Morena: ganar el gobierno ¿a qué costo?

En 2018, EL PARTIDO Movimiento de Regeneración Nacional gobernaba cero estados, hoy, cuatro años después, gobierna 21, lo cual representa cerca de 76 millones de mexicanos (58% de la población total del país). La fuerza política electoral de Morena es innegable, los partidos que impusieron e impulsaron el neoliberalismo se encuentran muy disminuidos y tal parece que el futuro de la democracia burguesa se juega dentro de los propios agrupamientos políticos aglutinados en el partido que gobierna a nivel federal.

Sin embargo, no es un paso mecánico el tomar el gobierno, tener el poder y mandar sobre todas las decisiones que se toman en el país. Una y otra vez hemos advertido que el fundamento del neoliberalismo es el capitalismo y mientras no se toquen los grandes intereses capitalistas, mientras la burguesía monopolista transnacional sea la que posea los grandes medios de producción, la situación del país no cambiará de manera radical ni profunda y no habrá transformación.
Un ejemplo de ello es el plan antiinflación del gobierno federal, el cual fue negociado con las grandes cámaras empresariales, demostrando, por un lado, que la inflación tiene más que ver con los intereses de seguir acumulando capital de los patrones y menos con el aumento del salario mínimo, dogma que nos vendieron durante toda la era neoliberal. Y por otro lado, demostró que mientras el Estado no sea el que determine la producción y ésta no esté enfocada en la ganancia y acumulación, sino en las necesidades humanas, quienes dirán qué se produce, cómo, cuánto y cómo se vende serán los empresarios.
Esta negociación, al final, otorga ciertas garantías para el pueblo al no elevar al infinito y más allá los precios pero, sobre todo, garantiza que siga la producción de las mercancías de las grandes empresas y con ello obtengan la jugosa plusvalía que enriquece a los viejos (y por ahí uno que otro nuevo) neoliberales. Dando y dando, dicen por ahí.
Morena, repetimos, gobierna a 76 millones de mexicanos pero… ¿a qué costo? Ya hace cuatro años advertíamos que hay que ganar el gobierno sin perder los principios. Sin embargo, la falta de cuadros y de una verdadera formación política (ya no digamos socialista o anticapitalista, sino meramente antineoliberal) ha demostrado que el chapulineo, el oportunismo y el arribismo siguen siendo el pan de cada día. Es decir, las viejas formas de hacer política sólo se han pintado de guinda y han tomado rostros nuevos o de plano han tenido que reciclar a los políticos corruptos de toda la vida porque son eficientes en su labor.

Si bien el actual gobierno federal ha limitado en cierta medida la ganancia de la burguesía y entregado dádivas a una parte del pueblo trabajador y explotado, paliando un poco los casi 40 años de desmantelamiento del Estado Benefactor, también es cierto que las negociaciones con la clase burguesa se hacen cada vez más evidentes. Lo cual, al mismo tiempo, quita filo neoliberal y hasta alimenta al dinosaurio de los viejos partidos neoliberales. Nos explicamos.
La moratoria legislativa (herramienta clásica de la derecha en nuestro continente) que llama a no aceptar ninguna propuesta de Morena que sea enviada a las cámaras es una muestra que esos “contrapesos”, que tanto nos han chillado durante estos años de gobierno, son todo menos democráticos. ¿Por qué alguien que no fue votado jamás debería decidir sobre el destino de los mexicanos? ¿Por qué partidos que hasta han perdido el registro en más de 10 estados, como el caso del PRD, niegan mejoras al pueblo? Pero también, como dicen algunos intelectuales de Morena (de esos que no dicen que son del partido Morena, pero sí) si hay una “insurrección en las urnas”, esa fuerza y esa “potencia electoral”, no se ve reflejada en la movilización de las masas. ¿Por qué permitir que la derecha niegue mejoras para los pobres y no movilizar?
¿Por qué amarrarle las garras al tigre y encerrarlo en las urnas?
La votación acerca de la Reforma Energética es una muestra clara de ello, pues mientras las fuerzas “populares” del Frente Nacional en Defensa de la Reforma Eléctrica “calentaron el terreno” llamando a la movilización, Morena los inmovilizó, como estas fuerzas no tienen mucha iniciativa propia, lo asumieron, salvo unas cuantas docenas de personas, la mayoría de agrupaciones trotskistas, todos decidieron “guardar sus fuerzas” y regresar a casa. El resultado es por todos conocido: “perdimos la reforma, pero ganamos el litio”. De nuevo ¿pero a qué costo?
Ante este panorama se hace evidente que el papel histórico de Morena no es movilizar ni organizar el impulso de las masas por mejorar sus condiciones de vida. No defenderán de manera consecuente las políticas antineoliberales, sino que incluso van a desmovilizar y desorganizar.
Sin embargo, esto no debe espantarnos pues es la tendencia histórica de la pequeña burguesía: ser vacilante y terminar conciliando con la burguesía. Al contrario, esto debe ser el impulso para demostrar que, por un lado, hemos tenido razón al caminar de manera consecuente, combativa e independiente. De no ser parte de esos que “quieren cambiar a Morena desde dentro” ni tampoco de caer en el extremo de decir que “todo cambió para que todo siga igual”, pues de que las cosas han cambiado, han cambiado.
Es momento de lanzar nuestras propuestas con más ímpetu, de realizar más agitación, propaganda, de aglutinar a más pueblo que busque defender de manera consecuente sus intereses inmediatos: la lucha contra los megaproyectos, la defensa y ampliación de los derechos laborales, la presentación con vida de los más de 100 mil detenidos-desaparecidos del país y la libertad inmediata de todos los presos por motivos políticos. En resumen, la total y completa aniquilación de las políticas neoliberales, demostrando que esto sólo será posible por medio de la lucha real y consecuente contra el capitalismo y por el objetivo e interés histórico de nuestra clase: la democracia popular y el socialismo.
Es tiempo de ser solidarios con las luchas antineoliberales del pueblo, sea cual sea su bandera, es tiempo de elevar el nivel de consciencia de las masas para entender los límites y alcances del actual proyecto y, sobre todo, ser una alternativa política organizada para transformar de fondo este país.
Por eso, invitamos a todos nuestros lectores a colaborar y ser parte de la OLEP, a repartir el FRAGUA, a movilizarse y luchar a nuestro lado por nuestros objetivos inmediatos e históricos, porque somos pueblo, al pueblo nos debemos y con el pueblo estaremos.

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