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La clase trabajadora es la prioridad

Estamos ante un acontecimiento histórico en nuestro país, una mujer ocupará la presidencia por primera vez. No se puede negar que las elecciones del pasado 2 de junio marcaron la historia, pero es importante reflexionar: ¿el triunfo radica en que sea una mujer la triunfadora? ¿O lo importante es saber y tener claridad de si las iniciativas de gobierno que se impulsen serán las que realmente generen profundas mejoras en las condiciones de vida para la clase trabajadora o si responderán a los intereses de la clase burguesa monopolista trasnacional?

En los últimos meses, en el marco de las campañas electorales, distintas mujeres expresaron en sus redes sociales la emoción porque México tendría a la primera mujer en la presidencia, señalando que no importaba quién de las dos candidatas ganara, el triunfo radicaría en que sería una mujer. La historia nos muestra que en términos proporcionales es pequeña la lista de mujeres que han dirigido naciones, pero nunca debemos perder de vista que lo que realmente nos debe importar: las formas, las prioridades y los intereses de clase bajo los cuales desempeñarán su mandato.

En los discursos de Claudia Sheinbaum podemos escuchar de forma continua la expresión “primero los pobres”, y un listado de promesas que se considera favorecerán la vida de los “pobres”. ¿Qué significa esa expresión en la vida cotidiana? ¿Significa sólo la creación de nuevos programas sociales? ¿Quién podría negar que la propuesta de apoyar económicamente a mujeres de 60 a 64 años sea inadecuada?

Que existan programas sociales es importante, pero no es la única forma de hacer realidad la frase “primero los pobres”. La forma concreta en que esa expresión se convertiría en realidad debería de consistir en superar el sistema económico social capitalista para construir el socialismo y la democracia popular, lo cual significaría, entre otras muchas cosas, que la clase trabajadora en sus conjunto no sólo fuese beneficiaria de programas sociales, sino dueña de los grandes medios de producción: tierras, fábricas, empresas, de los cuales sale ese dinero que se reparte como si fuese obra de la buena voluntad del gobierno en turno y no una mínima parte de la riqueza que ha creado la clase trabajadora por generaciones y que un puñado de grandes burgueses se apropian con el beneplácito del propio gobierno.

En el sexenio que está por terminar claro que aumentó el salario mínimo nominal, pero no lo suficiente como para poder asegurar que la prioridad fueron los pobres, pues si bien incrementó es evidente que aún ganamos menos de lo que como clase trabajadora creamos como riqueza y que los empresarios ladrones se apropian en forma de ganancia.

La historia de México nos demuestra que en ningún gobierno la prioridad o el objetivo ha sido tener un pueblo menos explotado y, mucho menos, se ha propuesto terminar con la explotación de la clase trabajadora. En este sentido la frase de “primero los pobres” se convierte en una frase que oculta que lejos de limitar el poder económico y político de los grandes empresarios y las grandes empresas se les garantiza que continúen imponiendo su voluntad a costa de la explotación y la opresión de la clase que produce la riqueza que ellos se embolsan.

¿Acaso Minsa y Maseca dejaron de ser las empresas monopólicas en la producción y distribución de la harina de maíz? ¿No acaso ellas imponen el precio de la tortilla y el gobierno les tiene que pedir amablemente que no roben demasiano? ¿Acaso los bancos extranjeros y mexicanos dejaron de lucrar con los ahorros, los cobros por servicios y los afores de cientos de miles de mexicanos?

Sin duda estamos en un momento relevante, una mujer llegara a la presidencia, pero eso no significa que represente a las mujeres de la clase trabajadora, tampoco que se terminará la explotación laboral y mejorará en gran proporción las condiciones materiales y espirituales de vida de los pobres, pues mujer u hombre en la presidencia siguen dando prioridad a la clase burguesa empresarial y lo que destinan para el pueblo en programas sociales es mínimo comparado con lo que la clase trabajadora genera en plusvalía convertida en ganancia para los grandes dueños del capital, de las grandes empresas monopolistas y con negocios en diferentes países.

Vivamos el momento histórico, pero no olvidemos que lo relevante no es el género de quien gobierna nuestro país, lo relevante es que su prioridad sea la clase trabajadora, que esa frase “primero los pobres” sea efectiva y no sólo un dicho para adormecer al pueblo y maniatarlo a los intereses de la clase monopolista trasnacional.

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