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La “junta de paz”: administración colonial

La “junta de paz”

El 15 de enero el gobierno norteamericano anunció lo que Trump denomina la “junta de paz”, que no es otra cosa que un instrumento falaz e insultante del imperialismo gringo y del Estado nazifascista de Israel.

Pues mientras el pueblo palestino en Gaza es masacrado, desplazado y condenado al hambre y el exterminio, el imperialismo norteamericano pretende imponer una salida “política” a la barbarie y militarización que él mismo, junto con el Estado nazifascista de Israel, ha impulsado en Palestina y en la región.

A esta pretendida vía “política” se le ha llamado eufemísticamente “junta de paz”, instrumento creado para administrar como colonia la Franja de Gaza. Presentada como un mecanismo de estabilización, esta propuesta es en realidad una burla contra la autodeterminación de los pueblos y una expresión cínica del carácter imperialista del orden que pretenden imponer.

Para quienes no siguen de cerca el tema, es necesario explicar que la Franja de Gaza lleva años sometida a un bloqueo criminal impuesto por Israel y que en los últimos meses ha sido devastada por una ofensiva militar que ha destruido viviendas, hospitales escuelas y asesinado a miles de civiles, incluyendo mujeres y niños. Más de 72mil tan sólo desde el 7 de octubre de 2023 a la fecha. En este contexto, Estados Unidos y el gobierno israelí no hablan de reparación ni de justicia, sino de administrar el territorio destruido, como si se tratara de una colonia sin pueblo.

La “junta de paz”

Es una burla a la voluntad del pueblo palestino. Es una imposición diseñada para garantizar el control político, militar y económico de la Franja de Gaza después de la devastación. No busca la paz: busca la sumisión total de un pueblo heroico que se niega a desaparecer.

Que Trump concentre el mando de este mecanismo confirma que el imperialismo se descarna y ya ni siquiera finge alguna simulación democrática. Gobierna directamente, imponiendo autoridades extranjeras sobre pueblos arrasados, violando la soberanía popular y normalizando la tutela permanente.

El carácter autoritario de la propuesta se agudiza cuando se condiciona la reconstrucción al desarme de la resistencia palestina. Se trata de un chantaje brutal: primero entréguense, luego veremos si merecen vivir. Se exige que el oprimido renuncie a toda defensa a la cual tiene pleno derecho, mientras la potencia ocupante mantiene intacto su aparato militar. ¿Eso es paz? Obviamente no, es dominación colonial abierta.

Cada vez que el imperialismo habla de “reconstrucción”, ofrece dependencia; cuando habla de “gobernanza”, impone tutela; y cuando habla de “paz”, prepara nuevas formas de dominación. La junta de Trump pretende convertir la tragedia en un mero trámite administrativo y transformar Gaza en un laboratorio de administración colonial del siglo XXI.

Los hechos recientes muestran con claridad hacia dónde avanza esta iniciativa. Para el próximo 19 de febrero, Washington será sede de la primera reunión de esta junta, convocada en el Instituto de Paz de la capital estadounidense. La Casa Blanca presume la asistencia de al menos 35 jefes de Estado y de Gobierno, entre ellos representantes del Estado nazisionista de Israel y presidentes lamebotas de los gringos, como el patético Milei de Argentina.

El encuentro es presentado como un esfuerzo para coordinar la reconstrucción de Gaza y recaudar fondos tras años de bombardeos.

Hay un dato que desnuda el verdadero espíritu del proyecto: la membresía permanente en esta junta tiene un costo de ¡mil millones de dólares! y otorga a Trump facultades extraordinarias, como el veto y el control de la agenda. La paz, entonces, aparece convertida en cuota de entrada; la soberanía de un pueblo, en mercancía negociable, como todo en el capitalismo.

Mientras tanto, en Gaza continúan las violaciones al alto al fuego y el saldo humano: más de 72 mil palestinos asesinados desde el inicio de la ofensiva en 2023, y va en aumento (puedes consultar nuestra hemeroteca digital, donde hemos abordado este tema en diferentes números de Fragua). Sobre esa sangre y las ruinas de Palestina se pretende ahora levantar una autoridad externa que administre la devastación sin escuchar a quienes la padecen.

No es diplomacia ni buena voluntad.

No es diplomacia ni buena voluntad. Es el esfuerzo por conseguir en una mesa de negociación lo que siguen sin ganar en el campo de batalla. Para eso aparece la llamada “junta de paz”: busca finalizar el ciclo del castigo colectivo sustituyendo las bombas por burócratas, pero manteniendo intacto el mismo principio de dominación.

Frente a esta ofensiva, la tarea de los pueblos del mundo es clara: rechazar toda tutela imperial y defender el derecho de los pueblos a la autodeterminación, derecho irrenunciable del pueblo palestina y de cualquier pueblo en el mundo.

Como Organización de Lucha por la Emancipación Popular, seguimos exigiendo que el gobierno mexicano rompa toda relación económica y política con el Estado nazisionista de Israel.

¡Juicio y castigo a los perpetradores del genocidio en Palestina!


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