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La historia de la injusticia laboral

Juntas y Centros de Conciliación

Ahora que Luisa María Alcalde, antes Secretaria del Trabajo, pasó a ser Secretaria de Gobernación y Marath Bolaños el nuevo Secretario del Trabajo es importante hacer un balance de las políticas que se han impulsado en el actual sexenio en materia laboral.

Cómo da para mucha tinta hablemos de los Centros de Conciliación y Arbitraje impulsados por el nuevo gobierno para sustituir a las Juntas pero también veamos un poco del desarrollo histórico de las mismas para entender el papel que han jugado en la política nacional.

Retrocedamos poco más de un siglo, es 1917 y al fin se tiene una Constitución que está a la altura de la historia, o eso nos dice la historiografía oficial, ya saben, esa que nos remarca una y mil veces que nuestra Constitución de más de 100 años es de las más avanzadas del mundo.

Volvamos, es 1917 y las fuerzas populares de la revolución ya fueron derrotadas. El Partido Liberal Mexicano está disgregado, sus principales impulsores presos, muertos o en el exilio. Su influencia ideológica como la fuerza más avanzada de las clases oprimidas se mantenía, pero materialmente estaba derrotado.

El zapatismo y el villismo sufrieron grandes derrotas y después de 1915 las fuerzas Constitucionalistas y las fuerzas de Obregón tomaron la iniciativa en la guerra; Obregón puso a la Casa del Obrero Mundial en contra de las fuerzas zapatistas y villistas en una alianza espuria.

Para 1917 el congreso constituyente tenía obreros escribiendo la Carta Magna, pero guiados por la cabeza burguesa. La constitución del 1917 era un reflejo de las necesidades inmediatas del pueblo, pero sin el filo revolucionario. El artículo 123 recogía buena parte de las propuestas del programa del Partido Liberal Mexicano de 1905, pero le quitaba la necesidad de construir una sociedad distinta.

El artículo 123 también fue escrito bajo el ánimo de regular y conciliar los intereses de la producción capitalista, el llamado equilibrio entre el capital y el trabajo, entre la burguesía y el proletariado. Esto, evidentemente, es un sueño reaccionario de la pequeña burguesía y una forma de control por parte de la burguesía.

Esto se demostró en los hechos, cuando en 1926 Plutarco Elías Calles promulga el Reglamento de las Juntas Locales de Conciliación y Arbitraje con el único fin de ilegalizar las huelgas de los ferrocarrileros que tenían en jaque al gobierno federal. Así, las Juntas no fueron creadas para velar por los intereses populares; muy por el contrario, fueron una herramienta del Estado burgués para consolidar el dominio legal de su clase.

Un elemento importante que se introduce en las Juntas frente a otros tribunales más ligados a lo civil y que departían temas en materia de trabajo es la incorporación de los representantes de la patronal y de los trabajadores. En realidad esta fue una herramienta de doble sujeción por parte de la clase burguesa, pues la patronal siempre tuvo una representación ligada a sus intereses y la representación laboral sólo fue dejada a la parte institucionalizada y ligada a la burguesía.

Casi 100 años después, las Juntas pasaron a llamarse Centros de Conciliación y Registro Laboral, como en los tiempos de Luis N. Morones, trabajador e incluso fundador del Sindicato Mexicano de Electricistas quien pasara a ser un traidor a su clase. Uno de los principales atractivos del cambio de nombre es acabar con los conflictos laborales.

Luis N. Morones se vanagloriaba de la disminución de huelgas y huelguistas durante su periodo como secretario de Industria, Comercio y Trabajo, todo esto debido a que, por ejemplo, para 1927 sólo eran legales 16 huelgas con cerca de mil huelguistas… aunque en el sector ferrocarrilero estuvieran cerca de 15 obreros parando las máquinas.

Esta forma efectista de ver las cosas donde a menos huelgas más paz social es una tesis por demás reaccionaria y que, desafortunadamente, es la misma que enarboló Luisa María Alcalde y que da seguimiento Marath Bolaños.

La visión que tienen es que los pleitos no deben escalar a la demandas pues esto ocasionaría tensiones  entre burgueses y proletarios, todo debe resolverse en la conciliación y que sea rápido para todos.

Claro, en un país donde el que no trabaja no come, todos los trabajadores querrán resolver sus asuntos de cualquier modo siempre y cuando sea rápido. En este sentido, se estima que el 75% de los conflictos se resuelven durante la conciliación y de esos el 78% termina en menos de 25 días, es decir, en una o dos conciliaciones.

Sin embargo, en nuestra experiencia como organización, cuando el trabajador realmente busca una solución que lo beneficie y que corresponda a lo que la ley refiere la patronal prefiere no asistir a las conciliaciones y pagar la multa, pues saben que será más barato eso que darle al trabajador lo que le corresponde legalmente.

Entonces… ese 75% no es más que una muestra de cómo se subordinan los intereses de la clase trabajadora a las necesidades económicas del capital y a su poder político representado por las autoridades laborales, todo porque estamos atados por algo bien sencillo y terrible: esa tonta necesidad de comer y subsistir.

Al mismo tiempo, es necesario mencionar que gran parte de la Reforma Laboral de Morena en 2019 se realizó para estar en concordancia con los intereses imperialistas impuestos en el T-MEC donde los intereses de volver a industrializar a Estados Unidos y en menor medida Canadá los llevaron a plantear ciertos “apoyos” a la clase trabajadora, pero, más que nada, para que ya no fuera tan atractivo invertir en nuestro país y se volvieran a EUA. Al mismo tiempo, que los conflictos laborales sirvieran como una nueva bandera de “democracia y derechos humanos” y que bajo ese manto de “humanismo” se interviniera en las política interna de nuestro país. Para muestra ahí tenemos a los sindicatos y organizaciones que están recibiendo parte de los 150 millones de dólares destinados por los imperialistas cada año para “la defensa de los derechos laborales y la libertad sindical”.

Esto no significa que no debamos atenernos a lo mejor de la Reforma ni que debemos obviar la necesidad de luchar por las vías jurídicas en favor de nuestros derechos laborales, sino que entendamos que las leyes, antes y ahora, tienen un contenido de clase. Que las instituciones han sido creadas para sostener un régimen económico que no beneficia a la mayoría y que los sueños de paz social de los pequeños burgueses reaccionarios se construyen sobre las pesadillas de los trabajadores.

Es tiempo de organizarnos, es tiempo de quitarnos la cabeza burguesa del cuerpo proletario, no queremos más Luis N. Morones modernos, queremos derechos laborales y leyes que sirvan al pueblo, por eso debemos luchar no sólo por mejorar nuestras condiciones de vida sino por democracia popular y socialismo.

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