ArtículosEDITORIALFragua#119

Conciencia de clase. La vigencia de la lucha contra la espontaneidad

Conciencia de clase. La situación actual de la clase trabajadora es profundamente contradictoria. Por un lado, las luchas contra el sistema capitalista se multiplican: la resistencia del pueblo palestino, las luchas de las mujeres, la organización de los familiares de personas desaparecidas, la defensa del agua, del territorio y de los recursos naturales, las luchas de los pueblos indígenas y campesinos, así como las movilizaciones de trabajadores por mejores condiciones de vida. Todo ello demuestra que el capitalismo atraviesa una crisis profunda y que sus injusticias son cada vez más evidentes.

En este contexto, y retomando las siempre vigentes ideas de Vladimir Lenin, vemos por todas partes acciones espontáneas de distintos sectores del pueblo que buscan respuestas. Sin embargo, esas luchas suelen quedarse en objetivos inmediatos. Se organizan para resolver un problema concreto, pero pocas veces logran relacionarlo con la necesidad de transformar de raíz el sistema capitalista que lo provoca.

Lo más preocupante sea la escasa conciencia de clase que existe entre amplios sectores del pueblo trabajador

Pero quizá lo más preocupante sea la escasa conciencia de clase que existe entre amplios sectores del pueblo trabajador. Aunque millones sufrimos la explotación, el despojo y la desigualdad, pocos nos reconocemos como parte de una misma clase con intereses comunes. Predomina el individualismo, la idea de que cada quien debe resolver sus problemas por su cuenta, mientras el sistema sigue funcionando sin ser cuestionado en su conjunto.

Así, muchas luchas terminan aisladas unas de otras. Algunas consiguen pequeñas victorias, otras reciben promesas de los gobiernos, pero las causas profundas de los problemas permanecen intactas.

¿Por qué sucede esto? Sin duda, la clase dominante utiliza todos los medios a su alcance para conservar sus privilegios. Pero también es necesario reconocer que el movimiento popular enfrenta nuevos retos que exigen un mayor esfuerzo de estudio y de elaboración teórica.

En el libro ¿Qué hacer?

En el libro ¿Qué hacer?, Lenin explica que la conciencia de clase no surge de manera espontánea. No basta con participar en una protesta o enfrentarse a una injusticia para comprender el origen de la explotación. Esa conciencia se construye mediante el estudio, el análisis de la realidad y la organización política.

Hoy la espontaneidad adopta nuevas formas. Las redes sociales permiten que miles de personas expresen su indignación, denuncien injusticias o convoquen movilizaciones en cuestión de horas. Todo ello puede ser un punto de partida importante, pero no basta. Cuando la indignación no se convierte en organización, cuando la protesta no se acompaña de formación política y de una estrategia revolucionaria, termina por desgastarse. La noticia deja de ser tendencia, la movilización disminuye y el sistema continúa reproduciendo las mismas condiciones que dieron origen al problema. Por eso la crítica de Lenin conserva toda su vigencia: la espontaneidad puede despertar la inconformidad de las masas, pero sólo la organización consciente puede convertir esa fuerza en una herramienta para transformar la sociedad.

Hoy vale la pena preguntarnos: ¿estamos desarrollando las herramientas teóricas que necesitan las luchas actuales? ¿Estamos explicando con claridad las nuevas formas de explotación, el despojo del territorio, la privatización de los recursos naturales, la crisis ambiental o la forma en que el capitalismo adapta sus mecanismos de dominación? Estas son tareas que el movimiento popular no puede dejar de lado.

Teoría y práctica, propaganda y agitación, estrategia y táctica son aspectos inseparables. La espontaneidad puede ser el inicio de una lucha, pero por sí sola no construye un proyecto capaz de transformar la sociedad.

Es importante que el pueblo reconozca que sus luchas son justas. Pero es todavía más importante comprender que todas ellas tienen un mismo origen. Cuando entendemos que la explotación del trabajo, el despojo del territorio, la destrucción de la naturaleza, la violencia y muchas otras injusticias responden a un mismo sistema, también entendemos que su solución no puede ser aislada.

Todas las luchas apuntan, en el fondo, a un mismo problema: el capitalismo. Sólo transformando ese sistema podremos eliminar las condiciones que producen la explotación y la opresión.

¿Cómo avanzar en ese camino? Lenin proponía partir de los hechos concretos para descubrir sus causas profundas. Pensemos en la lucha de los familiares de personas desaparecidas. No basta con exigir justicia en cada caso o responsabilizar únicamente a un gobierno. Es necesario explicar que este problema forma parte de una realidad social creada por el propio capitalismo, donde la vida humana, el territorio y los recursos naturales se convierten en mercancías y fuentes de ganancia. Lo mismo ocurre con el despojo de comunidades, la destrucción ambiental, la privatización del agua o la explotación del trabajo. Comprender estas relaciones permite demostrar que los problemas no aparecen por separado, sino que forman parte de un mismo sistema económico, político y social.

Cada lucha debe ayudarnos a comprender el funcionamiento del capitalismo y la necesidad de transformarlo. En FRAGUA esa es nuestra tarea: aportar elementos para fortalecer la conciencia de clase, explicar las causas profundas de los problemas y demostrar que las luchas del pueblo son justas cuando buscan cambiar la realidad desde su raíz.

La vigencia del ¿Qué hacer? no está en repetir las palabras de Lenin, sino en aplicar su método para comprender nuestro tiempo. Hoy más que nunca necesitamos organización, estudiar la realidad, desarrollar teoría y construirnos como mejores agitadores y propagandistas, capaces de llevar las ideas revolucionarias a nuestro trabajo, escuela, colonia y comunidad. La conciencia de clase no surge por sí sola: se construye en la lucha organizada y en el trabajo político cotidiano.

Ese es también el compromiso de FRAGUA: ser una herramienta para la organización, la formación política y el fortalecimiento de las luchas del pueblo. Si queremos que la indignación deje de ser pasajera y se convierta en una fuerza capaz de transformar la sociedad, es momento de estudiar, organizarse y actuar. Solo un pueblo consciente, organizado y con claridad sobre sus objetivos podrá abrir el camino hacia una sociedad sin explotación, donde la riqueza que producen los trabajadores esté al servicio de quienes la crean.

Por eso, a ti que nos lees, te invitamos a escribir tus vivencias y denuncias en nuestro periódico, a asistir a nuestras brigadas de agitación, a movilizarte a nuestro lado, a ser parte de esta Organización de Lucha por la Emancipación Popular, un espacio donde cabemos todos quienes estamos hartos de este sistema injusto, de la violencia del capital, del despojo y la explotación.

Acércate a la OLEP y juntos forjemos el camino de la emancipación popular.

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