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Marxismo y feminismo

Aprendizajes de nuestro taller

La historia del origen de la opresión y degradación hacia la mujer es un tema complejo y multifacético que ha sido abordado por varios autores a lo largo de la historia. Como parte del taller “Marxismo y feminismo”, impartido en el marco de las actividades de la OLEP en la Universidad Autónoma Chapingo, hicimos una revisión histórica  del papel de las mujeres en las diferentes etapas históricas, que ahora sabemos que no ha sido igual en cada una de ellas, pues la realidad está en constante cambio y movimiento, que existe una raíz histórica de la cual se origina la degradación no sólo de las mujeres sino de una masa de gente desposeída en beneficio de unos pocos, que los roles de género a las que somos sometidas no han existido desde la “prehistoria” y que la lucha por la emancipación de las mujeres es la misma lucha por la emancipación del pueblo en general. 

En su obra “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado”, publicada en 1884, Engels explica, a partir de la teoría materialista y el método dialéctico, que el factor decisivo de la historia es la producción y reproducción de la vida inmediata, es decir, la forma en que a través de la historia se han ido resolviendo el alimento, vestimenta, vivienda, etc., y que en la medida en que avanza el desarrollo del trabajo, también se desarrolla y se complejiza el sistema familiar, y  no sólo eso, sino como la aparición de la propiedad privada y el surgimiento de las clases son la raíz de la opresión y degradación de la mujer.

Por lo anterior, en el taller se revisó el desarrollo del trabajo doméstico y el desarrollo de la familia a través de las diferentes etapas y estadios históricos: 

El comunismo primitivo se desarrolla entre los estadios históricos del salvajismo y la barbarie. En el inicio de esta etapa los hombres y mujeres eran nómadas, la alimentación era mayoritariamente vegetariana, se usaban herramientas básicas como el arco y flecha, no existía la noción de paternidad y no había instituciones familiares definidas, los grupos tribales compartían relaciones sexuales y el cuidado de los niños se manejaba de manera colectiva, el reconocimiento de los hijos era a través de la madre, a esto se le llamó “derecho materno”, por ello las mujeres gozaban de un gran estatus, existía una división sexual del trabajo, que consistió en que las mujeres al tener hijos se quedaban en el hogar para cuidar a la descendencia, pero eso no las excluía de otras actividades como la caza.

En la barbarie, comenzó la agricultura y la ganadería, la humanidad se vuelve sedentaria. Surge aquí la familia conocida como sindiásmica, las parejas son independientes y pueden disolverse. La responsabilidad de cuidar y criar a los hijos es de la comunidad completa pero cuando una pareja principal se disolvía, los bienes (refugio, ropa, etc.) pasaban a pertenecer a la gens de la mujer, sigue existiendo autoridad matriarcal. 

Con el desarrollo de las fuerzas productivas se empieza a tener excedentes en la producción social, un grupo de hombres y mujeres buscan apropiarse, asegurar y acumular la riqueza generada por todos y además querían asegurar que esta se heredada a sus hijos legítimos a través de la línea paterna, surge así la propiedad privada de los medios de producción, se impone el “derecho paterno”, se implementa la monogamia para las mujeres, pero no para los hombres. La imposición del derecho paterno mediante el derrocamiento del reconocimiento por derecho materno representa la gran derrota histórica no sólo para las mujeres sino para una masa de gente desposeída en beneficio de unos pocos.

Con el surgimiento de la propiedad privada, nacen las clases sociales y la familia como la conocemos hoy en día; así inicia la siguiente etapa histórica conocida como esclavismo, las clases sociales fundamentales eran los esclavistas y los esclavos. Aunque la degradación de la mujer ya estaba presente en esta etapa, existía una diferencia entre las mujeres esclavistas y las mujeres esclavas. El trabajo doméstico, el trabajo en el campo, era asumido por los esclavos, que incluía a mujeres, hombres y niños. En cambio, las mujeres esclavistas, si bien tenían la obligación de permanecer en casa, su tarea era a lo mucho coordinar las tareas de los esclavos en el hogar. Finalmente, el avance del grado de desarrollo del trabajo, las contradicciones entre las clases sociales esclavistas y esclavos, dio paso al fin de esta etapa histórica para dar paso al feudalismo.

