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Vivir y resistir en la Viena Roja

Lucha de clases en Austria

En 1919, el ayuntamiento socialdemócrata de Viena puso en marcha un programa de reformas destinadas a remodelar la infraestructura social y económica de la capital austriaca. La pieza central de este programa y el logro más duradero fue la construcción de las Wiener Gemeindebauten, 400 bloques de viviendas comunales para las personas de la clase obrera que contaban con guarderías, bibliotecas, clínicas médicas y dentales, lavanderías, talleres, teatros, almacenes cooperativos, jardines públicos, instalaciones deportivas y una amplia gama de instalaciones públicas. Así, distribuidas por toda la ciudad, las Gemeindebauten proporcionaron al proletariado de Viena no sólo una gran cantidad de nuevas viviendas (64.000 unidades, en las que se realojó a una décima parte de la población de la ciudad); sino también una amplia infraestructura de servicios sociales e instituciones culturales. La principal motivación era que cualquier persona debía contar con una vivienda digna, y ésta debía contar con un espacio interior práctico y bien distribuido, suficiente luz, agua corriente y servicios de higiene adecuados. Este ambicioso programa de construcción fue llevado a cabo por la primera administración socialista de una gran capital europea y metrópolis de dos millones de habitantes, y fue considerado como el logro más visible de ese gobierno: las Gemeindebauten se convirtieron en un símbolo de la Viena Roja, como se conocería a la ciudad en el periodo de 1919 a 1938.

Viena era un enclave socialista en un país gobernado por un régimen de política conservadora, clerical y rabiosamente antisocialista, y este conflicto se manifestaría en enfrentamientos cada vez más violentos entre la derecha y la izquierda. Uno de los puntos máximos se alcanzaría en 1934, año en el que lxs trabajadorxs de Austria fueron lxs primerxs en Europa en oponerse valientemente al fascismo, luchando por la libertad, la democracia y los derechos del pueblo que estaban bajo ataque. Del 12 al 15 de febrero, entre 10.000 y 20.000 trabajadoxs se enfrentaron a una fuerza superior de casi 60.000 elementos de la gendarmería y la policía, el ejército y la Heimwehr (milicia austrofascista). Los combates se llevaron a cabo principalmente en los barrios obreros de la ciudad.  Tras el fracaso de una huelga general a escala nacional y el uso de artillería y lanzaminas contra las viviendas comunales en la capital, el levantamiento se vino abajo. En el transcurso de los combates murieron más de 350 personas. Nueve combatientes de la Liga Republicana de Protección fueron ejecutados por la ley marcial.

Este enfrentamiento sería una advertencia temprana de que tanto la resistencia popular como la propia Viena Roja sucumbirían ante las fuerzas del nazi-fascismo que pronto dominarían gran parte de la Europa. El 4 de marzo de 1934, el gobierno antisocialista de Dollfuss abolió el parlamento y gobernó sobre la base de una ley que databa de la Primera Guerra Mundial. Esto supuso restricciones a la libertad de prensa y de reunión, la prohibición de las huelgas, la persecución a sindicalistas, la reintroducción de la pena de muerte, entre otros ataques al pueblo.  El 1 de Mayo, el gobierno declaró una nueva constitución autoritaria sin democracia parlamentaria, partidos pluralistas ni sindicatos libres.

A pesar de todo, y tras un periodo que, como bien sabemos, sumiría a Europa en la más profunda oscuridad, en las décadas de la segunda mitad del siglo XX, la ciudad de Viena retomó la estafeta de los precursores de aquella Viena Roja, continuando y ampliando el programa de construcción de viviendas sociales. En un legado que perdura, el ejemplo de que se puede satisfacer el derecho humano a una vivienda digna – incluso tras la destrucción dejada por un conflicto como la Primera Guerra Mundial- es valioso en nuestro contexto actual, en el que millones de personas no tienen acceso a ello. Al día de hoy, decenas de miles de habitantes de la ciudad de Viena viven en Gemeindebauten.

Por último, es importante recalcar que, así como los derechos laborales conquistados por lxs proletarixs vienesxs de distritos populares como el 10 y el 16, la materialización del derecho a una vivienda digna no fue una concesión gratuita de “gobiernos buenos y empáticos”, sino la cristalización de un esfuerzo colectivo, constant y organizado de muchas décadas, basado en la educación, la concientización de las clases populares y la moviliación social. Esto costó la vida de muchas personas. Una placa conmemorativa de los eventos de 1934 advierte que “Donde la injusticia se convierte en ley, la resistencia se convierte en un deber: ¡Nunca al olvido!

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