Por un fútbol de clase proletaria

Que el balón ruede

Es de mañana, hace frío en el Ajusco pero las risas de un grupo de jóvenes y niños calientan el ambiente. Un balón, unos tenis ahí medio usados, una cancha junto a un panteón, el anhelo de vivir el sueño del fútbol profesional. El deporte como una forma de socializar, de crear comunidad pero también de construir y educarnos como pueblo en la solidaridad, la cultura, alejarnos de los vicios que este sistema económico nos pone a la vuelta de la esquina (o incluso en la propia casa).

Es medio día en Cuautla, una pequeña hinchada hace sonar las cornetas. Futbolistas, hinchada, familiares y amigos, todos pueblo, saltan al campo, unos desde la tribuna, otros desde la cancha.

70 años de historia de un club humilde: los Arroceros de Cuautla; la lucha de los humildes contra el patrón: tras tres quincenas sin pago el equipo y el pueblo que está con ellos deciden tomar las taquillas, este día las entradas del partido no irán para el patrón, irán directo para los jugadores que ya llevan más de un mes sin cobrar. Los proletarios del fútbol toman lo que por derecho es suyo.

Es de noche, un grupo de vecinos realiza una asamblea en el Pedregal de Santa Úrsula. Entre el frío y la luna se discuten las afectaciones del Proyecto Estadio Azteca: aumento del predial y el agua, colapso de las ya de por sí colapsadas vialidades, aún más limitaciones del líquido vital, expulsión de los más pobres, aumento en las rentas y enriquecimiento para Televisa ahora bajo el nombre de dos empresas fantasmas de construcción.

Las bocinas invitan a los demás vecinos a unirse a la asamblea, a la pinta de mantas, a la pega de carteles, a la repartida de volantes, las movilizaciones, la agitación y la propaganda para detener un proyecto de despojo que toma de pretexto al más bello de los deportes, al cual ya también despojaron de su corazón popular.

El fútbol nos cruza como pueblo. Los sueños infantiles de la mayoría de nosotros oscilaban entre ganar la copa del mundo, que nuestro equipo triunfara en la liguilla y ganarse el refresco al final de la reta con los compas de la cuadra.

Esos sueños quedaron barridos por la necesidad, por el hambre, por el bajo salario. Sueños que se recuperan cada noche al cerrar los ojos o cada tarde de fin de semana cuando vemos al equipo de nuestros amores luchar por incrustar el balón en las redes.

Sin embargo, se han robado el corazón al fútbol. Los patrones, los burgueses, los grandes monopolistas transnacionales han convertido este hermoso deporte en una mercancía. Venden playeras, venden piernas, venden historias, venden todo lo que pueda venderse.

La Federación Internacional de Fútbol Asociación, la mentada FIFA, es una bola de burgueses mafiosos que lucran con el deporte, endeudan países enteros, promueven la semiesclavitud en las sedes donde se construyen los estadios para los mundiales, levantan la bandera del despojo en cada país donde organizan una justa internacional, como en el caso del Proyecto Estadio Azteca.

La Federación Mexicana de Fútbol (FMF) no es menos mafiosa. Lucra con la “marca” selección mexicana, la cual obtuvo jugosas ganancias en patrocinios durante el periodo neoliberal pues, decían, regalarle millones a la FMF, redituaba en ganancias para el país bajo el concepto de turismo.

Esa misma Federación topó los salarios de las mujeres futbolistas en 2 mil pesos mensuales argumentando… nada. Un tope ilegal, pues está debajo del mismo salario mínimo.

Para nosotros como Organización de Lucha por la Emancipación Popular (OLEP), el deporte debe ser una fuente de enriquecimiento para las masas y con enriquecimiento nos referimos a que mejore su calidad de vida, su salud, su sentido de colaboración. El deporte es un derecho humano, no una mercancía para la ganancia de unos pocos y menos algo que sirva para el despojo y la explotación.

Como OLEP hemos organizado distintos torneos de fútbol para apoyar causas laborales, la presentación con vida de los detenidosdesaparecidos, de las luchas del pueblo que organizamos.

Pero también lucharemos para que este deporte vuelva a su corazón popular, porque los grandes dueños de los equipos profesionales (y también de los pequeños) son empresarios que en muchos casos se han beneficiado de las políticas neoliberales, ellos también deben regresar al pueblo lo robado.

Es tiempo de volver a tener equipos que sean propiedad del pueblo, cuyas ganancias sirvan para mejorar nuestras condiciones de vida, que realmente, sean nuestros. Como ya pasó durante unos años con el Atlante, el cual era propiedad del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

Es necesario que la liga mexicana, presidida por el priísta Mikel Arriola quien fuera director de la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios y del IMSS, pase a manos del Estado. Que se borre la brecha salarial entre las y los futbolistas y que la infraestructura de los estadios y los equipos pase a manos de la nación, pues en la mayoría de los casos estos han sido construidos con el apoyo y la venia del gobierno dejando todas las pérdidas para las arcas públicas y todas las ganancias para los empresarios como en el caso de los Pumas que no pagan ni un sólo peso por el uso del estadio de la UNAM, pero eso sí, ganaron más de 40 millones de pesos en boletaje durante la pandemia aunque se jugó sin público, un sinsentido.

Es necesario eliminar la pugna entre las barras, las cuales fueron iniciadas por la burguesía, por un empresario argentino que trajo el modelo de violencia en el Estadio al Pachuca rompiendo con la tradición de los equipos de animación familiares. Al final, estos grupos violentos son muchas veces una fachada de golpeadores que sirven a fines económicos y políticos de quienes los patrocinan.

Es necesario decir no a los megaproyectos como el del Estadio Azteca y todos aquellos que impliquen el despojo en nombre de nuestro deporte.

También por eso, seguiremos resistiendo desde el fútbol proletario, del pueblo, en las canchas medio feas o medio improvisadas de nuestros pueblos, barrios y colonias. Seguiremos usando el balón para hermanarnos como clase, como elemento de agitación y propaganda del ideal de un mundo mejor, de la democracia popular y el socialismo.

Por ese fútbol luchamos, ese fútbol practicamos y es por ese fútbol que invitamos a nuestros lectores a organizarse con nosotros. Entrenemos, fortalezcamos nuestro cuerpo y mente, juguemos una cascarita, leamos el fragua, hagamos eventos culturales, acerquemos el deporte y la cultura a nuestro querido y amado pueblo; demostremos que el único fútbol realmente popular será el que juguemos cuando alcancemos el socialismo.

Contacto:

olep.contacto@gmail.com

fragua.olep@gmail.com

Facebook: olep.fragua

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