En el feudalismo, las clases sociales fundamentales eran los señores feudales y los siervos. La economía feudal se basaba en la producción de los hogares y tierras alrededor de los feudos, trabajadas por los siervos y quienes tenían la obligación de proporcionar una parte de lo que cultivaban al señor feudal. El trabajo doméstico sufrió de varios cambios, las mujeres de clases dominantes seguían contando con mujeres y hombres para resolver las tareas domésticas de los castillos. En cambio, para las mujeres de la clase oprimida, el trabajo doméstico era asumido por ellas mismas, se dedicaban a la producción y teñido de telas, a la elaboración de ropa para su familia, hacían la mantequilla, el queso, el pan, las velas, el jabón, etc., participando en la producción social y gozando de un papel importante dentro de la familia.

Finalmente, el avance del grado de desarrollo del trabajo, las contradicciones entre las clases sociales siervos y los señores feudales, así como la revolución francesa en Europa y los movimientos de independencia en países de América, África y Asia, dieron paso al fin de esta etapa histórica para dar paso al capitalismo.

Con la llegada del capitalismo las relaciones sociales y económicas cambiaron radicalmente, pero la propiedad privada de los medios de producción y la familia monógama se mantuvieron, surgen dos clases sociales fundamentales: la burguesía y el proletariado. El desarrollo de las fuerzas productivas impulsó un desplazamiento tanto de hombres y mujeres de clase proletaria a trabajar en las grandes fábricas, pero el trabajo de la mujer proletaria no se valora de la misma manera que el trabajo masculino, se enfrenta a una mayor explotación laboral y salarial. El trabajo doméstico tuvo que ser asumido por las mujeres proletarias, ante esto se dice que la mujer se enfrenta a una triple opresión: oprimidas por la violencia en el hogar, en el trabajo por el patrón y oprimidas por el Estado que no brinda las condiciones materiales necesarias para el acceso a una vida digna.

Esta opresión y violencia se expresa de diferentes maneras y se extiende a todos los ámbitos de la vida social: en la calle, en el trabajo, en la escuela, incluso en la política, las mujeres son objeto de violencia física, sexual y psicológica. Sin embargo, las mujeres de la clase burguesa no viven de igual manera esta triple opresión, tienen la facilidad de contratar a alguien más para las tareas del hogar y tienen la posibilidad de acceder a la administración de empresas familiares y puestos de poder. La opresión de las mujeres proletarias es reforzada en nuestros días por la moralidad y los estereotipos de género. La visión patriarcal nos muestra como débiles, frágiles e incapaces de tomar decisiones racionales y autónomas, argumentando que todo siempre ha sido así, fomenta y justifica la subordinación y violencia hacia nosotras. Esta visión se refleja en los roles de género tradicionales y las expectativas sociales en cuanto al comportamiento y las habilidades de las mujeres y los hombres. La violencia hacia las mujeres está profundamente arraigada a las estructuras económicas y sociales de la sociedad capitalista. La subordinación de la mujer proletaria se perpetuó en la sociedad capitalista porque es vista como una fuerza de trabajo barata y una fuente de reproducción de la fuerza laboral.

En definitiva, el análisis de la violencia hacia la mujer propuesto por Engels y Marx y otras autoras y autores revisados en el taller “Marxismo y feminismo” es de gran relevancia para entender que la violencia hacia las mujeres tiene una raíz estructural e histórica: la aparición y acumulación de riquezas por parte de un grupo de hombres y mujeres que conllevó a la aparición de la propiedad privada,  que su superación implica la transformación radical de las relaciones sociales de producción, la desaparición de la propiedad privada y la construcción de una sociedad sin explotación de género, ni de clases, y que para lograrlo se requiere de la organización permanente tanto de hombres como mujeres que luchen por el socialismo y la emancipación del pueblo en general. 

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