La trampa histórica de los ricos. Paz para el burgués, opresión para el proletario
Paz para el burgués, opresión para el proletario
Utilicemos nuestra imaginación y juguemos con el tiempo, los idiomas y los espacios; hay 2 personas platicando sobre sus experiencias, el primero comenta: “Yo luché con los comuneros de París y mantuvimos por algunos meses una resistencia férrea ¿Y qué gané? Nada en absoluto”; mientras tanto, el otro responde “Ah, pues yo luché con mi general Pancho Villa por tierra, trabajo y libertad y como dice usted ¿qué gané? Pues no mucho que digamos”.
Como se mencionó al principio, esto es un diálogo ficticio que sin embargo se apega mucho a la realidad de muchos excombatientes, que sin mayor análisis aseguran no haber logrado nada, más lo que muchas veces se ignora es por qué no se logró nada, ¿en verdad luchando no se logra nada? La respuesta es obviamente negativa, pues ejemplos nos sobran de muchas luchas encarnizadas del proletariado mundial que han conseguido desde mejoras inmediatas y resistencia, hasta arrebatarle por completo al poder a la burguesía.
La burguesía tramposa
No obstante, también somos conscientes de las tantas derrotas que la burguesía tramposa le ha propiciado a las luchas de los pueblos, por lo que en este artículo, en conmemoración del inicio de la Resolución Mexicana se exponen 2 de esos eventos, que terminaron en amargas derrotas gracias a las mañas burguesas pintadas de “buena onda y pacifismo”, acompañadas de un discurso que ha encaminado a desarmar a los pueblos luchadores.
Como primer ejemplo tenemos a la Comuna de París que inició el 18 de marzo de 1871, esfuerzo que durante 3 meses construyeron y defendieron los proletarios franceses, quienes estaban altamente politizados; la Comuna de París, nació en el contexto cuando parte de la burguesía republicana fundó la Tercera República Francesa, gracias a que el Ejército de Prusia (parte de lo que hoy es Alemania) hizo prisionero al emperador Napoleón III en 1870. En el frente de batalla participaron el Ejército Imperial Francés y la Guardia Nacional, la cual se conformó con voluntarios que se enlistaron pensando que la guerra contra el Imperio Prusiano era para defender al pueblo francés.
Sin embargo, este pensamiento nacionalista estaba lejos de beneficiar al proletariado francés, ya que el interés de los republicanos franceses era impedir que el Imperio Prusiano al mando de Otto von Bismarck se apropiara de los recursos naturales de Francia; pero al verse derrotada militarmente, tuvieron que ceder dichos recursos además de reconocer un acuerdo de paz en enero de 1871, lo que provocó el descontento del pueblo francés al considerar dicho pacto como una traición, pues a final de cuentas, ellos estaban apostando el pellejo en los campos de batalla.
Gracias a que la Guardia Nacional estaba conformada por una gran cantidad de obreros, el 18 de marzo de 1871, impidieron que el ejército francés se hiciera de las armas reservadas en París, lo que inició la insurrección popular que obligó al gobierno republicano a trasladarse a Versalles para dejar a la capital francesa en manos de los guardias nacionales, mismos que organizaron un comité central para destruir al Estado burgués e iniciar reformas como la abolición del trabajo infantil, reducir la jornada laboral y entre otras cosas.
Sin embargo, el aislamiento de las demás provincias, no apropiarse de las reservas bancarias parisinas y concentrarse en realizar las reformas comuneras en lugar de reforzar al ejército popular, fueron errores que los burgueses arrinconados en Versalles aprovecharon para “hacer las paces” con sus anteriores enemigos los prusianos, para comenzar una ofensiva contra la Comuna que duró 10 días, y que cobró la vida de más de 30 mil parisinos desde los combates hasta la represión posterior; aquí no importó que soldados regulares franceses y prusianos lucharan codo a codo, pues a final de cuentas, los burgueses que en primer momento pudieran luchar por territorios ricos no son antagónicos de clase, pueden unirse para aplastar cualquier esfuerzo proletario aunque sean aparentemente diferentes, todo sea en nombre de su paz como
clase dominante.
Como segundo ejemplo, tenemos a la Revolución Mexicana de 1910, donde luchó desde la burguesía terrateniente más recalcitrante apegada en el ejército de Victoriano Huerta, hasta lo más avanzado del pueblo trabajador mexicano agrupado por los ejércitos de Emiliano Zapata y el General Francisco Villa en el centro y norte de México respectivamente; sin embargo, dentro de estos polos hubo niveles de poder, como el Partido Liberal Mexicano con los hermanos Flores Magón, quienes sin tener presencia militar considerable, lucharon por la organización independiente de los trabajadores; por otro lado, el Grupo Sonora con base proletaria pero mezclada y conducidos por la pequeña burguesía, terratenientes y grandes empresarios nacionales, de manera oportunista lucharon sólo para quitar a Porfirio Díaz del poder pero sin transformar el modo de producción con tal de no tocar sus intereses y ganancias.
Por lo tanto, a partir de que el Grupo Sonora tomó el poder político en 1920, y ya vencidos militarmente los ejércitos populares de Zapata y Villa, el nuevo gobierno mexicano encabezado por Álvaro Obregón tuvo tal interés de quitarse del frente a aquellos opositores que pudieran romper su densa calma, por lo cual, se promovió la entrega de armas en distintos puntos del país a cambio de “reconocimientos” de grado militar dentro de las bases zapatistas, mientras que a las bases villistas se les prometió tierra y paz en sus pueblos; sin embargo, la única paz que quiso la burguesía mexicana fue la paz de los sepulcros, eliminando a líderes populares como Felipe Carrillo Puerto y al mismo Pancho Villa, bajo la conciencia de que al asesinarlo difícilmente sus bases tendrían la capacidad moral y armada de responderle al nuevo Ejército Federal; por lo tanto, el 20 de julio de 1923, Francisco Villa fue emboscado y asesinado en Parral, Chihuahua.
Es evidente, que la burguesía es consciente del poder de las luchas proletarias organizadas, por ende, teme tanto a la concientización, capacitación y en coyunturas al arme del pueblo oprimido, por lo que en momentos revolucionarios con un discurso de “paz y amor” o de “no hay que polarizar” siempre operará de manera tramposa para limarle los colmillos al pueblo trabajador sublevado, sin importar la época ni el lugar. Reivindiquemos a nuestros héroes caídos luchando y organizando la lucha popular por el socialismo, aprendamos de las experiencias anteriores para no frustrar las victorias populares, que este capitalismo en crisis está cultivando.
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