oferta laboral, es como se llega a este tipo de empleos, donde las condiciones son inexistentes y la figura de “becario” sale a la luz cuando más conviene en las actividades y “trabajador de la alcaldía” cuando das la cara a las personas que solicitan un servicio y no proporcionan el material necesario para el desarrollo de las actividades diarias.
En el tiempo que fui “becaria” nunca nos dieron seguridad social, exponiéndonos a actividades que atentaban la salud de cada uno de los que nos disfrazamos con el uniforme de trabajadores. En plena pandemia lo único seguro era el típico “cuídense como puedan” cargados de una botella dosificada de mililitros de gel antibacterial por persona y un chorrito de sanitizante por si se necesitaba… así era como se salía a las calles intentando reanudar actividades para esta “nueva normalidad”.
Las buenas condiciones laborales eran totalmente inexistentes, cuando se cuestionaban ese tipo de cosas, siempre nos salían con que nosotros éramos beneficiarios de un programa social. “Iztapalapa con derechos plenos”, irónico el nombre bajo las condiciones en las que nos tenían a cientos de personas. Nos hacían firmar cartas de corresponsabilidad en donde se deslinda por completo la responsabilidad de la alcaldía hacia nosotros. Pero la necesidad puede más y siempre nos decíamos entre nosotros: “sólo por esta vez, en lo que conseguimos algo mejor”.
El salario parece una burla por lo que implica: estar a disposición de lo que se necesite sin importar la hora, no hay hora de salida, pero sí de entrada, tampoco hay días libres fijos, “si se necesita fines de semana, se necesita, la alcaldesa lo solicitó y punto”. Hacer actividades que no tenían nada que ver con las actividades diarias como por ejemplo: ir a limpiar panteones, pintar tumbas, sacar escombro, quitar maleza, entregar naranjas y bolsas con agua en eventos como el 10 de mayo, Día de muertos, en Semana Santa por el viacrucis, entregar cobijas en tiempos de frío, comida en inundaciones. Todo sin dejar de lado las actividades que SÍ nos competían que era atender a la población a lo largo de la alcaldía en temas de salud y su cuidado.
La mayoría de mis compañeros expertos en el área de la salud, con mínimo licenciatura percibíamos un pago mensual de 6 mil 500 pesos (si bien nos iba que nos pagaran puntual). Lo complicado era llegar a fin de mes poniendo de nuestro sueldo para la compra de material, ya sea de papelería, alcohol y hasta para dar un taller. Una vez se solicitó un periódico mural informativo por espacio y sólo nos proporcionaron tres hojas de color rojo por promotor y un juego de copias con información. Ni hablemos del material para nuestro cuidado personal, nunca se nos proporcionó cubrebocas seguros, si llegabas a enfermarte de COVID, se “portaban buena onda” y nos daban dos semanas en nuestras casas.
Esto es lo irónico de trabajar para una alcaldía que su lema principal ha sido regresar un poco de la deuda histórica que se tiene con sus habitantes y no hablamos sólo del acceso al agua, sino de cuestiones culturales, económicas y educativas. Pero, ¿dónde queda el respeto a los derechos laborales de sus “trabajadores”? Es cierto que si levantas la voz por mejores condiciones o un pago en tiempo y forma la respuesta era un tajante “gracias por tus servicios”.
Nos tocó vivir la retención del pago fin de año por casi tres meses, cuando la situación económica es más complicada para la clase trabajadora con la típica excusa de que no había presupuesto, pero debías seguir laborando porque sino no te pagaban ese mes corriente. Lo que obtuvimos como respuesta era “de qué se quejan si después tendrán todo junto”. Cuando esa situación llegó a un punto desesperante, varios empezamos a juntarnos y fue ahí cuando nos dimos cuenta que no éramos diez… éramos casi cien. Cuando se identificó a los que “alborotaban” fueron despedidos con la típica excusa del recorte de presupuesto, eso calmó los ánimos de todos, pues nadie se podía dar el lujo de no tener empleo.
Pero ¿por qué aferrarse a un empleo así? Esa tal vez sea una pregunta que se hace sin ver la necesidad de un pueblo que lo único que ha tenido son migajas. Por eso invitamos a todos los trabajadores que se encuentran en estas mismas condiciones a levantar de una vez esas cadenas que nos atan y romperlas para exigir lo que en verdad nos corresponde por el trabajo que se realiza. Necesitamos un gobierno que en verdad empiece limpiando los problemas de su población desde su propia casa, que la alcaldía deje de obligar a sus trabajadores a enfrentarse a condiciones miserables y se llene la boca mostrando inversiones millonarias, creando sólo una pantalla de mejoras.
Estas son las vivencias de los trabajadores de la primera alcaldía, que se encarga de “procurar” derechos humanos a sus pobladores con base en el sacrificio de los derechos laborales de otros mismos camaradas de clase proletaria. La estructura estatal capitalista es insuficiente para dar garantía de derechos plenos para todos, no puede haber beneficio para algunos a costa de otros. No estamos en contra de los programas, son necesarios, sin embargo, deben procurarse los derechos de todos los trabajadores que realizan estas actividades.
Invitamos a nuestros lectores a sumarse con nosotros, con los trabajadores a combatir este sistema de injusticia y explotación que está hasta en el mismo gobierno de transformación. Sólo luchando codo a codo como compañeros proletarios podemos obtener mejorías en nuestro estilo de vida. Luchemos por la democracia popular y el socialismo.

¡Trabajo digno, salario justo
y seguridad social!

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